Thursday, August 16, 2007

El amante del método

Cada noche, enfundada en mi bolsa de dormir -mi capullo de poliéster rojo- pienso: si supiera lo que pasará después, si no tuviera frío; si tuviera una onza de cal por cada tonelada de arenosas historias, y en lugar de árboles contra viento siguiera escuchando maquinaria de taller y perros sarnosos, entonces sabría exactamente cómo mover las piezas.



Pero, oh, hay que andar sin saber lo que hacemos, intentando parecer que conocemos de antemano el resultado exacto. Hay que -lo dijo Huidobro- huir de nuestra lengua materna, del reino de lo conocido, hacia el reino de lo vagamente familiar pero que sorprende en cada esquina. Hay que haber pasado toda una vida odiando las plazas mexicanas: un rectángulo con jardineras bien recortadas y orillas pintaditas de blanco, con una catedral, quizá un kiosko en el centro, muchas bancas y viejitos y -no pueden faltar- puesteros; hay que haber pasado, como dije, una vida odiando esos lugares, como para querer encontrarle, como por instinto, la circunferencia a un parque británico, deliberadamente sinuoso, hecho no para darle vueltas, como un hámster amaestrado, sino para atravezarlo en el camino hacia otro lugar, disfrutando el paisaje simplemente.

1 comment:

  1. me gusta mas el paisaje circular y verdoso en donde ahora vives!
    quizá porque soy una contreras, quizá porque es justo donde no me encuentro; soy una incoforme. porque me gusta poder caminar y andar en bici a gusto como medio de trasporte, el concreto me tiene un poco arta.. quien sabe

    el caso es que eso de dejar el seno materno me hace taaaaaanta falta!
    ja

    saludos amiga!

    ReplyDelete

Yes! Please let me know your thoughts!