Una vez en Kleve, Alemania, encontré un laberinto de girasoles. Tremendos y gigantes. Muy pocos con cierta plaga benévola. Kleve está a la vuelta de la frontera con Holanda. Luego compraría pescado en esos Fischermarket tan comunes. Había robado una flor, y a la luz de un prado en Kleve, el pescado lo sazoné con girasol y pimienta. Había puré. Había cerveza. Y de noche, de la nevera, saqué otra cerveza.
Invítame a tu casita. Yo te leo poemas malos y así todos contentos. Los girasoles sólo me recuerdan una cosa. No la diré. Besos, amiga.
ReplyDeleteque bonito esta! tendré que concharme tarde o temprano
ReplyDeleteUna vez en Kleve, Alemania, encontré un laberinto de girasoles. Tremendos y gigantes. Muy pocos con cierta plaga benévola. Kleve está a la vuelta de la frontera con Holanda. Luego compraría pescado en esos Fischermarket tan comunes. Había robado una flor, y a la luz de un prado en Kleve, el pescado lo sazoné con girasol y pimienta. Había puré. Había cerveza. Y de noche, de la nevera, saqué otra cerveza.
ReplyDelete@óscar
ReplyDeletesiempre invitado, especialmente si lees esos poemas :)
@daniela
jeje, cuando quieras! pero ya no estoy en el báltico :(
@soy13
wow, suena alucinante