Monday, December 31, 2007

We speak of only the most honest things. We gaze into each other blatantly

in a standard, standoffish fashion. Polite proxemics and sufficient physical distance, asking questions in a safe environment behind the counters. We catalogue important dates, making sure we keep our taxonomies straight. Poetry is to be read only out of dictionaries. Discipline is to be attained.
We do not have a heart of slate; it is only our habits that have made us grow.
Slowly we pulled an ocean between ourselves and everything we thought we needed: life insurance, traffic jams, café late. Recently we discovered ourselves on a peculiar kind of island, not rooted to the core of the earth. Weights had to be put beneath it—we chose circumstance, randomness, the whispering science of clattering plates and other household chores. When this wasn’t enough we also hung weights from our arms and legs. Anything would do really. Pots and pans, turnip and ginger wrapped up in ribbons and bits of tinsel, a bottle of vinegar here and there. But he got the cereal boxes and I got the gin, and we had to sit long hours at the tailor’s, sticking needles beneath our nails to numb the pain of discrepancy.

Friday, December 28, 2007

If I was truly listening the world would be unbearable.

Pay rent, or do what it takes to be independent, to do your own thing, find your voice, a private place of your own, where you shall be king, where you shall be queen, where you won't stand yourself, and will need to go out to cafes and shops, to cheer yourself up, and what else could you do, and how to afford this kind of luxury, but to slave away doing what you hate, but hey, all this was written in the contract beforehand
Y asi, con los bolsillos repletos de cachivaches
for we
are most artfully caged

Thursday, December 13, 2007

Tenía una cajita llena de palabras recortadas.

Era mi época dadaísta: tomaba un puñado de palabras recortadas y las extendía sobre una superficie oscura, y las miraba largo rato encontrando hiladas de palabras que me decían lo que yo no me atrevía a
decirme a mí misma. Era un poco como leer la suerte, sólo que sin magia. Sólo pura y simple honestidad conmigo misma. A veces hacía poemas también, pero no me gustaba que al volverlos a leer, días después, cuando los significados se multiplicaban.
Mi gato una vez encontró la caja y la tiró, hizo un desmadre. Me enojé, pero al mismo tiempo me encontraba tan deprimida que no hice nada. No recogí los papelitos ni la caja, y así se quedaron varias semanas, las palabras dispersándose por mi casa con los ires y venires de mi gato y yo.
A veces me pone un poco triste esto de vivir sola. Mi gato murió hace unos días, atropellado. Ya no tengo a quién regañar o por quién preocuparme o que simplemente esté allá dormido u olfateando no sé qué.
Pero lo que me pone más triste es encontrarme un papelito con una palabra en los lugares y momentos más insospechados.
Una tarjeta de presentación de quien fue mi mejor amigo hace muchos años, con un papelito que decía permanecer.
Al lado del cartón de leche, un papelito que decía receptáculo.
Adentro de mi bota: oriundo.
Bajo el lavabo: ajada.
Junto a la maceta: reseco.
En el cajón de la ropa interior: zozobra.
En el detergente: desaforada.
Donde van los tenedores: manos.
En el librero, al sacar las obras completas de Kafka: renuente.
Adentro de la guitarra: novicio.
En la charola del dvd player: enrevesado.
Bajo el cojín: titubeamos.
Tras el sillón: flagrante.
Junto al colchón: desbarata.
Al levantar el auricular: división.

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(*Nota al lector: siéntase en libertad de dar ejemplos similares en los comentarios de este post. Dejar incompleto este texto no es en absoluto una muestra de mi pereza creativa, sino una muestra de que este blog es, como todos los lugares civilizados hoy en día, una democracia.)

Wednesday, December 05, 2007

Té de michelada

Mi nuevo invento culinario. Mi única objeción contra el té en general era que no es salado. Uno llega a casa después de caminar en la llovizna ventisca y frío y obviamente quiere beber algo caliente. No quiere hacer sopa porque tiene hueva y no tiene hambre. No quiere té porque pues... es té. There is only so much tea you can drink. Y en un país obsesionado con el té puedo entender que me esté gustando más que nunca en la vida, pero ahorita no, ahorita uno quiere algo saladito, rico. Pues hace una michelada, pero en vez de echarle cheve le echa agua caliente.

Siento que todos mis posts últimamente se traten de comida. Deberé elevar mi mente a asuntos más filosóficos.

Saturday, December 01, 2007

No gracias, soy gratisívora

Lo siento, no sé si esta es mi época de ser radical y política o si siempre lo he sido pero nunca había encontrado las cosas en las que creo por escrito y en internet: http://www.freegan.info/

Es bonito, muy bonito, encontrar comunidades enteras de personas que piensan como tú. De lo mejor que hay en la vida, diría yo.

Tuesday, November 27, 2007

Poesía en español

Amigos, lectores, escritores... recomiéndenme poetas nuevos o seminuevos, de preferencia mexicanos, así para leer y electrificarse rico. Soy muy mala lectora, conozco poco. Extraño el español, estoy asombrada por la plasticidad del lenguaje, y para mi curso quiero traducir poquita poesía al inglés.

Ya sé que yo debería saber más de esas cosas pero podría usar la excusa de ... "oh, pero yo soy narradora"

El profesor que me tutorea es medio mexicano, es decir, nació en México, pero está muy desactualizado! En su biblioteca hay una antología de "New Mexican Poetry", editada por Octavio Paz, que nomás por las tapas te das cuenta de que se publicó antes de los 70s y que contiene la peor traducción posible de "Algo sobre la muerte del mayor Sabines", y, no sé, me da algo de desconfianza! Así que una vez más acudo a ustedes para encontrar mi salvación, Amén.

Saturday, November 24, 2007

Transl.intolerance

I can't stand people who translate 'mirada' as 'glance'.
A glance lasts less than an instant. A mirada evacuates us from time.

Thursday, November 22, 2007

Comida relativa o perteneciente a la basura

Vivir en un país tan caro me ha hecho reflexionar mucho más sobre asuntos de anti-consumismo y casi todo lo que hago se vuelve una cuestión ética. En Monterrey también era militante, pero de una manera mucho más relajada. Por ejemplo, me sentía incómoda manejando, traté de regalarle el carro a mi hermana y trataba de moverme en bici en el centro, pero aún así agarraba el carro para ir al súper, a la lavandería, algún evento nocturno, y la peor: para ir al gimnasio. (¿Así o más estúpido? Pagamos una cuota mensual exagerada, nos compramos el atuendo especializado y de marca, compramos y quemamos gasolina, gastamos 15 o 20 minutos (primero de ida y luego de vuelta) estresándonos por el tráfico y el estacionamiento, todo para hacer una hora de ejercicio en unas máquinas... ¿no nos hubiéramos ahorrado tiempo, dinero y estrés simplemente saliendo a caminar una hora?) Pero aquí no soñaría con manejar: sin contar el hecho de que no tengo carro, la gasolina es muy cara, el seguro lo es más, el ciclismo es ampliamente aceptado como medio de transporte y al final, es mucho más fácil no manejar y de paso decir: es antiecológico. En ese sentido me parece que aquí las cosas tienen el precio correcto: todo es carísimo PORQUE el consumismo es maligno. Así las cosas, es fácil no consumir.

Al principio fue un poco doloroso, pero gracias a que soy pobre he renunciado a muchas de esas cosas "de lujo" que además son malas para nuestro cuerpo y para el planeta.

En Monterrey mi dieta se basaba en avena, leche, fruta, verduras, cosas enlatadas, quesos, carnes frías y comidas congeladas, todo lo compraba en supermercados y a veces prefería el HEB que el Gigante o Soriana, usaba mucho el microondas y la licuadora, comía muchas cosas del seven y del oxxo, y comía en restaurantes 3 o más veces por semana.

En Glasgow mi dieta se basa en avena y pan y sopa que me robo del hostal donde trabajo, comida abandonada o regalada por los huéspedes, o comida que sobró de la cafetería donde trabaja Thom. Lo hice por ver qué pasaba: decidí no comprar comida en lo absoluto por dos semanas y sólo vivir de las sobras de otra gente. Pensé que iba a sufrir hambres y penurias, pero muchas veces tuve más comida de la que podía comer. Y al principio me sentía mal, como avergonzada de no tener dinero, pero luego pensé: ¿no es una arrogancia de mi parte, querer ser independiente y autosuficiente y no necesitar jamás pedir ayuda? Aceptar las sobras de alguien, ¿no es una valiente lección de humildad?

Mel trabaja en una granja y a veces le pagan en vegetales, y con eso nos hacemos unos festines veganos de lujo. ¿Mencioné que decidieron apagar su refrigerador para ahorrar energía? De manera que primero hay que consumir lo que se echa a perder, y las papas y zanahorias, todavía terrosas y guardadas en un lugar oscuro, pueden durar muchos meses.

A veces, cuando ando chiflada, compro verduras en la verdulería, o couscous o arroz o huevos o pan en el cooperativo, y se siente como un verdadero lujo. Nunca jamás voy a los supermercados grandes, principalmente porque me agobian con todas sus "ofertas" y productos tentadoramente listos para comer, pero también porque son grandes corporativos malignos. No compro leche, ni queso, ni carne, principalmente porque es caro, así que me estoy haciendo casi vegana sin querer.

Me gusta comer tanta cosa pre-basurero, pero también quiero explorar la comida post-basurero. Una práctica común entre los círculos jipis, izquierditas, ambientalistas, anarquistas y demás, y que no me he atrevido a explorar todavía, es ir a los basureros de los supermercados a rescatar comida que pasó su fecha de caducidad o que tiene algún desperfecto pero que todavía está buena. Como es de suponer, mucha comida se desperdicia en el primer mundo, y se vuelve absurdo trabajar como esclavo para luego comprar comida que podrías obtener de agratis si tan sólo tuvieras la humildad de meter la mano al basurero. Eso sin pensar todavía en el hambre mundial y la contaminación.

El otro día me chiflé y compré algo enlatado, y sabía asquerosamente a lata. Comí algo procesado, y sabía a químicos. Tomé un café en un café, y aparte de que no sabía tan especial, me sentí super fresa. Por algo es un cliché: entre menos tengo, menos necesito.

Carta a Santoclós

A cinco minutos de mi casa hay una tienda que se llama "Lupe Pintos Deli" donde se consigue de todo, desde mate hasta hojas para tamal pasando por el chorizo español y el queso manchego. Muchas latas de dudosas marcas tex-mex conteniendo mole, paté de berenjena, chipotle y otras muchas cosas interesantes de alrededor del mundo. Pero una bolsita con cinco chiles de árbol viene costando como 70 pesos, así que es ridículo; no sueño siquiera con comprar cosas ahí, y me contento comiendo cosas pertenecientes o relativas a la basura.

Se siente medio estúpido/ingenuo escribir esta lista, pero nunca se sabe, quizá alguien se siente muy generoso este fin de año y decide mandarme alguna cosa de México. En caso que alguien sintiese impulso semejante, aquí está una lista de mis cosas favoritas:

-Café Bola de Oro, de Veracruz. Aquí mucho café orgánico y fair trade y cuánta cosa, muy fifí, pero no he encontrado ningún café que sepa tan rico como el Bola de Oro.
-Café verde, sólo porque aquí no he visto y me quedé con ganas de probarlo.
-Chocolate Mi abuelita. Misma cosa.
-Salsa, de cualquiera, de la que les guste, botanera, roja, verde, de la viuda, del primo, del compadre, de su mamá, de la que sea.
-Mole, de preferencia de ese que en Monterrey venden en bolsa en los puestos de artesanías o en los mercados chiditos de más al sur venden a granel.
-Chile de árbol, y en general cualquier tipo de chile seco. Los jalapeños aquí son muy fáciles de conseguir.
-Carne seca.
-Un molcajete.
-Tortillas de maíz. Las de harina se consiguen en cualquier tiendita!
-Extraño mucho el queso panela y oaxaca, pero pues ya sé que eso está cabrón mandar.
-Huitlacoche.
-Piloncillo.
-Atuendos de manta con bordados, entre más colores mejor.
-Mejor todavía, ropa extraña de paca, de esas cosas que cuestan 10 pesos en los mercaditos y que nunca vas a ver nada igual en tu vida.
-Un morral de esos de quince pesos, blanco con colores y tirante super incómodo, o una bolsa de mandado de esas de cuadros de colores.
-Un poncho.
-Una cobija de esas de cuarenta pesos, de cuadritos.
-Cigarros. Casi no fumo ya porque aquí un paquete de Camels cuesta como 90 pesos. Pero qué rico sería un Delicado sin filtro tempranito una mañana de invierno!
-Tequila y/o mezcal. No tomo mucho, pero un traguito me quitaría el frío.
-En cuanto a dulces y eso, creo que los dulces de tamarindo que más me gustan son unos cuyo nombre se me olvida: esos que vienen en un popote rojo y que ponen en medio de la chamochela. (Claro que acompañados de una chamochela de indio son mejores, pero ya sé que no se puede tener todo.) Otros favoritos: mazapán, pulparindo, rollerindo, rollo de guayaba, pelucas.
-Aretes colgantes y de preferencia que hagan ruidito. Acá tienen un tabú muy extraño contra los aretes grandes.
-Té chai marca celestial seasonings. ya sé que no tiene nada de mexicano, pero aquí no he conseguido nada que lo sustituya.
-Todo buen bohemio en México pide Moleskins, yo pido una Jean Book Scribe de cuadro grande tamaño francesa.
-Oh, y ese juguete de madera que son cuadritos de colores y que cuando los levantas se va bajando un cuadrito... me expliqué?
-Cualquier curiosidad de hierbería, desde polvos de amor, jabón para atraer el dinero, una santa muerte de plástico, o cualquier santito o veladora de santito, o estampa de santito, especialmente si trae una oración bizarra al reverso, hasta manzanilla o canela a granel, que todas las hierbas aquí se venden de apoquito y carísimo.
-¿Se me olvida algo?, probablemente.
-Una foto de cualquiera de estas cosas también me haría muy feliz!

Si quieren mandarme algo por correo pero no se saben mi dirección pueden escribirme a juana.girasola@gmail.com, o también me pueden mandar alguna cosita con mis papás que vienen ahora en navidad.

A cambio les puedo escribir un texto o tocar una canción..

Wednesday, November 21, 2007

Truth is structured like a fiction:

As if to teach me a lesson, as if coersion, as if taking disciplinary measures, the microphone fell on my keyboard, breaking off the accent key, chingándose la tecla del acento, como para decirme:

Thou shalt renounce your own language.

Sunday, November 18, 2007

Voy a hacerme un cigarrito

acaso tengo tabaco
si no tengo de'onde saco
lo más cierto es que no pito

ay ay ay me querís
ay ay ay me querís
ay ay ay

voy a hacerme un cigarrito
con mi bolsa tabaquiera
lo fumo, boto la cola
y recójala el que quiera

ay ay ay me querís
ay ay ay me querís
ay ay ay

cuando amanezco con frío
prendo un cigarro de a vara
y me caliento la cara
con el cigarro encendido

ay ay ay me querís
ay ay ay me querís
ay ay ay


(Algún día cantaré esta canción en la calle para que me avienten monedas. Tocando el banjo, además.)

Friday, November 16, 2007

Slow tree strip tease

Intenté decirlo muy rápido muchas veces, pero cada vez me salía algo diferente:

snow trees tripped ease
stow sleaze ripped ease
show please slip cheese

Como los árboles, lentamente me voy deshojando. Lo que ocultaban los piadosos árboles, con su follaje piadoso y brillante, poco a poco se devela, excepto que no es un velo sino hojas. Lo que hay ahí no es nada particular, sólo corteza húmeda y algunas casas grises como de humo. Un ardilla, de pronto, en la superficie, corre a lo largo de una rama, hacia abajo, deja de impresionarnos. A diferencia de los árboles, lentamente me voy deshojando. Lo que ocultaban los piadosos árboles, con su follaje terroso y pillante, poco a poco se deshoja, excepto que no son hojas sino palabras. Lo que hay ahí no es nada particular, sólo pereza húmeda y algunas caras grises como de humo. Una idea, de pronto, en la superficie, corre a lo largo de una rama, hacia abajo, deja de impresionarnos.

Tuesday, November 13, 2007

This is your key, you're in room one one five,

Las señoras españolas me miran asombradas cuando digo: aquí tienes la llave, es la habitación uno quince. (Mi lengua se siente rara, no sabe bien cómo pronunciar, me sale un español cuatrapeado, chistoso.)

Muy bien dicho, me dice una de las señoras, excepto que se dice "çiento quinçe".

Es obvio que piensan que estoy aprendiendo a hablar español. Sonrío, ofuscada, herida en mi orgullo, apilando una tarjeta más en la pila de momentos de desconsuelo.

Que pasen buen día, les digo.

Sunday, November 04, 2007

Todos los días I imagine

cómo sería being married to you
financial hardship, porque there's always deudas, hipotecas
lips, naked shoulders
next day amanecemos
tú poniéndote los zapatos
yo haciendo café
tendríamos cats for kids
books for lovers y huajes to drink
I was never much for linen
pero lo era en el fondo.
Es el slag
del tiempo
I was to live
                 under.
I don't sé
qué me da más miedo:
conventions, routine,
falling head first,
all that I no pude,
giving up what hurts.
I've been despidiéndome of you
desde before we met
que entraste into the room
wearing my skirt
and I knew
you no eras all para tenerte
y yo would both siempre be going lejos away.

Thursday, November 01, 2007

Tu título en mi cajón

Van cuatro meses desde que me fui de ti, casa bonita, blanca, texturizada, de alfombra sucia, de un baúl que se sienta en medio del piso de la sala, de un sillón que me jodió la espalda a puro abrazo para mi fatiga, para los días que me la pasaba ahí sentada escribiendo, permitiendo al día iluminarse y apagarse sin moverme de ahí. Casa, tus puertas transparentes, tus rayones oxidados en el piso, tu mesita para dos, tu lámpara japonesa y tus cuatro julietas, una para la lámpara, una para el librero, una para la escalera, con su hoyo en la pared, y una llorando su larga cabellera desde el balcón. (A esa le puse "Rapunzel"; ese chiste a nadie pareció hacerle tanta gracia como a mí.) El azucarero que vivía encima del microondas que vivía encima del refri, al lado de la lámpara-bola de cerámica, ahí donde las pantuflas de Ernesto llegarían sonando despacio, siguiendo a su primera tos del día, y se meterían al baño portando a un Ernesto fantasmal, quizá su cuerpo etéreo estaría envuelto en una gran bufanda, y yo estaría disfrutando una soledad-en-compañía que siempre pensé imposible. Y después desayunaría (yo) en silencio mientras él fumaba un cigarro y bebía nescafé demasiado dulce -por algún motivo al principio bebíamos nescafé- y luego le hablaría al gato, que todavía no se llamaba Angus. Pero eso fue al principio porque después me dio por levantarme temprano todos los días, quizá si llovía decidía manejar, y dejaba atrás la lavandería con sus charcos y su desorden, el balcón con hamaca, el árbol. Y en la noche en mi cuarto mi aliento hacía un vapor blanco, y por debajo de la puerta entraba toda la tundra a la casa, y nunca hice el remedio casero contra esto, aunque Ernesto me dio todos los materiales, y había que meterme abajo de muchas cobijas y dormirme con los guantes puestos. En algún momento a Angus, que todavía no se llamaba Angus, le dio por dormirse a mis pies, pero aún así me compré una cama grande para enfatizar mi soledad. En efecto, la primera vez que fui a verte, el abogado me dijo: es mucha casa para usté sola, condenándome a siempre querer compartirte. Casa: 1908 te llamabas, el año del diluvio vivía aplanado entre tu pared y la de los vecinos del año de la revolución mexicana: el golpeador de mujeres, el señor de los cuatro perros, el bar clandestino. Te adorné con mis dibujos y sus fotos, cubrí tus paredes con mis libros, cociné leguminosas largas horas para que el vapor te calentara, pero no terminé de vivirte. En realidad, ¿cuántos metros cúbicos se pueden vivir al año? ¿Por qué no eres mía, tan barata que eras? ¿Por qué no intenté comprarte, con todo y tu mala instalación eléctrica y tu plomería chapucera? Entonces estaría aquí y no sería tan doloroso haberte dejado.

Thursday, October 25, 2007

Will you know me when you get there

El lunes tocaré en Rusholme. Ah, las dulces vueltas.

La última vez que estuve en Rusholme fue en verano del 2003. Los tres teníamos peinados desastrosos. Es posible que los haya ido a ver simplemente porque quería hacerles algo rico de desayunar. No vi la luz del día en Rusholme. Recuerdo el centro comercial/estación de autobuses. Llegó tarde como era su costumbre. Traía un suéter verde, sus jeans sin lavar, sus tenis fresas y su morral, que apodaba cariñosamente «utility pouch», y fuimos a comer a Subway, su favorito. Recuerdo que tomó Sprite, y se quejó de que acá el Sprite no es lo suficientemente dulce.

Una noche salimos los tres a cenar comida india. Yo quería probar todo, entre más raro mejor. Lala no se aventuraba para nada, lo cual me decepcionó, pero al mismo tiempo tenía sentido. Tengo impresión de haber subido los tres a un autobús. Había pop árabe y luces de neón en Rusholme. Borrachos vandalizando las cabinas telefónicas de BT. Niños malignos hablando de asesinar gallinas.

Jugamos Risk y yo perdí porque no me importa perder en los juegos. Por eso no sirvo. Comimos hamburguesas y usamos papel de baño en lugar de servilletas. Nunca entendí el acomodo de las calles. Tampoco fui a museos y esas mamadas. Sólo estuve en Rusholme. Recuerdo un terreno donde habían tumbado un edificio, y una pared con un anuncio pintado, muy tercermundísticamente. Era una agencia de viajes, probablemente un negocio de y para inmigrantes. Ahí era donde teníamos que dar vuelta para llegar a su casa, a una dirección que jamás recordaré, a donde envié incontables cartas diciendo quiénsabe qué sobre Madrid y la moda y el amor a lo película.

Emociones disparadas, disparatadas, disparates con tan poca causa y con tan poco propósito, rusheando en Rusholme. Ahora vivo con tan poco, y soy tan feliz. Qué dicha que el tiempo pase.

Sunday, October 21, 2007

Temo en verdad por mi salud mental

Hitherto I have always known que soy un poco pacheca. Que no me son necesarias las drogas para tripearme e irme a otro planeta, imaginando las cosas más bizarras. Pero siempre había estado muy alerta, muy consciente de mis viajes, muy capaz de agitar un poco la cabeza, tallarme un poco los ojos, y volver a centrarme en la realidad común y corriente. I thought nothing of it. No había tenido problemas con esto, y me parecía muy normal.

Pero siento que fácilmente podría quedarme en el avión un día de estos. Hay demasiadas cosas en qué tripearse: la textura del aire, la papilla de hojas, el girar de las calles, mi talón traccionando el pedal, el olor opresivo de las especies, los codos de las puertas -fire door, keep shut-. Los sonidos que se desparpajan, especialmente aquellos cuya procedencia sólo puedo imaginar. En general mi percepción está fucked up. Cada vez que abro la boca para hablar, sale de mí una Jénnifer en inglés, que no dice lo que quiero significar, aunque se asemeje, y que a falta de práctica y fluidez y precisión no puede profundizar ensayísticamente en los asuntos que tiene en mente. Terminamos las dos hablando en haikú, pensando braille y sintiendo en morse.

can I help
just go through the door, to your right and follow the signs to your room (diciendo "room" con acento glasgowense)
ta
I don't need this to be like this
estoy feliz
food
would you like to book that
text me and I'll say yes
bus number forty four or eleven
can I get
no worries
I have none
I need no one

Me da un poco de vergüenza con mis colegas y mis managers. No sé qué han de pensar de mí. Pero no puedo evitarlo, me salgo del carril no porque ande explorando, sino porque no tengo tanta fuerza para dirigirme con rectitud. A veces quiero preguntarles: ¿te parece que hago las cosas mal porque estoy loca? Pero me da miedo introducir esa idea en sus mentes. Si no les hago esa pregunta todavía estará la posibildiad de que jamás les haya parecido anormal mi comportamiento.

Y luego sólo está el río y el otoño y regresar a mi casa aventando las llaves y prendiendo la tele para no pensar.

TV, santos y Freud

Me siento aumentativamente incómoda (increasingly uncomfortable) con la idea de la "novela" como forma literaria. Creo -pero podría estar confundiendo todo- que la novela fue forjando su forma actual a medida que todas estas cosas fueron pasando:

a) con la revolución industrial nace una clase media ociosa que puede y quiere chutarse volúmenes enteros de Dickens porque no hay TV.

b) a Freud se le ocurren ideas revolucionarias acerca de cómo funciona la mente humana, y la clase media ociosa puede languidecer en un diván hablando* de los traumas de su infancia. cuando se le acaba su dinero en las facturas del psicoanalista, no queda más que escribir una novela.

c) con la reforma protestante se va muriendo la idea del intermediario entre dios y el hombre, i.e., el confesor. El hombre ahora está solo ante dios; dios puede ver directamente los pensamientos, ¿quién no se pondría paranoico con esta idea? CCTV in el cerebro! Por ende, los santos escriben largas confesiones, diseccionando las causaefectos de cada uno de sus pensamientos y tendencias pecaminosas/cómo superarlas, o quizá razonando que en el fondo son buenas personas porque quieren ser buenas personas.

TV, santos y Freud. La novela ofrece una realidad esculpida, un tejido bello, algo reconfortante -almost an opiate in its chemical composition- para leer antes de dormir. No sé qué tanto nos pueda decir esto sobre el escarpado y abismal paisaje del alma del hombre.

Entre mejor tejida esté la novela, más incómoda me siento. Creo que este fue uno de los problemas que tuve con Lolita, de Nabokov. Él mismo afirma, en el epílogo de la edición Anagrama, que la «literatura de ideas» es desdeñable y que lo que él (Nabokov) quiere es escribir por la mera experiencia estética. Y Lolita es una verdadera experiencia estética, por la manera tan lírica de tejer las palabras hasta hacerlas casi palpables, y su manera tan ensayística de darle un lugar a cada cosa, construyendo un sentido. Pero la idea que hay de fondo es una muy banal, y eso echa todo a perder. Hace que un best-seller y la "buena literatura" se diferencíen en grados más que en especie. Es una historia intrigante, contada con un lenguaje muy lírico y hermoso. Y su "moraleja" es simple y muy fácil de entender. ¿A quién no le va a gustar leer algo así? Lolita es como un buen tiramisú. Sus delicadas capas agradarán a las papillas gustativas más (occidentalmente) refinadas, pero su gran fracaso (el del tiramisú) es que se parece más a un budín de chocolate corriente que, digamos, a una pelota de golf.

No puedo quitarme de mis intenciones literarias la frase de Victor Hugo: "La literatura bella sólo puede nacer de las ideas bellas."

Claro que mi idea de lo que es una idea bella se aleja de la de Victor Hugo. Todavía creo en la bondad del hombre, pero ya no creo en su manera de contar historias. Para mí lo bello es lo fragmentario. Lo bello es algo cuyas relaciones causa-efecto están descoyunturadas, porque se sostiene por sí solo, de alguna manera.

Dios es Dios porque es Dios.
De la misma manera, lo bello es bello porque es bello.

Este es el gran elixir de la juventud: el asombro nunca ha de entumecerse.



*de ahí el neologismo "divagando"

Sunday, October 14, 2007

Nómbrame, ergo, exísteme

Ya no me gusta ir a librerías de viejo porque se me hace agua la boca y no puedo comprar nada. Tantas hojas amarillentas y tantos jugosos ácaros, dedicatorias interesantes, categorías insospechadas, y uno con la cartera vacía, esa cartera morada tan linda que Miri me regaló de navidad y que cargo más por apego sentimental que por que tenga algún uso.

La última vez que fui a la librería de viejo que está por mi casa, me fui directo al estante de teoría literaria, agarré un libro al azar y lo abrí en una página al azar. Era un ensayo de Ray Bradbury sobre la capacidad que tiene la música para expresar lo que las palabras no pueden. Era un ensayo muy barato y no muy brillantemente escrito, pero todo esto de caminar por Glasgow en otoño, con esa tensión de luminosas hojas secas apenas suspendidas de las ramas, y esa brisa mojada, y luego tener frío y meterte a una librería de viejo y encontrar en esa página al azar la transcripción casi exacta de lo que estabas pensando pero no podías expresar, todo eso es, inevitablemente, magia.

Y bueno, todo este rollo era para pedir su opinión sobre el nombre de mi nueva banda. Mi nueva banda es maravillosa: somos dos bajistas y nada más. A veces Thom canta estilo tuvano y yo toco el ukulele o el piano. Onda folk o anti-folk pero al mismo tiempo a quién le importan las categorías, lo importante es divertirse y usar tiempos raros y muchos acordes disminuídos. Les enseñaría el myspace pero no podemos tener un myspace hasta que tengamos un nombre. Hasta ahora esto es lo que se nos ha ocurrido:

-The Voiceless Fricatives
-Thom and Jane
-Anti Social Behaviour Orchestra
-Pope Bennedictine XVI and the Dictatorship of Relativism (mi favorito personalmente, pero al público no parece hacerle tanta gracia)
-Kelvin's Autumnal Massive

¿Ideas, alguien?

Sunday, October 07, 2007

Juana Girasola en la Caza de Letras

Amigos, desocupados lectores, enemigos, desconocidos y curiosos:

Os invito a visitar Caza de Letras, donde se han reabierto algunos de los blogs, incluyendo el de Juana Girasola, donde no sólo podrán leer quincenalmente una nueva aventura de este curioso personaje, sino que además podrán retarme a escribir lo que les plazca.

Un lector me preguntó cómo escogeré el reto a desarrollar: ¿será más fácil, aquel sobre el que más sé, con el que más empatía tengo, o el que más hondo me ha lastimado? Debo decir que la idea de que alguien pueda lastimarme con un reto me parece harto estimulante. Así que mi cuerpo literario aguarda paciente, pero preparado, el golpe de algún látigo que lo empuje más allá de sí.

Será interesante llevar a cabo esta faena, porque entre más horas paso en esta isla, más me voy desligando del español, más natural me parece escribir en inglés, y el bilingüismo me va cortando las palabras y estropeando la gramática como nunca antes.

Wednesday, October 03, 2007

El hambre es buena. // El hombre es bueno.

Nada como tomar un tren en la gran bretaña entre las 12 y las 3, cuando se tiene hambre y en la cartera sólo hay seis pesos, es decir, 30 peniques o £0.30, que literalmente no alcanzan para comprar un chicle para apaciguar las ganas de masticar algo, e ir escuchando la sinfonía de envolturas de celofán, porque así es como les gusta aquí la comida, envuelta en celofán, al parecer les da una sensación de frescura, el cris-cras de abrir un paquete de sándwich en cuya etiqueta dice "cortado a mano" o una ensalada de frutas -de esas que tienen gajitos de mandarina enlatada, la mejor porque no tiene esa molesta pielecita, y en cuya etiqueta dice: vale por dos de tus "cinco al día" porciones de frutas y verduras- es obviamente comparable a arrancar una manzana del árbol y darle una mordida, si estuviéramos en el idílico mundo de ayer, cuando la gente no comía todos esos horribles conservadores.

Nada como tomar el tren a esa hora, porque estarás a punto de darle una mordida a tu libro, cuando veas con el rabillo del ojo que en el asiento de al lado una madre rechoncha intenta que su hijito coma otra uva, de esas que ha empaquetado previamente en porciones individuales convenientes para realizar un viaje en tren, y el niño, aburrido, juega a las canicas con las uvas en el suelo, y la madre, muy consternada, hurga la gran bolsa de refrigerios que ha preparado para el viaje, porque cuando se es mamá hay que ser así de organizada, y ofrece un yogurt, un sándwich sin orillas, un paquete individual de nueces y frutas secas (mezcla tropical), una barrita energética, una bolsita de celofán con pretzels o una manzana cortada en cuadritos, y ante la indiferencia del niño decide comerse ella misma, muy preocupada, otra barrita energética después de terminarse sus palitos de queso, y no es posible cambiarse de lugar a donde no haya gente comiendo comida fresca y en algungos casos ¡horror! incluso unas papitas con sal y vinagre o un milky way. Así que te dedicarás a mirar por la ventana esas vacas y esas muy verdes praderas y por fin te darás cuenta por qué la leche sabe tan bien en este país, y te lamentarás porque en tu cartera no hay 62p, que serían suficientes para comprar 250ml de leche, pero no en el tren sino en la tiendita de la estación, porque en el tren todo tiene que costar ó 1 ó 2 ó 3 libras para conveniencia de todos, especialmente la gente que gana el salario mínimo de 107 pesos la hora a cambio de operar la caja registradora del vagón y no tiene tiempo de andar contando los peniques a la hora de dar el cambio.

Llegarás a buena hora a casa de tu tía, y descubrirás que el pasto en su jardín trasero está poblado de manzanas que se han caído de tan maduras, y todo el mundo ha estado tan ocupado que no ha tenido tiempo de recogerlas y echarlas al bote de basura, orgánica porque ahora según instrucciones del ayuntamiento, hay que reciclar. Y pensarás: podría robarme esas manzanas ahora, si las echo a mi mochila sin que se dé cuenta, porque si se da cuenta sabrá que no me alcanza ni para comprar manzanas, y se preocupará mucho. Pero no habrá tiempo de pensar en todas las recetas, dulces y saladas, que podrían incluir manzanas, porque ya será hora de ir a la bodega de congelados para comprar canapés para los invitados, y planear la logística para preparar y servir toda la comida, porque sólo hay un horno y dos mujeres. Más tarde, andarás entre los invitados con una charola, repartiendo mini-pizzas y empanadas de salchicha, y pasteles rosas y amarillos, y arroz indio y ensalada de coditos, y no sé qué otras cosas de las cuales ya te habrás encargado de tragar grandes cantidades, mientras las preparabas, furtivamente, porque no quieres que tu tía sepa que estás hambrienta, pero quién sabe cuándo vuelvas a tener una oportunidad como ésta para hartarte. Y luego, cuando se haya terminado la fiesta, habrá que recoger todas esas brochetas de camarón empanizado, medio mordidas, y todo ese postre que como no se veía tan bonito ya nadie quiso, y echar todo a la basura, ya no cuidando tanto el reciclaje porque estamos muy cansados, y a la mañana siguiente habrá que tomar el tren otra vez, agradecida porque lo harás a una hora que no es ni del desayuno ni de la comida, así que no habrá que ir todo el camino escuchando la sinfonía del celofán, pero llegarás a casa y te darás cuenta de que con tanta cosa olvidaste robarte las manzanas.

Thursday, September 20, 2007

Messages written in the sky

At times I would prefer to live in a city where there weren't over blown-up photographs of food everywhere you look.

Iván me contó un día que en no sé qué ciudad habían banneado toda la publicidad en exteriores. Qué delicia vivir así! Poder caminar en la calle sin tener que decirte a ti mismo: no leas la publicidad; mejor mira a las pesronas. Es desagradable tener hambre, no tener dinero, y andar por la calle leyendo letreros de cosas que se venden, particularmente comida suculenta y "barata".

Es chistoso el hambre-de-letras. Nacemos, crecemos un poco, y luego nos enseñan a leer. y desde que aprendemos el alfabeto es como si en cada lugar que vemos estuviéramos buscando mensajes que leer. Lo cual explicaría por qué nos ponemos a leer los ingredientes en la caja de cereal mientras desayunamos. Al menos a mí me pasa. Ahora entiendo mejor que nunca el arte del disco Hail to The Thief, de Radiohead.

Pero no quiero estarme quejando todo el tiempo. Han pasado cosas buenas y he conocido gente increíble. Empecé un trabajillo en un hostal que me permitirá estancias gratis en todos los hostales de la red, así que podré viajar bastante con poca lana, especialmente si ando de ride. La semana que entra cubriré unos turnos en un pueblo perdido cerca de un lago, gastos de transporte pagados. Esa semana también empieza mi largamente esperado curso.

People say to me: why on earth would you leave paradise sunny Mexico to come to grim rainy Scotland? And then there will be chit-chat and a couple of jokes about how "bad" the weather is. Everybody except a flushed cheeked girl I met a few days ago, who stormed into the room crazy eyes and messy hair, roaring about how perfect the weather was: clouds, wind and a splash of rain to give it an extra tang. I think she's right. This is not cold, it's invigorating. This is not miserable, it's fertile. This is not muddy, it's soft. If nothing else, this weather is certainly perfect for romanticism.

Hay una hora en que el sol está abajo de las nubes, y la luz es horizontal y cristalina, y los picos góticos, y los edificios quemados de carbón y de musgo, y los puentes y las subidas y bajadas; es difícil no sentir ganas de ponerse a llorar por cualquier cosa.

Uno de los problemas que estoy teniendo con escribir en este blog es que había acordado conmigo misma que estaría siempre en español, but English has been creeping into me, y es difícil no dejarlo fluir así como venga. Para no escribir más, me cito a mí misma:

Camino por la calle, audífonos apropiadamente insertados en mis oídos, y me da la impresión de estar caminando en una ciudad poblada de Jennifers. Jennifers porque se parecen mucho a mí, se visten igual, caminan igual, traen audífonos como yo, y tienen cara de apreciar y disfrutar exactamente las mismas cosas que yo disfruto. No son Jennifers desconocidos, o androides, o muertos transeuntes urbanos, sino Jennifers que me miran a los ojos, y me reconocen o me sonríen. Acá mucha gente te sonríe cuando vas caminando en la calle. Eso me conflictúa porque a) me hace sentir especial, porque para mi carácter egomaniaco pienso que me sonríen porque les parezco simpática, o bienvibrosa, o ve tú a saber qué, para de inmediato darme cuenta de que b) probablemente no es nada de eso, sino que es sólo la costumbre local sonreirle a los extraños, lo cual c) me reconforta, porque vivo en un lugar donde la gente es feliz, lo que casi garantiza que yo pueda serlo también porque d) cuando caminaba en Mty y la gente se me quedaba viendo como si fuera una extraterrestre o los automovilistas me mentaban la madre por andar en bici, nada de eso me impedía ser feliz, por lo tanto e) seguramente en Glasgow seré feliz, pero f) eso sólo es porque la gente de Glasgow pertenece a una raza que por siglos ha dominado y esclavizado a varios continentes y gracias a eso ha acumulado suficiente riqueza como para poder vivir tranquilos sonriendo en la calle como si no huibera nada malo en el mundo, lo cual significa obviamente que g) no soy más que una pusilánime que huyó del tercer mundo en lugar de tratar de arreglarlo.

Fin de la cita y fin del post. Alguien me pidió que escribiera sobre sentirse extranjero. Lo haré pronto y agradezco el reto/petición.

Monday, September 10, 2007

This is not a flytrap.

No era ninguna Venus. No se le acercaban ni las moscas. No era un túnel que ocultara tesoros misteriosos; ni siquiera era un bostezo. En realidad era sólo una boca muy mal aseada.

Pero tenía razón en evitar todo contacto con la gente, empezando por desviar la mirada hacia el suelo, y terminando por rechazar todas las amables invitaciones a cenar: tarde o temprano un contacto así sólo podría tener consecuencias devastadoras: corazón roto, SIDA, o ambos.

Wednesday, September 05, 2007

Darwinismo mercadológico?

Hoy en día la supervivencia y el éxito no se basan en el talento, ni en la sabiduría. En este podrido mundo sólo tiene éxito qien sabe mercadearse a sí mismo. Lo cual es afortunado para nosotros los poco talentosos :)

Monday, September 03, 2007

Esa noche dormí acunada en la huella de una llanta de tractor.

Esos que dicen estudiar ergonomía no saben nada. Tampoco los de la NASA, con sus colchones super avanzados que supuestamente se acoplan a tu cuerpo. Mi cadera y mi hombro nunca habían encontrado un nicho tan perfecto; un suelo irregular jamás se sintió tan cómodo. Ahora andaré por el mundo como el príncipe con la zapatilla, buscando la llanta perfecta que zurque el suelo de mi jardín.

Sunday, August 26, 2007

A veces se me olvida qué demonios estoy tratando de lograr con todo esto

1. Buscando raíces/intersecciones. Debo tener algo del Reino Unido en mis venas; toda mi vida he sido considerada, por mis compatriotas, como una extranjera; inglesa; nublada; flemática; yo nunca estuve segura de quién soy; cosa grave; desde hace años he querido volver a la isla. Siempre he querido encontrar las cosas que, como yo, son una intersección de ambos países. Ejemplos: el parque de Edward James, Ferrocarriles Mexicanos, pastes de rajas con elote, el desorden, la cortesía.

2. Explorando mercados. La diferencia entre los mercados editoriales anglófonos e hispanoamericanos es abismal. Lo que critiqué en el post anterior es la otra cara de una misma moneda: una economía muy movida en donde la gente consume libros y por ende un escritor puede ganarse la vida sin tener que depender de becas y premios del gobierno. En cuanto a música: donde la gente sí consume la música que me gusta, puedo hacer y vender la música que me gusta.

3. Aprendiendo a escribir. Aprovechar lo que este pedazo de mundo me puede enseñar sobre la escritura, que quién sabe si sea mejor que lo que conozco, pero estoy segura de que será muy diferente, y que extraeré justo lo que necesito.

4. Estando en un lugar donde la población en general (y no sólo una o dos personas aisladas) aprecie las mismas cosas que yo. Cosas muy importantes para mí son el amor a la naturaleza y el amor a la música. Qué mejor lugar que Escocia para las dos cosas.

5. Olvidando los momentos malos. El tamaño de mi salto fue igual al tamaño de mi tristeza.

6. Aprendiendo a no echar demasiadas raíces. Sé que tengo más tendencia sedentaria que nómada (algunos dicen que es parte de la condición «femenina» de querer anidar y todo eso), también sé que el nomadismo me hace mucho bien; me endurece.

7. Sentando las bases para después. Lo ideal sería hacer dinero en esterlinas para después hacerlo rendir en pesos, escribiendo en una hamaca en algún lugar paradisiaco de México.

8. Siguiendo impulsos. Soy una persona impulsiva y me gusta conservarme así, aunque implique cagazones financieras, corazones rotos y aventuras desmedidas. Si no, pues qué aburrido. Pude haber esperado al otro año y hacer esto con una beca y más ahorros, pero el principio del endeudamiento es uno bueno: no quiero esperar hasta después para tener lo que quiero tener ahora.

9. Inglés no aprendiendo, español olvidándoseme. Getting closer to poetic image and further from words.

Pero no puedo evitar sentirme un poco fresa; un poco una burguesita hastiada que decidió irse a Europa porque allá está la onda, en lugar de crear la onda en donde estoy; siempre ha sido ese el debate; y: ¿es mejor ser cola de león o cabeza de ratón? ¿tuerto en el país de los ciegos o miope en el país de los hipermétropes? ¿león ciego o ratón con astigmatismo? Y, ¿alguien entiende mis metáforas?, porque yo no.

Thursday, August 23, 2007

Make noise, not love.

Por dónde empiezo a explicar lo que este país me produce.

Va más allá del shock cultural. Es una especie de shock mercadotécnico.

En México me era bien fácil esquivar los absurdos modos del capitalismo. No consumir comidas procesadas, no consumir ropa de centro comercial, no consumir lo que las librerías quieren que consuma, ni lo que ninguna empresa, para el caso, quiere que consuma. En México, si quiero algo, no hay más que ir a un mercadito y conseguirlo usado, hechizo, o pirata. De este modo se puede sobrevivir gastando el mínimo, siendo cool y no integrándose al sistema.

Acá no sólo no hay piratería, sino que lo "anti-capitalista" ya constituye otro nicho de mercado. Las tácticas de mercado van dirigidas a todas esas personas que, como yo, queremos comida orgánica, mejores negociaciones entre primer y tercer mundo, buenos libros, buen café, objetos de segunda mano, y un estilo de vida sustentable. Cualquier afición que puedas tener ya está institucionalizada y ya te venden los ridículamente caros accesorios especializados. Hay muchas cosas que están mal en el hecho de que una camisa de mi edad cueste por lo menos 300 pesos. Ya ni en Zara.

Cómo no sentirme paralizada cuando navego en un mar de publicidad invasiva, emocionalmente chantajista, y, lo peor, dirigida a una población que lee demasiado.

Striving to fit in? Buy this. Striving to be different? Don't worry, we have a solution specially designed for you. We tailor to every single need. We even create new needs suit to every single product, so that you'll never feel quite so satisfied that you start getting over-anxious and depressed. This is why Britain is Europe's leading country in obesity levels as well as personal debt. We just keep the economy a-rollin' by keepin' ev'rybody a-spendin'!

A lo mejor eventualmente encuentro mi manera de integrarme o de esquivar el sistema sin que afecte mi bolsillo de manera trágica. A lo mejor algún día podré salir a la calle y no sentir la necesidad de entrenar a mis ojos para que no lean ningún cartel publicitario, y sentirme como que vivo en un mundo la-la donde todo está muy bien. Pero no creo que eso sea ni la mitad de fácil que era en México. El que en México sea tan fácil huevonear, ¿era el motivo de mi falta de compromiso político?

Wednesday, August 22, 2007

Quiero amigos punto com

Me avergüenza admitirlo, pero creo que pertenezco a la clase de personas que prefiere interactuar socialmente por medio de internet que en la vida real.

No sé a qué horas perdí todas esas habilidades sociales que me esforcé tanto en cultivar durante la pubertad.

Tengo que salir más a la calle.

Saturday, August 18, 2007

Hoy lamí mi piano.

Todavía no lo puedo hacer jalar, pero aquí está, oh, el precioso blanquinegro, en este glorioso día lluvia. (Ten cuidado, me digo, de no adoptar la costumbre local de quejarte cuando llueve.)

Thursday, August 16, 2007

AAAAAARRRRRGHHH!!!!!!!!!

Le voy a escribir una carta a Sor Sarto-Sarti, directora del Colegio Mexicano, diciéndole que si quiere que su secundaria sea realmente moderna, debe ofrecer un curso de electrónica básica para señoritas. Sería maravilloso que cualquier chica graduada de secundaria tuviera en verdad todos los conocimientos necesarios para mantener un hogar sin la ayuda de un marido.

El amante del método

Cada noche, enfundada en mi bolsa de dormir -mi capullo de poliéster rojo- pienso: si supiera lo que pasará después, si no tuviera frío; si tuviera una onza de cal por cada tonelada de arenosas historias, y en lugar de árboles contra viento siguiera escuchando maquinaria de taller y perros sarnosos, entonces sabría exactamente cómo mover las piezas.



Pero, oh, hay que andar sin saber lo que hacemos, intentando parecer que conocemos de antemano el resultado exacto. Hay que -lo dijo Huidobro- huir de nuestra lengua materna, del reino de lo conocido, hacia el reino de lo vagamente familiar pero que sorprende en cada esquina. Hay que haber pasado toda una vida odiando las plazas mexicanas: un rectángulo con jardineras bien recortadas y orillas pintaditas de blanco, con una catedral, quizá un kiosko en el centro, muchas bancas y viejitos y -no pueden faltar- puesteros; hay que haber pasado, como dije, una vida odiando esos lugares, como para querer encontrarle, como por instinto, la circunferencia a un parque británico, deliberadamente sinuoso, hecho no para darle vueltas, como un hámster amaestrado, sino para atravezarlo en el camino hacia otro lugar, disfrutando el paisaje simplemente.

Monday, August 13, 2007

El hombre del capullo y la espera eterna

Este cuento, publicado en 1999 en el periódico «Panorama» de la Prepa Tec, y ganador de una Mención Honorífica en el Concurso Nacional Nosécuantos para señoritos y señoritas de bachillerato, fue el primer cuento hecho y derecho que logré escupir de mi cuerpo. Le he hecho correcciones, claro está, a algunos de los errores más vergonzosos, pero en esencia el texto es el mismo. Obviamente me parece un pésimo cuento, sin redención posible. No por sus intenciones claramente moralizantes, sino por su sentido de la «narrativa perfecta», un término que acabo de acuñar y que después explicaré. No obstante, me sigue pareciendo un buen intento, para la poca edad y libros leídos, y tiene algunos elementos a los que me he mantenido fiel a través de los años. Si lo publico aquí es porque ¡oh! necesito pensar que sirvo, que puedo servir para esto de la literatura; que es más que un capricho, ¡es una vocación!
Y cosas así.
Lo estoy pasando un poco mal. Disculpad.

****

El hombre del capullo y la espera eterna
por Jénnifer Ádcock a sus 16 primaveras


No había por dónde escapar. El silencio después del beso abrió un hueco oscuro y húmedo entre ambos. Dolían los labios mancillados y los ojos blandos. La llovizna enredada en las pestañas se sentía como lágrimas pero nadie quería llorar. Las palmas de las manos dolían con el frío hasta el vientre y hasta el centro de los huesos. El viajero no sabía cómo no ser callado cuando se aprietan los dientes para no temblar.

*

Un día, un hombre ignorante iba caminando por un hermoso sendero, bajo un hermoso cielo, sintiéndose feliz e inteligente. Al pasar por donde había un viejo y sabio árbol, tropezó con sus raíces que salían maliciosamente del suelo, y cayó tan duro y le dolieron tanto las rodillas que no se quería levantar.

*

El niño jugaba con coches miniatura-ultraveloces y de colores fugaces en el vasto jardín. Las tardes le hacían sonreír. El pasto verde y húmedo era el mejor lugar para ver, recostado, el cielo jugar entre las ramas del viejo y sabio árbol. Le gustaba imaginar que las raíces de éste, enormes y añejas, eran espaldas de feroces criaturas, enredados dragones endemoniados, o pequeñas montañas, y saltar de una a otra como un gigante. No había reja que dividiera su jardín del sendero. Sólo estaba el árbol que marcaba el principio y el final, el horizonte de un nuevo al que iría un día, cuando creciera, lejos de todos y de todo, donde no hubiera quién le conociera y le dijera qué hacer. Donde no hubiera personas, y por ende tampoco mentiras.

Lejos de sentirse inaceptado o triste por jugar solo, vivía absorto, ausente, casi feliz en su mundo irreal. Nada es tan real como lo es el dolor y el invierno; y él no los conocía. Padre llegaba a casa a las seis en punto, justo una hora antes de la cena. A veces el niño escuchaba las discusiones, pero casi nunca ponía atención. Su mundo eran los coches, el árbol, el cielo y a veces, las burbujas de jabón, creadas con soplidos estratégicos.

El viejo y sabio árbol le miró crecer lleno de miedos. Miedo al invierno, a crecer. Un vaso se quebraba en la cocina, se escuchaban otros ruidos no identificables y cerrones de puertas (bombas que hacían a los coches volar por los aires). Madre se soltaba a llorar, o tal vez era la tele. Luego atardecía y ya era hora de cenar, ver las caricaturas, lavarse los dientes, repetir el padrenuestro, darle un beso a Madre y esperar con los ojos abiertos a la oscuridad que empezara otro día. Su única preocupación era la llegada del invierno, porque no le permitía salir a jugar. Nunca el miedo a la oscuridad. Nunca preguntar a Madre por qué los cerrones de puerta o por qué lloraba. Nunca el temor a que Padre, algún día, no llegara a las seis.

*

¿Cómo podía ella entender el silencio, si se sentía hasta en el aire lo apretado de su quijada? Amo el amor de los marineros, besan y se van, dejan una promesa no vuelven más. Sabía que él no quería el amor que anida y regala flores en cada aniversario. Que mutila, se asienta, envejece y mira crecer hijos, sumidos en contento tibio. Así son los viajeros. Para qué cortar el silencio con promesas, piensa. Decide levantarse, pero titubea. Él no dice nada.

*

Cuando finalmente pudo levantarse, el hombre ignorante trepó el estúpido árbol que le había hecho caer, y ya postrado en una de sus ramas, se tejió un enorme e impenetrable capullo, con hilos de algodón minuciosamente entrelazados. Así, si alguna vez volviese a caer, no le dolería, pues su capullo amortiguaría la horrible caída. Por supuesto, el capullo era sólo un estado temporal en el que se quedaría hasta encontrar a su mujer. El hombre ignorante se sintió aún más inteligente de lo que ya se creía que era.

El capullo estaba equipado con un innovador hilo que al ser tirado abriría el capullo por la mitad, permitiendo una fácil salida de éste; y tenía un hoyo especialmente diseñado para que su ojo derecho pudiese mirar a las sonrientes mujeres que pasaran por ahí. Cuando viera a una mujer con zapatos color verde menta, sabría inmediatamente que ella es a quien había estado esperando, y abriría su capullo y correría a su lado, ya sin miedo, pues ella no lo dejaría caer nunca más.

Y el hombre ignorante se sintió feliz de haber concebido un plan tan ingenioso.

*

El niño nunca se casaría, para qué. Las familias no sirven de nada, es mejor estar solo, pensaba una tarde mientras jugaba con sus coches.

Madre estaba llorando en la cocina y el niño quería jugo de uva. Hacía calor. Era agosto y todo estaba bien: faltaban largos (casi eternos para él) meses para el invierno. Eran ya pasadas las seis y media; Padre no había llegado. Madre le dio su jugo en un vaso de vidrio. El niño nunca había tomado en vasos de vidrio antes, eran demasiado peligrosos, sólo los grandes tomaban su jugo en vasos de vidrio. No obstante, después de beber el jugo y colocar el vaso cuidadosamente en el fregadero, el niño regresó a jugar con sus coches. No le dio ni si quiera curiosidad saber por qué Madre lloraba esa tarde. A la hora de cenar, Padre aún no había llegado. Al desayuno del día siguiente tampoco. Cena. Desayuno. Cena. Padre no llegaba. Nunca le preguntó y Madre nunca le dijo, pero la sentencia estaba entendida. Ahora él debía crecer y dejar sus coches.

Los días en la escuela eran aburridas y solitarias, subterráneas y eternas. El patio del recreo era árido; no apto para recostarse a mirar el cielo. Y los árboles de ahí eran jóvenes, escuálidos y débiles. Los otros niños le decían que era extraño. A quién le importa lo que digan ellos, pensaba, mientras miraba por la ventana, añorando las tardes felices que jamás regresarían.

*

Finalmente la abraza y la siente tan suya, tan su igual, que no necesita palabras. Las cosas más bellas son las que se quedan sin nombre, piensa. Pero ahora es ella quien aprieta la quijada y, con la mirada baja, finge ser indiferente, y busca un subterfugio imaginando figuras en el tronco del viejo y sabio árbol en el cual se hallan recargados.

*

Y a toda hora, el hombre en su capullo, colgando del viejo y sabio árbol, miraba el sendero sin perder la esperanza de encontrar a la mujer de los zapatos verdes. Permaneció de esta manera por treinta y dos años, siete meses y veinticuatro días... sus barbas largas y su larga cabellera iban rellendando los espacios alguna vez vacíos en su capullo de algodón. Al veinticincoavo día, la tan esperada mujer pasó con sus zapatos verde menta a un lado del árbol. El hombre, lleno de alegría, se dispuso a tirar del hilo que le permitiría salir, pero se encontró con que su cabellera y sus barbas ya eran blancas, como el algodón del capullo. El hombre buscó y buscó entre sus cabellos y su barba, pero todo intento fue inútil. Su mujer se alejaba del viejo y sabio árbol, por aquel hermoso sendero...

*

El árbol lo miraba crecer con rapidez. Los inviernos parecían perseguirle. El tiempo columpiarse, agarrando vuelo: invierno, verano, invierno. Después de tantos años en la escuela, el niño, ahora no-niño, no-adulto, decide a viajar a donde nadie lo conozca; huir de los inviernos fríos en su alcoba.

*

Ella se va aguzando los oídos, esperando que él diga algo que la haga quedarse. Él se queda sentado, ignorante, ignorado, y espera que vuelva. Espera pero no vuelve, espera pero. Largo rato largo se queda sentado esperando, largo. Largo como el camino que no termina, como el camino que siguió, triste y con miedo, cuando vio que no volvería.

*

Y el hombre ignorante, sentado en las ramas del viejo y sabio árbol, hurgaba entre los pliegues de su enorme e impenetrable capullo, calculando dónde empezaba la costura y cómo poderla deshacer.

Sunday, August 12, 2007

Nunca teclearás en mis huesos tus secretos

Cuando no estoy escuchando música, escucho a mi espejo mientras teclea. No me quito los audífonos por si acaso alguien quiere saludarme -detesto las conversaciones de oficina-, pero tecleo más lento y suave para escucharla. Le digo mi espejo porque está sentada justo enfrente de mí. Nos separa un panel gris, pero si fuera transparente, le echaría miradas furtivas por encima de nuestros monitores, tratando de adivinar quién es, cómo ha sido su vida, cuál es su color favorito.

Antes mi espejo me irritaba. Cuando iba a la máquina del café, me asomaba para ver quién era esta persona odiosa, siempre malhumorada, siempre tecleando duro, como si detestara cada palabra que transcribía. Sólo alcanzaba a verle la espalda encorvada, el cabello teñido de negro y enrollado en un nudo con desenfadado, cerca de un pequeño corazón rojo tatuado en la nuca. El reloj, demasiado grande para la muñeca frágil, antecede a una mano izquierda lánguida que mueve el ratón. Procuraba mirarla con pesadez, a ver si se daba cuenta de que debía contenerse un poco, teclear, por urbanidad, con mayor delicadeza. Pero nunca se daba cuenta y yo me veía obligado a regresar a mi lugar sin poderle decir nada.

Su condición de zurda la convierte en mi espejo: cuando yo muevo el ratón, ella mueve el ratón; nuestros ratones se acercan y se alejan, cliqueando reverencias como en un baile de la corte. No es odiosa como la imaginé al principio. Me di cuenta de eso el día que me la topé afuera de los baños. Ella salía y yo por entrar, me tiró una sonrisa desconcertante y amable. No fue una sonrisa coqueta, ni tampoco parecía ir dirigida a mí en lo particular, sino a la persona que arbitrariamente se cruzó en el camino de regreso a su cubículo. Fue la sonrisa de alguien que disfruta su vida a pesar de trabajar de capturista, haciendo dobles turnos varias veces por semana. Sus dedos menudos y blancos recogieron un mechón de cabello que se había salido de su lugar, y bajó la mirada como para no invadir mi espacio.

Cuando regresé a mi lugar, me puse a escucharla detenidamente. Ya no era una persona amargada que tecleaba como si quisiera matar cada tecla, sino una chica alegre, educada en un colegio de monjas, donde alguna maestra frígida y gritona la habría instruído en mecanografía. La imaginé en un aula mal iluminada, con cuarenta alumnas sentadas ante máquinas de escribir viejísimas, mecanografiando planas como esta:

FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ
FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ
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Por eso teclea tan duro, y por eso utiliza los diez dedos al escribir. Pero he notado que no utiliza tanto el Shift derecho, es decir, el meñique. Se lo habrá lastimado jugando basquetbol, o simplemente será el dedo más débil. Después de que sus manos abandonan el teclado para dar vuelta a la hoja, o para tomar un sorbo de agua, los dedos barren el teclado, haciendo un sonido suave y ágil, buscando su posición inicial. Los dos índices, posados como mariposas en la jota y la efe, no son tan delicados como parecen; están listos para el ataque.

Shift con el meñique izquierdo y una pequeña pausa indica que la mano se estira para alcanzar la letra que va en mayúscula, quizá una té o una erre, luego un montón de letras que no termino de identificar, luego se ha equivocado un poco, y ágilmente el dedo medio, derecho, que es el más largo de todos sus dedos, golpea Del tres o cuatro veces seguidas, corrige la palabra, espaciadora con el pulgar derecho. Y griega con el índice derecho, Shift izquierdo, mayúscula, palabra, espaciadora, palabra, tab, palabra, alt y y su anular izquierdo se estira hasta el dos para poner un arroba, sigue una palabra corta y el anular derecho se agacha para alcanzar el punto, ce, o, eme, eso sí lo reconozco cada vez, enter, enter.

El meñique izquierdo alcanza el tab para saltar a otro campo, seleccionar una palabra de la lista desplegable, tab otra vez y el anular derecho le pega triunfal y con más fuerza al enter; es un modo el botón de Guardar formulario y está lista para comenzar otro registro. Nuestros formularios son casi iguales, los he comparado, esperando a comenzar el mío cuando ella comenzara el suyo.

Shift: ojalá tocaras el lóbulo de mi oreja derecha mientras tu palma descansa en mi mejilla y la espaciadora en la comisura de mis labios. Entonces la efe recorre desde mi lagrimal hasta juntarse con el pulgar, y yo giraría un poco para besarte, una por una, la efe, la dé, la ese, la a.

Espejo: nunca escribirás en sucesión las letras eñe, ele, ka, jota, como tus dedos nunca tamborilearán mi rodilla izquierda.

Nunca teclearás en mis huesos tus secretos. Pero borra eso, es cursi, para qué imaginarlo. Dedo medio derecho, espejo de mis letras dé, e y ce, tú que eres el más largo de todos sus dedos, pégale a Del, una, dos, cuarentaidós veces, letra por letra para que se borre bien.

Saturday, August 11, 2007

Friday, August 10, 2007

Suéñame aquí para saber que no estoy allá

Llevo este diario de sueños desde hace más de siete años, y creo que tiene toda la materia prima necesaria para una obra maestra de ficción, si tan sólo le encontrara un orden apasible.

Soy una persona utilitaria: me parece un desperdicio ignorar mis sueños porque paso un tercio de mi vida dormida. Claro que para utilizar los sueños hay que aprender a tener sueños lúcidos, cosa que requiere mucha práctica.

Llevar un diario de sueños de manera consistente (cosa que no he hecho como he querido) es el primer paso para aprender a tener sueños lúcidos, es decir, tener la consciencia de que se está soñando y llevar el sueño en la dirección deseada. No me digo experta en este arte, pero sí he podido hacer algunas cosas, desde crear animales fantásticos y volar hasta escribir libros... de hecho todavía no termino de "transcribir" un libro que escribí en una sola noche. Cuando estaba en carrera solía soñar mis ensayos en lugar de pasar toda la noche sin dormir. Así me levantaba fresca a las seis de la mañana y sencillamente transcribía los párrafos que había soñado. Y siempre sacaba excelentes notas. Era muy práctico.

Los sueños son mágicos y sagrados; estoy convencida de ello. Le he puesto la etiqueta de alquimia a mis sueños preferidos. Siento que en ellos estoy creando algo de la nada de mi inconsciente. Todavía no termino de etiquetar todos los sueños (el diario empezó con tecnología atrasada*), pero quiero armar otra categoría llamada "bestiario", y cosas similares. Estoy segura de que hay un orden subyacente; en este diario se cuenta una historia. Nomás es de encontrarla. (Ajá, igual que en todos mis proyectos ese "nomás es de" es precisamente la parte difícil).

En los sueños obviamente me digo cosas que no me atrevo a decirme cuando estoy despierta; de ahí que este diario sea un intenso trabajo-autopsicoanalítico**. Pero mi vida soñada no es tan autista como pudiera parecer: también creo que cuando sueño puedo percibir las «vibras» de otra gente, conocida y desconocida. Dicho en términos aburridamente académicos, creo que mi imagen soñada de una persona X es una ventana más hacia la vida de X; en mi sueño veo lo que X no ve de sí mismo. Debe funcionar al revés también. Lo que yo hago en los sueños de otras personas debe ser un buen complemento a este diario, de modo que si aparezco en sus sueños alguna noche, no importa si es de manera ridícula, os ruego me lo hagan saber. Tal vez recogiendo los pedacitos de mí que aparecen en los Sueños, propios y ajenos, logre encontrarme a mí misma un día. (En esta época, todos lo sabemos, nuestras vidas se tratan en gran parte de encontrar nuestra propia identidad.)

Más aún, me gustaría, en algún futuro, armar el blog de comunidad de soñadores lúcides. Creo que las posiblidades son interminables. ¿Alguien interesade***?






*Ha migrado por libretas, geocities terriblemente mal construidos, y blogs noventeros de angelfire. Todavía no termino de migrarlo a Wordpress (faltan los años 2004 y 2005) y ni siquiera estoy segura de estar utilizando la mejor opción. Se agradecen consejos técnicos. También estoy considerando irme de blogspot a un lugar mejor. ¿Ideas?

**Algo que me gustó mucho de Nabokov, en Lolita, fue su desdén a Freud. Ojalá fuera yo más leída en el tema como para poder estarme burlando cuando digo "auto-psicoanlálisis".

***La "e" indefine género.

Monday, August 06, 2007

TV o la decadencia de los pueblos

Qué mejor manera de observar la decadencia de un pueblo que ver la televisión local. No estoy nada acostumbrada a ver la tele, y este fin de semana de shock televisivo auto-inducido tuvo consecuencias extrañas en mis sueños. Me gustaría haber tenido un poco de tele local mexicana más fresca en la memoria para poder hacer un mejor cuadro comparativo, pero bueno.

México: ¿cómo puede la audiencia soportar que el gobierno acapare casi la mitad del tiempo de los comerciales en radio y televisión? Este tipo de propaganda se vio ni en el bloque soviético, yo creo. Le pregunté a Domas si en Lituania había comerciales del gobierno. Claro que no, me contestó frunciendo el ceño, como si hubiera dicho yo alguna barbaridad: el gobierno nunca se promociona a sí mismo.

Finlandia: sólo hay 4 canales: dos en finlandés, dos en inglés con subtítulos en finlandés, lo cual explicaría por qué, a diferencia de otros países, casi la totalidad de la población habla inglés. Los canales en inglés son: a) las noticias de la bbc, y b) el discovery channel. En serio ¿qué país tiene el discovery en su tele local? Estos tipos no están en decadencia, muy al contrario, creo.

Lituania: alcanzo a ver una telenovela mexicana mal doblada al lituano: una sola actriz hace todas las personajes femeninas, y un solo actor hace los masculinos. Son muy monótonos, más que actores de doblaje parecen intérpretes de una sala de juicio. Abajo del doblaje se escuchan las voces sobreactuadas en español. Por eso tenemos fama de "apasionados". Y por eso se puede encontrar en el former-soviet-bloc algunas hijas llamadas María del Mar, y cosas así. Pero no está mal, para alguien que quiere ponerse a aprender lituano. Aparte de eso, un poco de series rusas noventeras, malísimas, en serio que no he visto peor televisión, hablado en ruso y con subtítulos en lituano. Me contó Domas que cuando los rusos tomaron el TV Tower en Vilnius, poco antes de que muriera la Unión Soviética, pasaban MTV gringo en la tele local - una táctica mañosa, pues siendo casi los noventas, y siendo que los jóvenes estaban hambrientos de rock and roll, pues nunca habían tenido nada parecido, todos estaban pegados a la tele cuando hacían interrupciones y los soldados rusos leían las noticias oficiales (a falta de reporteros). Me gustaría ponerme a documentar ese tipo de cosas.

Latvia: El MTV ruso es de lo peor que puede existir en el mundo de la música: ahora veo los videos del pop plasticoso genérico (que había venido escuchando en todos los lugares cerrados en el báltico, desde un taxi hasta un restaurant de alta categoría), y "divos" ñangos que hacen que Enrique Iglesias parezca atractivo, T.A.T.U. suene a música de calidad y que No Doubt suene gloriosamente a punk rock.

Mierda. No vi tele en Estonia. Pero me supongo que era más de lo mismo.

Escocia: Tantos programas de DIY y mejora del hogar significan que hay mucha gente con mucho dinero encerrada en su casa (por las lluvias) y sin nada que hacer. Tantos realities y shows de cocina que ya no sabes qué es la realidad. Pero me dio una nueva perspectiva sobre Caza de Letras: seguro en este país sería todo un éxito, porque acá les encanta ese tipo de concursos, desde quién es el mejor cocinero o el mejor superviviente supermodelo en una isla del caribe, hasta quién es el mejor diseñador de modas: Big Brother, en comparación, ha quedado muy atrás. Friends, lo pasan tanto que yo creo que es una temporada al mes, o algo así. Los comerciales: laxantes, seguro médico para mascotas, y programas de donaciones para que los niños en África no tengan que caminar media hora en el sol para traer agua. CSI, nunca había visto CSI y no puedo creer que alguien algún día lo haga, ni siquiera da para burlarse: los diálogos son tan falsos y explicativos, los métodos detectivescos terriblemente tontos. Las noticias, mucho énfasis en el reporte del tiempo, nubecita negra sobre Glasgow mientras el resto del Reino Unido tiene solecitos. Mucho se habla de los asuntos de África y de India, cosa que nunca vi en los pocos noticieros mexicanos que vi en mi vida. Las comedias locales escocesas tipo La Carabina de Ambrosio dejan entrever, aparte de un albur y un acento del cual entiendo la mitad, un machismo demasiado enraizado, que no esperaba encontrar acá.

Mantengo mi postura de siempre: la tele es maligna, no hay que verla ni a la hora de las noticias.

Saturday, August 04, 2007

Para no perderte,

toma la punta exterior del carrete del hilo que duerme dentro de ese hueco cuadrado que hay en tu nuca. Toma esa punta y amárrala al barandal de las escaleras de tu casa, y sé consciente del lugar que dejas, pero que sigue sujetándote de la nuca. Aunque no te sujeta en realidad, sólo te acaricia. Siente ese hilo tensarse detrás de ti, desembobinándose, desenrollándote. Si no quieres perderte, entre más lejos te vas menos de ti queda, hasta que eres sólo la otra punta. y en ese momento, en realidad, es fácil perderte de todas maneras. Porque la punta interior no va pegada al carrete, sino lo lame, como una diminuta, delgada lengua.

Friday, August 03, 2007

Saturday, July 28, 2007

Matorrales, árboles e insectos

El último día que estuve en Monterrey escribí hasta que se me cayeron los dedos, y luego, como tributo a «lo regiomontano» me puse a ver la novela, me tomé una coca-cola bien fría, y me comí un machacado con huevo y unas tortillas de harina. Luego agarré mi bici y pedaleé hasta el pie del Cerro de la Silla, donde me puse a aullar como loba hasta que un par de señores panzones se me acercaron. Me preguntaron si estaba perdida o si necesitaba ayuda, pero no porque les molestara el escándalo que hacía, sino porque traía una falda extraña y quizá demasiado corta. Les dije que únicamente me sentía extranjera, que nadaba contra corriente todos los días, que los camiones eran muy toscos y el aire muy sucio. Me dijeron que si no me gustaba podía ir a chingar a mi madre.

Los nuevos métodos del aeropuerto tienen un aire de holocausto. Hay que quitarse cinturones, abrigos, monedas y zapatos; pronto habrá que desnudarse por completo y ser rociado con raid matabichos. Pasando por el detector de metales pensé: ojalá que mis pulgas no los alarmen. Después de que me tocaron de pé a pa pensé: esto no está tan mal, este habrá sido el mayor contacto físico en mucho tiempo.

En el puerto bailé con un marinero barbón y borracho. I get seasick when I'm at land, me dijo. I get homesick when I'm at home, le contesté.

Cuando digo: en donde vivo, tengo que morderme la lengua y jurar que la próxima vez diré en el lugar de donde vengo, porque ya no vivo en ninguna parte.

El primer día que estuve en Glasgow me hirieron los árboles: mucho más chaparros que los de Finlandia; unos arbustos casi. Me hirieron los camiones, amables y puntuales pero 15 veces más caros. Me hirió el monocromatismo del río y los edificios, pero me reconfortó el asfalto parchado, la basura, y los viejos negocios abandonados: se reparan televisiones a color. Ni siquiera me aturdió que el tráfico estuviera al revés: me puse a caminar hasta que un señor bonachón se me acercó: are you lost, love? Me tomó del hombro y me ayudó a leer el mapa con un acento que apestaba a whisky.

Todo va a estar bien, lo presiento.

Qué bonita te ves, así tan verde,

tan semejante al caparazón de una tortuga, toda empacada y lista para salir. Lo sé, que a veces te odio, y cada mañana una sinfonía de cremalleras y broches de otras mochilas semejantes a ti me hace odiar mi maldita vida y levantarme pensando que moriré si no desempaco pronto de una vez por todas. Pero no sé qué haría sin ti, preciosa mochila mía, que me dejas guardar en ti toda mi vida, que tienes tantos listones ajustables, tantos compartimentos insospechados, que abrazas mis caderas con presteza, como un par de manos seductoras, único recordatorio de cuando podía bailar cumbias, no sin antes haber pasado la tarde entera maquillándome y pensando: cuando crezca no podré darme estos lujos.

Saturday, July 21, 2007

Piernas

Nunca podré tener las piernas que tienen las prostitutas de Riga, piernas que caminan sobre ta co nes y bajo minifaltas apretadas, que emborrachan a turistas para después cobrarle una cuenta que pagaría dos meses de renta, que usarán esa lana para ir a la universidad o mantener a sus hijos bastardos, que no le tienen miedo a nada. Nunca podré ser tan dura como ellas, pero tampoco tan blanda como para dejarme guiar en la pista de baile, o para quejarme y llorar histéricamente por todo.

Las marcas de los piquetes en las piernas ya casi se me borran: nunca podré convencer a nadie de lo terrible que se veían porque nunca les tomé una fotos. Y no puedo quejarme a gusto de mi dedo enchuecado porque no terminó de hincharse y ponerse azul, así que no se ve tan feo como se siente. Para colmo, aquí en el hostal hay una chava que no tiene una mano, así que ¿qué clase de ser humano sería yo si me quejara por un sólo dedo que ya no sirve para escribir y que no servirá tampoco para tocar el piano en quién sabe cuántas semanas o meses o años?

Más aún, ¿a dónde irá este blog si no me permito seguirme quejando? ¿No debería ser un blog siempre un espacio para la queja, para la protesta contra todo lo que está mal en el mundo? ¿Pero cómo puedo ponerme en contra del mundo si soy tan ignorante y nunca leo los periódicos ni veo las noticias por temor a contaminarme de la pseudo-realidad que inventan los medios? ¿Y cómo puedo quejarme o filosofar sobre el sexo y el amor, si ya aprendí que las cosas son extremadamente simples: o las personas están juntas o no lo están y punto? ¿Y cómo puedo hablar de mis viajes sin hacer metáforas o máximas (que tanto me gustan) que caigan en el cliché de comparar los aprendizajes de la vida con los aprendizajes del viajero?

Este blog atraviesa una crisis de identidad. Está peor que un país que a lo largo de la historia ha sido invadido continuamente por cuatro naciones, que ha pasado dos regímenes totalitarios y lleva únicamente 16 años en libertad, que habla tres o cuatro idiomas, y cuyo platillo nacional es tan desabrido como la crema para manos de mi abuelita.

Wednesday, July 18, 2007

Violando casi todas las prohibiciones anteriores,

contare un poco de mi viaje, mientras espero que los idiotas de CheapTickets me contesten la llamada por Skype para poder cancelar mi boleto de regreso a México.

El tiempo que pasé en Helsinki fue extremadamente maravilloso. Lo primero que hice al llegar a la ciudad fue checar mail y recibir la noticia de mi expulsión de Caza de Letras. Bla, bla, bla, triste, buscar un teléfono público para llamar a México porque no se que reportere que me quería entrevistar urgentemente, dar muchas vueltas porque en Finlandia ya no existen las tarjetas para teléfono público aunque sí existen los teléfonos públicos. Sentarme en el suelo de la estación de tren a esperar a que Gaby salga del festival metalero y que la gente me hable en finlandés. Pasar los siguientes dias mirando el sol, el atardecer de cuatro horas, la noche-crepúsculo, escribiendo a Raf, caminando en bosques, mirando lagos, visitando islas, leyendo poesía finlandesa. Estancia gratis en el depa del amigo ruso de Gaby.

Luego en barco a Tallinn, Estonia. Hacemos una corta parada ahí. La primera palabra estoniniana que aprendemos es: suletud, cerrado. Arquitectura medieval, pero me gustaría saber mucho mas de arquitectura para entenderlo todo. Turistas viejitos. Combinación entre San Miguel de Allende y Toledo. Autobús largo a Vilnius, Lituania. Dos dramamines y vino tinto para perder el conocimiento y dormirme todo el camino. Mala idea hacer eso cuando tienes que cruzar dos fronteras y enseñar tu pasaporte y convencer a los oficiales de que eres una buena persona.

Siete de la mañana y de pronto estamos en Vilnius sin saber hablar una sola palabra en lituano, y con necesidad de checar mail para averiguar si Domas, de couchsurfing, nos podrá hospedar. Primera palabra lituana aprendida: kavine, cafetería. Ya que no hay internet en las calles cercanas a la estacion de autobuses, opino que ante todo debemos tomar café, y luego dejar las mochilas y buscar internet. Entramos a un kavine y hay hombres entrando rapidamente para tomarse una cerveza en menos de un minuto antes de ir a trabajar. Un hombre muy borracho se me acerca y me dice cosas. Yo contesto, con cara muy enojada: no, niet! hasta que se va. Bebemos un café muy rico.

Eran ciertos los rumores, no es fácil encontrar internet (internetas) en Lituania. Domas vive con su exnovia y nueve hurones. Nos deja dormir en su sala, nos da llave de su depa, nos quedamos en Vilnius varios dias. Llueve. De Vilnius jich-jaiquiamos (hitchiking) a Kaunas, pero el segundo tipo que nos recoge decide que no debemos ir a Kaunas, sino que debemos ir a Klaipeda, que es mucho mejor, y nos aloja en su casa, y su mamá nos cocina deliciosa comida lituana, y nuestras panzas y cachetes crecen. Luego yo me aburro y me siento parásito (y mal tercio), asi que abandono a Gaby y me voy a Juodkrante, y a Nida, y a Kretinga, y a Siuliai, y a Joniskis, jichjaiquiando sin saber pronunciar los lugares a los que quiero llegar. Camino mucho tiempo sola por la carretera. Los campos de trigo. Los bosques. Escucho el soundtrack que Ernesto me empacó durante los ultimos minutos que pasamos juntos en casa. Llego al Monte de Cruces, y extraño a México, porque en México los cristos son mas sangrientos y la religión es mas dolorosa y retorcida como nudos y espinas y rizomas. Aquí todo es más... pues... excomunista. Cansada, pienso en acampar ahí mismo, pero descubro que no tengo agua, así que camino.

Decido que debo reconciliarme con mi catolicismo. Ya fui niña católica, ya fui rebelde anticatólica, ahora quiero ser nada.

En un hotel fresa, tomo el mejor baño de mi vida, y pido de cenar: sopa, te, agua, y jugo. (Deshidratada.)

Me paniqueo porque un trailero toma una desviación que no lleva al lugar acordado. Trata de explicarme, en estoniano, que es lo que pretende hacer, y yo trato de aparentar que no tengo miedo, y observo mi mapa con cara de saber lo que sucede. (Perdí mi brujula hace tiempo, y pensé que eso sí que era estar perdida, pero luego descubri que ya la tengo integrada, y casi siempre, si pongo atencion, siento una aguja que flota y gira lentamente para mostrarme hacia dónde está el norte).

Riga parece una ciudad harto interesante. Primer y tercer mundo a la vez, me parece muy familiar. La moneda vale igual que la libra esterlina (es decir, veinte pesos, cosa que no me esperaba, porque los eeks (que Gaby y yo pronunciamos "iik", como el inglEs de guácala) valen igual que el peso mexicano, y los lits valen cinco pesos). Internet kafes, por todas partes. Reconfortante. Aqui encuentro a Gaby y le platico todo, y me dice que hasta parece que me gusta hablar. Tiene sentido porque he estado en silencio mucho tiempo.

Ya me urgía blogguear

pero me estoy tratando de apretar el cinturón del blogguismo. Estoy pensando en imponerme las siguientes prohibiciones:
  • no escribir un diario de viajes,
  • no escribir artículos tipo national geographic,
y sobre todo,
  • no filosofar ni escribir cuentos ni poemas sobre el amor y/o el sexo.
Estas restricciones, junto con mis confusiones lingüísticas, largos ratos de silencio, y conversaciones repetitivas con desconocidos (de dónde vienes, a dónde vas, qué haces, cómo es tu país), han bajado mis niveles de producción literaria a bajo cero.

De todas maneras (espero) esto no es necesariamente malo, porque significa que me estoy llenando otra vez sólo para volver a empezar a desbordarme.

1. Para caer en el olvido,

primero que nada, es necesario que te encierres en la apuesta de que ganarás el juego de billar en un solo turno. Las posibilidades de ganar son una entre aproximadamente diez a la 23, pero lo apostarás de todas formas porque eres terco y, además, si lo logras, tu vida se arreglará mágicamente.

2. Mete la bola negra en el hoyo cuando sólo te quedaba la bola cuatro, morada, chicas. Con esto conseguirás el toque trágico que estabas buscando.

3. No utilices películas para llorar; en vez de eso, come hongos alucinógenos de Lituania. Se diferencían de los de México porque estos últimos conceden un estado de ánimo, digamos, gruvi, feliz, enamoradizo (aunque independiente de un objeto del afecto), mientras que los de Lituania sirven para el duelo. Mucha gente los come para llorar todas las lágrimas de una sola vez. Purgar la tristeza, y poder estar tranquilos cuando termine el viaje. Eso dicen.

4. Si no usas drogas, puede servir comer una sopa con demasiada pimienta.

5. Ten mucho cuidado de ir olvidando una cosa en cada lugar al que vas: el libro que traías para leer, el cargador de la laptop, uno que otro zapato, un santito que te trajiste de recuerdo desde Espinazo, una tarjeta de crédito.

6. Deja de contestar correos y escribir en tu blog.

7. Remójate como una esponja en varios idiomas desconocidos y luego exprímete hasta que te queden sólo las palabras indispensables para sobrevivir en cada país: cómo pedir un aventón al siguiente pueblo, cómo pedir té con leche, cómo pedir perdón, y cómo preguntar dónde está el internet.

8. Es necesario caminar hasta que las rodillas rechinen y los callos sean indistinguibles del pie. Además, hay que hacerlo cargando tu casa de campaña y la totalidad de tus pertenencias. (No debes cargar libros. Los nómadas no pueden hacerse de una biblioteca. Debes tirar tus libros a la basura cuando hayas terminado de leerlos.)

9. Cuando el sol haya pasado por encima de tu cabeza cincuenta y cinco veces, toma el sendero que se sale de la carretera, a tu izquierda. Aunque hay muchos senderos iguales, no será difícil reconocer el que buscas porque está claramente marcado en un letrero de madera estilo cuento de hadas. Dice:
El pozo del olvido
800 m.

10. Aquí viene la parte difícil: caer y no aventarse. Porque sabes que has llegado hasta ahí para caer en ese pozo del olvido, si lo haces a propósito, estarás aventándote y no cayéndote. Por eso es necesario olvidar el largo viaje que has hecho para llegar hasta ahí, y todos tus motivos. Practicar el budismo zen puede ayudar.

12. Luego de haberlo logrado, sólo camina distraídamente, admirando los árboles, el estanque, los nenúfares (no te sabrás la palabra, porque donde vives no existen, y habrás tenido que caminar muchísimo para verlos). Escucha el sonido de la carretera, del que no te has alejado mucho en realidad. Camina con tal éxtasis que ni siquiera te fijas por dónde vas. Tarde o temprano caerás en el olvido.

Friday, July 06, 2007

Me voy a Lituania.

Y ahí no sabemos si hay internet. ¿Recuerdan que era un gran misterio? El caso es que no sé si podré estar posteando regularmente. Se quedan con Raf un rato. Los extrañaré.

Wednesday, July 04, 2007

Raf

No pensé que volvería a comer, o siquiera a moverse por voluntad propia.
Todo empezó el 1 de julio de 1997, cuando decidí dejar de darle de comer en la boca. –No tengo tiempo de cuidarte –le dije, pero lo miré largo rato más.
Desde la primera vez que tuve a Raf en mis manos, hace ya muchos años, me cautivaron sus escamas, su piel verde y brillante, su pequeña cresta, su abdomen blando y helado, sus pequeñas garras. Su hocico sin dientes, pero filoso, bueno para zampar hojas. Su cola enroscándose en mi brazo cuando se me trepaba al hombro.
Una vez, hace mucho, me mordió el dedo. Lo hizo por malicia, no porque me confundiera con su comida, porque es vegetariano. Ese día Raf estuvo en desacuerdo con algo que hice. En ese entonces no quería aceptarlo, pero ahora sé que a Raf no le gusta que yo hable por teléfono. Siempre le tuvo odio al aparato. Cada vez que sonaba latiguear su cola contra las paredes de vidrio de su terrario, y sus pupilas se dilataban y contraían enloquecidas. Así, lleno de odio, estaba cuando me mordió el dedo, y con la cola latigueó mi cara y brazo como pudo. Tardé casi media hora en hacer que me soltara. Me sacó sangre. Ese día yo había llamado por teléfono muchas veces para arreglar cosas del trabajo, y después saqué a Raf del terrario, como lo hacía todas las noches, para tenerlo un rato en mi brazo. Raf se hizo el manso, y justo cuando estuve desprevenida, se prendió con fuerza de mi dedo. Cuando intentaba arrancarlo mordía más fuerte, contrayendo y dilatando las pupilas. Raf en verdad conoce la maldad y la venganza.
Pero todo eso fue antes del accidente.
Ahora era apenas un dejo de ser vivo. Con el índice y el pulgar, lo tomaba de los costados suavemente, como si sostuviera un huevo muy frágil. La cabeza, patas y cola de Raf colgaban lánguidos, vencidos por la apatía. En su hocico podía ver una mueca de tristeza. Su color era más pálido, casi transparente. Lo ponía boca arriba en mi escritorio, bajo la luz de la lámpara, para estudiarlo como nunca habría podido hacerlo cuando estaba sano, pues entonces era demasiado obstinado y orgulloso como para permitirme tal cosa. En su abdomen se podían distinguir algunos órganos a través de la piel. Se le infectó la herida en el ojo derecho, a pesar del cuidado que tuve en hacerle curaciones. Estoy casi segura de que el reptil ya no podía ver con ese ojo, que más que ojo parecía una cáscara negra, un pedazo de carne muerta. Y en su ojo izquierdo no estaría su pupila contrayéndose y dilatándose. Porque Raf ya no odiaba nada.
Yo lo examinaba sin emoción, con curiosidad clínica, pero poco a poco me fue causando disgusto verlo.
–No tengo tiempo de cuidarte –le repetí–. Tendrás que alimentarte solo esta vez.
Le dejé la papilla de alfalfa, cilantro y calabacita que le había preparado, como lo hacía todas las mañanas desde el accidente, porque Raf no podía o no quería masticar. Cuando volví del trabajo, lo encontré exactamente en la misma posición que antes. No había probado la papilla. Iba a dejarlo así e irme a dormir, pero todavía sentía algo de maternal ternura hacia Raf, así que lo alimenté en la boca. Sin embargo, esa fue la última vez que lo hice. Era el 1 de julio de 1997. Sé la fecha exacta porque fue el día después de que Inglaterra cedió su poder sobre Hong Kong. Vi en el noticiero lo triste que estaban los ingleses, el discurso heroico bajo la lluvia, la banda tocando el himno, la bandera británica siendo bajada del asta. Hombres en traje caminaban cabisbajos, y repetían: Este no es un día de tristeza, sino de regocijo. El viejo imperio cedía aún un territorio más, y China recobraba el poder. China, que pronto extendería su reinado sobre la tierra entera. Recuerdo que pensé: el último gobernador inglés de Hong Kong se ve casi tan triste como mi Raf. Me pregunto si a él también tendrán que alimentarlo en la boca cuando vuelva a casa. Lo alimentará Inglaterra, o su amada, o los enfermeros en una clínica, pensé. Y sentí asco de mí misma por mi condescendencia, por mi magnanimidad. Quién era yo para alimentar en la boca a Raf, o a cualquiera. Pensé en mis senos, en mi capacidad para producir leche, como una vaca, y dar de mamar a una criatura. Como Inglaterra, una amada, o una enfermera. Qué degradante sistema glandular; qué asqueroso este aparato reproductivo; como vacas somos todas las mamíferas.
Y Raf no es mamífero. Así que no volveré a darle de comer en la boca. Eso pensé.
Los días siguieron su curso. Porque los días no se detienen nunca, sin importar lo que pase. Yo iba y volvía del trabajo, y el terrario de Raf seguía en el rellano, en su mesilla, con su lámpara simuladora de rayos del sol, y su regulador de temperatura y humedad. Yo pasaba por ahí para ir del baño a mi cuarto, del cuarto a la cocina, de la escalera a mi cuarto. Raf me ignoraba. Lo que quedó de su papilla el 1 de julio se iba llenando de hongos. Su vasija de agua se secaba lentamente. –Mientras no te esfuerces yo tampoco lo haré –le repetía, pero no hacía caso–. Al menos cambia de posición, y rellenaré tu vasija de agua –pero nada. Raf seguía sin moverse.
A veces podía dejar de pensar en ello, y pasar por el rellano como si estuviera vacío, cumpliendo cabalmente con la rutina. Pero a veces, debo confesarlo, me volvía loca su indiferencia, y lo sacaba de su terrario para sacudirlo y gritarle –¡Reacciona! ¡Muévete, pedazo de animal inmundo! ¡¿Es que no te importa?! ¿Me dejarías matarte, sin rechistar? ¡Imbécil! ¿Así me pagas por todos los cuidados que te tuve?
Una vez, mientras sacudía a Raf, recordé vagamente a Laszlo. Hacía mucho que no pensaba en él. Recordé, como por accidente, las palabras que me repetía:
–¿Por qué, cómo puedes ser tan fría, tan insensible? ¿No ves que me lleva el carajo? ¡Y tú te quedas tan tranquila!
Yo sólo cerraba la puerta de la habitación. A veces Laszlo trataba de sacarme de ahí, atrayéndome con una artimaña bien planeada. Tocaba a la puerta de mi cuarto, y me mostraba una barra grande de chocolate amargo, ya quebrado en cuadros.
–Anda, toma un pedazo –me decía. La mayor parte veces, es verdad, no podía resistirme, y tomaba uno. Yo no era completamente como Raf. Sí había algunas cosas en el mundo que me hacían extender la mano.
Luego Laszlo me decía:
–Lo dejaré sobre la mesa de la cocina, por si quieres más–. Me conocía bien, el malvado. Salía yo de puntillas, en la madrugada, para hurtar otro trozo de chocolate sin ser vista, pero Laszlo, que siempre estaría al pendiente, salía a interceptarme. Sabía, me habían contado nuestros amigos, que él sólo me utilizaba, que jamás podría quererme mientras no me casara con él. Que Laszlo no quería una novia, ni una amante, sino una esposa.
–Y quiere una mujer buena, resistente, que pueda producir al menos cinco hijos. Y tiene el dinero para mantenerlos, y tenerla a ella cómoda. Es un buen hombre, la cuidaría bien–, decían. Pero a mí bien poco me importaba todo esto. La palabra «producir», es cierto, se quedaba vibrando en mi interior, causándome cierta aversión. Pero eso era todo. Sabía, siempre he sabido, que soy una mujer buena, resistente, capaz de producir una veintena de hijos si así lo quisiera. Pero no lo haría ni por dinero ni por chocolate, ni mucho menos por Laszlo.
Mientras sacudía a Raf, pensé en Laszlo tomándome de los costados, entre sus dedos de gigante, sacándome de mi terrario –es decir, de mi habitación– y pensé en mis extremidades lánguidas, dejadas caer por el fastidio. Recordé en la manera en que dejaba yo que Laszlo estudiara mi cuerpo. Él me ponía boca arriba bajo la luz de la lámpara para admirar mi piel, que deja entrever venas azules y verdes. Pensé en sus ojos, que se cerraban al momento de eyacular dentro de mí. Pensaba en su músculo cardiaco, que golpeaba mi pecho impasible: cómo caía rendido sobre mi cuerpo, para quedarse después dormido como un niño en los brazos de la madre.

*

Me surgió esta idea. No ocurrió de pronto, un día. Fue una idea que se fue encharcando hasta desbordarse, con el trepidar de las semanas y los meses, en alguna grieta de mi enturbiado pensamiento: Raf es mi apatía de entonces, y yo ahora soy el temperamento de Laszlo.
Raf era, por lo tanto, un recordatorio de mi terrible, parco pasado. No quería verlo más. No quería seguir teniendo pesadillas. ¿Por qué no moría? ¿Por qué no me atrevía yo a matarlo? Y entonces me di cuenta de que en Raf he depositado toda mi apatía. Si yo, por ventura, lo matara, la apatía volvería a mi cuerpo, y no podría volver a emocionarme, a asombrarme por el mundo. Y qué bien se sentía sentir; cuánto estaba disfrutando disfrutar. No había que hacer nada para mantener a Raf vivo. Igual que mi apatía: vivía perpetuamente. No necesitaba que le diera de comer en la boca. La simbiosis entre Raf y ese rasgo nada deseable de mí misma debió ocurrir en el momento del accidente, cuando el gato dejó a Raf medio muerto en mi almohada, como un trofeo. Le arañó el ojo derecho, le dejó heridas por todas partes, y le arrancó la preciosa cola. Nunca encontré el pedazo faltante.
Estoy convencida de que gracias a este estado moribundo en que el gato dejó a Raf, yo había empezado a tener éxito en todos los aspectos de mi vida. Tenía muchos amigos, un puesto directivo, y un peinado de diseñador. Tenía un amante apuesto y viril, como sacado de un comercial de perfumes. Me daba gusto caminar por las calles, viéndome reflejada en los escaparates, vestida con mucho estilo. Abrigo de buen corte, traje sastre, guantes, alguna boina, grandes lentes de sol, las compras me hacían casi tan feliz como lo hacían las cenas de trabajo en lujosos restaurantes, los estratagemas corporativos, y las horas extras invertidas en mi oficina decorada al estilo contemporáneo. Vivía perfectamente feliz, muy a pesar de la duermevela en que pasaba mis noches, atormentada por la sensación de las escamas de Raf sobre mi piel, por su cola que debería latiguear como antes, y por la cáscara negra que tenía por ojo. Las pocas veces que lograga dormir, soñaba a un Raf gigantesco, que a veces me tragaba para hacerme vivir dentro de su oscuro abdomen, y otras sólo me mantenía clavada en el suelo con sus garras, paralizándome.
Resolví que quizá dormiría más tranquila si ocultaba a Raf en algún lugar, para ya no tener que verlo cada vez que pasara por el rellano. Además, de este modo, podría por fin traer a mi amante a casa sin tener que explicarle mi secreto. Así que cubrí el terrario con un manto grueso, y lo coloqué en el cuarto de las visitas. Cerré con llave; absurdamente, me sentía más segura así.
No fui a verlo en casi un mes, disfrutando cada segundo de mi perfecta vida. La culpa, encerrada tras la puerta, no podía alcanzarme. Pero pronto me di cuenta de que a mi ojo derecho le había empezado a dar pereza ver. Cerraba el ojo izquierdo, manteniendo el derecho abierto. Luego cerraba el derecho y abría el izquierdo. Y así otra vez. La diferencia era notable: la apatía comenzaba a crecer como un cáncer en mi ojo derecho, y temí que se hiciera una cáscara como la de Raf. Así que fui al cuarto de visitas, y levanté el grueso manto que cubría el terrario, para ver si la cáscara negra que tenía por ojo se parecía en algo a mi ojo perezoso. Ahí estaba Raf, respirando, casi inmóvil. Lo observé largo rato.
A partir de entonces, lo visité una vez por semana. Me fue pareciendo una criatura hermosamente triste. Dejé de odiarlo. Era, incluso, fácil no odiarlo. Me llenaba de piedad. Algunas veces le rociaba agua en la cabeza, y él sacaba un poco la lengua para mojarse en las gotas que quedaban cerca de su hocico. Pero nunca mejoraba su estado de ánimo. Yo volvía a cubrirlo con el manto y seguía con mi vida.

*

Raf se recuperó milagrosamente el 1 de julio de 2002. Iba a celebrar con él el quinto aniversario de nuestra vida perfecta con agua para él y champaña para mí. Entré a su cuarto y levanté el manto. El verde brillante me golpeó la vista: Raf se movió con una agilidad que nunca le había visto antes, por el pedazo de madera en el terrario. Su boca, nuevamente maligna, casi sonreía. Ya no tenía la mirada perdida en el ojo derecho, ni esa cáscara en el izquierdo. Maquinalmente, le traje alfalfa y cilantro, y unos trozos de calabacita. Raf estaba fuerte, y masticaba con gusto. Le di de beber. Su lengua ávida salía y entraba recogiendo el agua, se diría la de un perro. La cola latigueaba. Le había crecido mucho desde la última vez que lo vine a visitar. Su piel era más bella que antes. Tenía más colores, y figuras más bellas y complicadas dibujadas por la perfecta alineación de las lustrosas escamas. Por un momento me resistí. Quería que Raf siguiera moribundo, aletargado. Pero sus ojos, sus pupilas enloquecidas, me subyugaron.
Era inevitable: días después perdí mi trabajo, cayó la bolsa, los intereses se dispararon, mi fortuna se redujo a una miseria, embargaron todas mis pertenencias para pagar las deudas de las tarjetas de crédito. Mi amante, enfurecido por mi estado de ánimo, quemó la casa y se fue con otra. Después del incendio, sólo me quedó lo que traía puesto, y salí en busca de un lugar barato donde vivir, cargando con Raf dentro de su terrario, brillante bajo la lámpara simuladora de rayos de sol, latigueando su hermosa y colorida cola.