El lunes tocaré en Rusholme. Ah, las dulces vueltas.
La última vez que estuve en Rusholme fue en verano del 2003. Los tres teníamos peinados desastrosos. Es posible que los haya ido a ver simplemente porque quería hacerles algo rico de desayunar. No vi la luz del día en Rusholme. Recuerdo el centro comercial/estación de autobuses. Llegó tarde como era su costumbre. Traía un suéter verde, sus jeans sin lavar, sus tenis fresas y su morral, que apodaba cariñosamente «utility pouch», y fuimos a comer a Subway, su favorito. Recuerdo que tomó Sprite, y se quejó de que acá el Sprite no es lo suficientemente dulce.
Una noche salimos los tres a cenar comida india. Yo quería probar todo, entre más raro mejor. Lala no se aventuraba para nada, lo cual me decepcionó, pero al mismo tiempo tenía sentido. Tengo impresión de haber subido los tres a un autobús. Había pop árabe y luces de neón en Rusholme. Borrachos vandalizando las cabinas telefónicas de BT. Niños malignos hablando de asesinar gallinas.
Jugamos Risk y yo perdí porque no me importa perder en los juegos. Por eso no sirvo. Comimos hamburguesas y usamos papel de baño en lugar de servilletas. Nunca entendí el acomodo de las calles. Tampoco fui a museos y esas mamadas. Sólo estuve en Rusholme. Recuerdo un terreno donde habían tumbado un edificio, y una pared con un anuncio pintado, muy tercermundísticamente. Era una agencia de viajes, probablemente un negocio de y para inmigrantes. Ahí era donde teníamos que dar vuelta para llegar a su casa, a una dirección que jamás recordaré, a donde envié incontables cartas diciendo quiénsabe qué sobre Madrid y la moda y el amor a lo película.
Emociones disparadas, disparatadas, disparates con tan poca causa y con tan poco propósito, rusheando en Rusholme. Ahora vivo con tan poco, y soy tan feliz. Qué dicha que el tiempo pase.
Thursday, October 25, 2007
Sunday, October 21, 2007
Temo en verdad por mi salud mental
Hitherto I have always known que soy un poco pacheca. Que no me son necesarias las drogas para tripearme e irme a otro planeta, imaginando las cosas más bizarras. Pero siempre había estado muy alerta, muy consciente de mis viajes, muy capaz de agitar un poco la cabeza, tallarme un poco los ojos, y volver a centrarme en la realidad común y corriente. I thought nothing of it. No había tenido problemas con esto, y me parecía muy normal.
Pero siento que fácilmente podría quedarme en el avión un día de estos. Hay demasiadas cosas en qué tripearse: la textura del aire, la papilla de hojas, el girar de las calles, mi talón traccionando el pedal, el olor opresivo de las especies, los codos de las puertas -fire door, keep shut-. Los sonidos que se desparpajan, especialmente aquellos cuya procedencia sólo puedo imaginar. En general mi percepción está fucked up. Cada vez que abro la boca para hablar, sale de mí una Jénnifer en inglés, que no dice lo que quiero significar, aunque se asemeje, y que a falta de práctica y fluidez y precisión no puede profundizar ensayísticamente en los asuntos que tiene en mente. Terminamos las dos hablando en haikú, pensando braille y sintiendo en morse.
can I help
just go through the door, to your right and follow the signs to your room (diciendo "room" con acento glasgowense)
ta
I don't need this to be like this
estoy feliz
food
would you like to book that
text me and I'll say yes
bus number forty four or eleven
can I get
no worries
I have none
I need no one
Me da un poco de vergüenza con mis colegas y mis managers. No sé qué han de pensar de mí. Pero no puedo evitarlo, me salgo del carril no porque ande explorando, sino porque no tengo tanta fuerza para dirigirme con rectitud. A veces quiero preguntarles: ¿te parece que hago las cosas mal porque estoy loca? Pero me da miedo introducir esa idea en sus mentes. Si no les hago esa pregunta todavía estará la posibildiad de que jamás les haya parecido anormal mi comportamiento.
Y luego sólo está el río y el otoño y regresar a mi casa aventando las llaves y prendiendo la tele para no pensar.
Pero siento que fácilmente podría quedarme en el avión un día de estos. Hay demasiadas cosas en qué tripearse: la textura del aire, la papilla de hojas, el girar de las calles, mi talón traccionando el pedal, el olor opresivo de las especies, los codos de las puertas -fire door, keep shut-. Los sonidos que se desparpajan, especialmente aquellos cuya procedencia sólo puedo imaginar. En general mi percepción está fucked up. Cada vez que abro la boca para hablar, sale de mí una Jénnifer en inglés, que no dice lo que quiero significar, aunque se asemeje, y que a falta de práctica y fluidez y precisión no puede profundizar ensayísticamente en los asuntos que tiene en mente. Terminamos las dos hablando en haikú, pensando braille y sintiendo en morse.
can I help
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ta
I don't need this to be like this
estoy feliz
food
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text me and I'll say yes
bus number forty four or eleven
can I get
no worries
I have none
I need no one
Me da un poco de vergüenza con mis colegas y mis managers. No sé qué han de pensar de mí. Pero no puedo evitarlo, me salgo del carril no porque ande explorando, sino porque no tengo tanta fuerza para dirigirme con rectitud. A veces quiero preguntarles: ¿te parece que hago las cosas mal porque estoy loca? Pero me da miedo introducir esa idea en sus mentes. Si no les hago esa pregunta todavía estará la posibildiad de que jamás les haya parecido anormal mi comportamiento.
Y luego sólo está el río y el otoño y regresar a mi casa aventando las llaves y prendiendo la tele para no pensar.
TV, santos y Freud
Me siento aumentativamente incómoda (increasingly uncomfortable) con la idea de la "novela" como forma literaria. Creo -pero podría estar confundiendo todo- que la novela fue forjando su forma actual a medida que todas estas cosas fueron pasando:
a) con la revolución industrial nace una clase media ociosa que puede y quiere chutarse volúmenes enteros de Dickens porque no hay TV.
b) a Freud se le ocurren ideas revolucionarias acerca de cómo funciona la mente humana, y la clase media ociosa puede languidecer en un diván hablando* de los traumas de su infancia. cuando se le acaba su dinero en las facturas del psicoanalista, no queda más que escribir una novela.
c) con la reforma protestante se va muriendo la idea del intermediario entre dios y el hombre, i.e., el confesor. El hombre ahora está solo ante dios; dios puede ver directamente los pensamientos, ¿quién no se pondría paranoico con esta idea? CCTV in el cerebro! Por ende, los santos escriben largas confesiones, diseccionando las causaefectos de cada uno de sus pensamientos y tendencias pecaminosas/cómo superarlas, o quizá razonando que en el fondo son buenas personas porque quieren ser buenas personas.
TV, santos y Freud. La novela ofrece una realidad esculpida, un tejido bello, algo reconfortante -almost an opiate in its chemical composition- para leer antes de dormir. No sé qué tanto nos pueda decir esto sobre el escarpado y abismal paisaje del alma del hombre.
Entre mejor tejida esté la novela, más incómoda me siento. Creo que este fue uno de los problemas que tuve con Lolita, de Nabokov. Él mismo afirma, en el epílogo de la edición Anagrama, que la «literatura de ideas» es desdeñable y que lo que él (Nabokov) quiere es escribir por la mera experiencia estética. Y Lolita es una verdadera experiencia estética, por la manera tan lírica de tejer las palabras hasta hacerlas casi palpables, y su manera tan ensayística de darle un lugar a cada cosa, construyendo un sentido. Pero la idea que hay de fondo es una muy banal, y eso echa todo a perder. Hace que un best-seller y la "buena literatura" se diferencíen en grados más que en especie. Es una historia intrigante, contada con un lenguaje muy lírico y hermoso. Y su "moraleja" es simple y muy fácil de entender. ¿A quién no le va a gustar leer algo así? Lolita es como un buen tiramisú. Sus delicadas capas agradarán a las papillas gustativas más (occidentalmente) refinadas, pero su gran fracaso (el del tiramisú) es que se parece más a un budín de chocolate corriente que, digamos, a una pelota de golf.
No puedo quitarme de mis intenciones literarias la frase de Victor Hugo: "La literatura bella sólo puede nacer de las ideas bellas."
Claro que mi idea de lo que es una idea bella se aleja de la de Victor Hugo. Todavía creo en la bondad del hombre, pero ya no creo en su manera de contar historias. Para mí lo bello es lo fragmentario. Lo bello es algo cuyas relaciones causa-efecto están descoyunturadas, porque se sostiene por sí solo, de alguna manera.
Dios es Dios porque es Dios.
De la misma manera, lo bello es bello porque es bello.
Este es el gran elixir de la juventud: el asombro nunca ha de entumecerse.
*de ahí el neologismo "divagando"
a) con la revolución industrial nace una clase media ociosa que puede y quiere chutarse volúmenes enteros de Dickens porque no hay TV.
b) a Freud se le ocurren ideas revolucionarias acerca de cómo funciona la mente humana, y la clase media ociosa puede languidecer en un diván hablando* de los traumas de su infancia. cuando se le acaba su dinero en las facturas del psicoanalista, no queda más que escribir una novela.
c) con la reforma protestante se va muriendo la idea del intermediario entre dios y el hombre, i.e., el confesor. El hombre ahora está solo ante dios; dios puede ver directamente los pensamientos, ¿quién no se pondría paranoico con esta idea? CCTV in el cerebro! Por ende, los santos escriben largas confesiones, diseccionando las causaefectos de cada uno de sus pensamientos y tendencias pecaminosas/cómo superarlas, o quizá razonando que en el fondo son buenas personas porque quieren ser buenas personas.
TV, santos y Freud. La novela ofrece una realidad esculpida, un tejido bello, algo reconfortante -almost an opiate in its chemical composition- para leer antes de dormir. No sé qué tanto nos pueda decir esto sobre el escarpado y abismal paisaje del alma del hombre.
Entre mejor tejida esté la novela, más incómoda me siento. Creo que este fue uno de los problemas que tuve con Lolita, de Nabokov. Él mismo afirma, en el epílogo de la edición Anagrama, que la «literatura de ideas» es desdeñable y que lo que él (Nabokov) quiere es escribir por la mera experiencia estética. Y Lolita es una verdadera experiencia estética, por la manera tan lírica de tejer las palabras hasta hacerlas casi palpables, y su manera tan ensayística de darle un lugar a cada cosa, construyendo un sentido. Pero la idea que hay de fondo es una muy banal, y eso echa todo a perder. Hace que un best-seller y la "buena literatura" se diferencíen en grados más que en especie. Es una historia intrigante, contada con un lenguaje muy lírico y hermoso. Y su "moraleja" es simple y muy fácil de entender. ¿A quién no le va a gustar leer algo así? Lolita es como un buen tiramisú. Sus delicadas capas agradarán a las papillas gustativas más (occidentalmente) refinadas, pero su gran fracaso (el del tiramisú) es que se parece más a un budín de chocolate corriente que, digamos, a una pelota de golf.
No puedo quitarme de mis intenciones literarias la frase de Victor Hugo: "La literatura bella sólo puede nacer de las ideas bellas."
Claro que mi idea de lo que es una idea bella se aleja de la de Victor Hugo. Todavía creo en la bondad del hombre, pero ya no creo en su manera de contar historias. Para mí lo bello es lo fragmentario. Lo bello es algo cuyas relaciones causa-efecto están descoyunturadas, porque se sostiene por sí solo, de alguna manera.
Dios es Dios porque es Dios.
De la misma manera, lo bello es bello porque es bello.
Este es el gran elixir de la juventud: el asombro nunca ha de entumecerse.
*de ahí el neologismo "divagando"
Sunday, October 14, 2007
Nómbrame, ergo, exísteme
Ya no me gusta ir a librerías de viejo porque se me hace agua la boca y no puedo comprar nada. Tantas hojas amarillentas y tantos jugosos ácaros, dedicatorias interesantes, categorías insospechadas, y uno con la cartera vacía, esa cartera morada tan linda que Miri me regaló de navidad y que cargo más por apego sentimental que por que tenga algún uso.
La última vez que fui a la librería de viejo que está por mi casa, me fui directo al estante de teoría literaria, agarré un libro al azar y lo abrí en una página al azar. Era un ensayo de Ray Bradbury sobre la capacidad que tiene la música para expresar lo que las palabras no pueden. Era un ensayo muy barato y no muy brillantemente escrito, pero todo esto de caminar por Glasgow en otoño, con esa tensión de luminosas hojas secas apenas suspendidas de las ramas, y esa brisa mojada, y luego tener frío y meterte a una librería de viejo y encontrar en esa página al azar la transcripción casi exacta de lo que estabas pensando pero no podías expresar, todo eso es, inevitablemente, magia.
Y bueno, todo este rollo era para pedir su opinión sobre el nombre de mi nueva banda. Mi nueva banda es maravillosa: somos dos bajistas y nada más. A veces Thom canta estilo tuvano y yo toco el ukulele o el piano. Onda folk o anti-folk pero al mismo tiempo a quién le importan las categorías, lo importante es divertirse y usar tiempos raros y muchos acordes disminuídos. Les enseñaría el myspace pero no podemos tener un myspace hasta que tengamos un nombre. Hasta ahora esto es lo que se nos ha ocurrido:
-The Voiceless Fricatives
-Thom and Jane
-Anti Social Behaviour Orchestra
-Pope Bennedictine XVI and the Dictatorship of Relativism (mi favorito personalmente, pero al público no parece hacerle tanta gracia)
-Kelvin's Autumnal Massive
¿Ideas, alguien?
La última vez que fui a la librería de viejo que está por mi casa, me fui directo al estante de teoría literaria, agarré un libro al azar y lo abrí en una página al azar. Era un ensayo de Ray Bradbury sobre la capacidad que tiene la música para expresar lo que las palabras no pueden. Era un ensayo muy barato y no muy brillantemente escrito, pero todo esto de caminar por Glasgow en otoño, con esa tensión de luminosas hojas secas apenas suspendidas de las ramas, y esa brisa mojada, y luego tener frío y meterte a una librería de viejo y encontrar en esa página al azar la transcripción casi exacta de lo que estabas pensando pero no podías expresar, todo eso es, inevitablemente, magia.
Y bueno, todo este rollo era para pedir su opinión sobre el nombre de mi nueva banda. Mi nueva banda es maravillosa: somos dos bajistas y nada más. A veces Thom canta estilo tuvano y yo toco el ukulele o el piano. Onda folk o anti-folk pero al mismo tiempo a quién le importan las categorías, lo importante es divertirse y usar tiempos raros y muchos acordes disminuídos. Les enseñaría el myspace pero no podemos tener un myspace hasta que tengamos un nombre. Hasta ahora esto es lo que se nos ha ocurrido:
-The Voiceless Fricatives
-Thom and Jane
-Anti Social Behaviour Orchestra
-Pope Bennedictine XVI and the Dictatorship of Relativism (mi favorito personalmente, pero al público no parece hacerle tanta gracia)
-Kelvin's Autumnal Massive
¿Ideas, alguien?
Sunday, October 07, 2007
Juana Girasola en la Caza de Letras
Amigos, desocupados lectores, enemigos, desconocidos y curiosos:
Os invito a visitar Caza de Letras, donde se han reabierto algunos de los blogs, incluyendo el de Juana Girasola, donde no sólo podrán leer quincenalmente una nueva aventura de este curioso personaje, sino que además podrán retarme a escribir lo que les plazca.
Un lector me preguntó cómo escogeré el reto a desarrollar: ¿será más fácil, aquel sobre el que más sé, con el que más empatía tengo, o el que más hondo me ha lastimado? Debo decir que la idea de que alguien pueda lastimarme con un reto me parece harto estimulante. Así que mi cuerpo literario aguarda paciente, pero preparado, el golpe de algún látigo que lo empuje más allá de sí.
Será interesante llevar a cabo esta faena, porque entre más horas paso en esta isla, más me voy desligando del español, más natural me parece escribir en inglés, y el bilingüismo me va cortando las palabras y estropeando la gramática como nunca antes.
Os invito a visitar Caza de Letras, donde se han reabierto algunos de los blogs, incluyendo el de Juana Girasola, donde no sólo podrán leer quincenalmente una nueva aventura de este curioso personaje, sino que además podrán retarme a escribir lo que les plazca.
Un lector me preguntó cómo escogeré el reto a desarrollar: ¿será más fácil, aquel sobre el que más sé, con el que más empatía tengo, o el que más hondo me ha lastimado? Debo decir que la idea de que alguien pueda lastimarme con un reto me parece harto estimulante. Así que mi cuerpo literario aguarda paciente, pero preparado, el golpe de algún látigo que lo empuje más allá de sí.
Será interesante llevar a cabo esta faena, porque entre más horas paso en esta isla, más me voy desligando del español, más natural me parece escribir en inglés, y el bilingüismo me va cortando las palabras y estropeando la gramática como nunca antes.
Wednesday, October 03, 2007
El hambre es buena. // El hombre es bueno.
Nada como tomar un tren en la gran bretaña entre las 12 y las 3, cuando se tiene hambre y en la cartera sólo hay seis pesos, es decir, 30 peniques o £0.30, que literalmente no alcanzan para comprar un chicle para apaciguar las ganas de masticar algo, e ir escuchando la sinfonía de envolturas de celofán, porque así es como les gusta aquí la comida, envuelta en celofán, al parecer les da una sensación de frescura, el cris-cras de abrir un paquete de sándwich en cuya etiqueta dice "cortado a mano" o una ensalada de frutas -de esas que tienen gajitos de mandarina enlatada, la mejor porque no tiene esa molesta pielecita, y en cuya etiqueta dice: vale por dos de tus "cinco al día" porciones de frutas y verduras- es obviamente comparable a arrancar una manzana del árbol y darle una mordida, si estuviéramos en el idílico mundo de ayer, cuando la gente no comía todos esos horribles conservadores.
Nada como tomar el tren a esa hora, porque estarás a punto de darle una mordida a tu libro, cuando veas con el rabillo del ojo que en el asiento de al lado una madre rechoncha intenta que su hijito coma otra uva, de esas que ha empaquetado previamente en porciones individuales convenientes para realizar un viaje en tren, y el niño, aburrido, juega a las canicas con las uvas en el suelo, y la madre, muy consternada, hurga la gran bolsa de refrigerios que ha preparado para el viaje, porque cuando se es mamá hay que ser así de organizada, y ofrece un yogurt, un sándwich sin orillas, un paquete individual de nueces y frutas secas (mezcla tropical), una barrita energética, una bolsita de celofán con pretzels o una manzana cortada en cuadritos, y ante la indiferencia del niño decide comerse ella misma, muy preocupada, otra barrita energética después de terminarse sus palitos de queso, y no es posible cambiarse de lugar a donde no haya gente comiendo comida fresca y en algungos casos ¡horror! incluso unas papitas con sal y vinagre o un milky way. Así que te dedicarás a mirar por la ventana esas vacas y esas muy verdes praderas y por fin te darás cuenta por qué la leche sabe tan bien en este país, y te lamentarás porque en tu cartera no hay 62p, que serían suficientes para comprar 250ml de leche, pero no en el tren sino en la tiendita de la estación, porque en el tren todo tiene que costar ó 1 ó 2 ó 3 libras para conveniencia de todos, especialmente la gente que gana el salario mínimo de 107 pesos la hora a cambio de operar la caja registradora del vagón y no tiene tiempo de andar contando los peniques a la hora de dar el cambio.
Llegarás a buena hora a casa de tu tía, y descubrirás que el pasto en su jardín trasero está poblado de manzanas que se han caído de tan maduras, y todo el mundo ha estado tan ocupado que no ha tenido tiempo de recogerlas y echarlas al bote de basura, orgánica porque ahora según instrucciones del ayuntamiento, hay que reciclar. Y pensarás: podría robarme esas manzanas ahora, si las echo a mi mochila sin que se dé cuenta, porque si se da cuenta sabrá que no me alcanza ni para comprar manzanas, y se preocupará mucho. Pero no habrá tiempo de pensar en todas las recetas, dulces y saladas, que podrían incluir manzanas, porque ya será hora de ir a la bodega de congelados para comprar canapés para los invitados, y planear la logística para preparar y servir toda la comida, porque sólo hay un horno y dos mujeres. Más tarde, andarás entre los invitados con una charola, repartiendo mini-pizzas y empanadas de salchicha, y pasteles rosas y amarillos, y arroz indio y ensalada de coditos, y no sé qué otras cosas de las cuales ya te habrás encargado de tragar grandes cantidades, mientras las preparabas, furtivamente, porque no quieres que tu tía sepa que estás hambrienta, pero quién sabe cuándo vuelvas a tener una oportunidad como ésta para hartarte. Y luego, cuando se haya terminado la fiesta, habrá que recoger todas esas brochetas de camarón empanizado, medio mordidas, y todo ese postre que como no se veía tan bonito ya nadie quiso, y echar todo a la basura, ya no cuidando tanto el reciclaje porque estamos muy cansados, y a la mañana siguiente habrá que tomar el tren otra vez, agradecida porque lo harás a una hora que no es ni del desayuno ni de la comida, así que no habrá que ir todo el camino escuchando la sinfonía del celofán, pero llegarás a casa y te darás cuenta de que con tanta cosa olvidaste robarte las manzanas.
Nada como tomar el tren a esa hora, porque estarás a punto de darle una mordida a tu libro, cuando veas con el rabillo del ojo que en el asiento de al lado una madre rechoncha intenta que su hijito coma otra uva, de esas que ha empaquetado previamente en porciones individuales convenientes para realizar un viaje en tren, y el niño, aburrido, juega a las canicas con las uvas en el suelo, y la madre, muy consternada, hurga la gran bolsa de refrigerios que ha preparado para el viaje, porque cuando se es mamá hay que ser así de organizada, y ofrece un yogurt, un sándwich sin orillas, un paquete individual de nueces y frutas secas (mezcla tropical), una barrita energética, una bolsita de celofán con pretzels o una manzana cortada en cuadritos, y ante la indiferencia del niño decide comerse ella misma, muy preocupada, otra barrita energética después de terminarse sus palitos de queso, y no es posible cambiarse de lugar a donde no haya gente comiendo comida fresca y en algungos casos ¡horror! incluso unas papitas con sal y vinagre o un milky way. Así que te dedicarás a mirar por la ventana esas vacas y esas muy verdes praderas y por fin te darás cuenta por qué la leche sabe tan bien en este país, y te lamentarás porque en tu cartera no hay 62p, que serían suficientes para comprar 250ml de leche, pero no en el tren sino en la tiendita de la estación, porque en el tren todo tiene que costar ó 1 ó 2 ó 3 libras para conveniencia de todos, especialmente la gente que gana el salario mínimo de 107 pesos la hora a cambio de operar la caja registradora del vagón y no tiene tiempo de andar contando los peniques a la hora de dar el cambio.
Llegarás a buena hora a casa de tu tía, y descubrirás que el pasto en su jardín trasero está poblado de manzanas que se han caído de tan maduras, y todo el mundo ha estado tan ocupado que no ha tenido tiempo de recogerlas y echarlas al bote de basura, orgánica porque ahora según instrucciones del ayuntamiento, hay que reciclar. Y pensarás: podría robarme esas manzanas ahora, si las echo a mi mochila sin que se dé cuenta, porque si se da cuenta sabrá que no me alcanza ni para comprar manzanas, y se preocupará mucho. Pero no habrá tiempo de pensar en todas las recetas, dulces y saladas, que podrían incluir manzanas, porque ya será hora de ir a la bodega de congelados para comprar canapés para los invitados, y planear la logística para preparar y servir toda la comida, porque sólo hay un horno y dos mujeres. Más tarde, andarás entre los invitados con una charola, repartiendo mini-pizzas y empanadas de salchicha, y pasteles rosas y amarillos, y arroz indio y ensalada de coditos, y no sé qué otras cosas de las cuales ya te habrás encargado de tragar grandes cantidades, mientras las preparabas, furtivamente, porque no quieres que tu tía sepa que estás hambrienta, pero quién sabe cuándo vuelvas a tener una oportunidad como ésta para hartarte. Y luego, cuando se haya terminado la fiesta, habrá que recoger todas esas brochetas de camarón empanizado, medio mordidas, y todo ese postre que como no se veía tan bonito ya nadie quiso, y echar todo a la basura, ya no cuidando tanto el reciclaje porque estamos muy cansados, y a la mañana siguiente habrá que tomar el tren otra vez, agradecida porque lo harás a una hora que no es ni del desayuno ni de la comida, así que no habrá que ir todo el camino escuchando la sinfonía del celofán, pero llegarás a casa y te darás cuenta de que con tanta cosa olvidaste robarte las manzanas.
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