Nada como tomar un tren en la gran bretaña entre las 12 y las 3, cuando se tiene hambre y en la cartera sólo hay seis pesos, es decir, 30 peniques o £0.30, que literalmente no alcanzan para comprar un chicle para apaciguar las ganas de masticar algo, e ir escuchando la sinfonía de envolturas de celofán, porque así es como les gusta aquí la comida, envuelta en celofán, al parecer les da una sensación de frescura, el cris-cras de abrir un paquete de sándwich en cuya etiqueta dice "cortado a mano" o una ensalada de frutas -de esas que tienen gajitos de mandarina enlatada, la mejor porque no tiene esa molesta pielecita, y en cuya etiqueta dice: vale por dos de tus "cinco al día" porciones de frutas y verduras- es obviamente comparable a arrancar una manzana del árbol y darle una mordida, si estuviéramos en el idílico mundo de ayer, cuando la gente no comía todos esos horribles conservadores.
Nada como tomar el tren a esa hora, porque estarás a punto de darle una mordida a tu libro, cuando veas con el rabillo del ojo que en el asiento de al lado una madre rechoncha intenta que su hijito coma otra uva, de esas que ha empaquetado previamente en porciones individuales convenientes para realizar un viaje en tren, y el niño, aburrido, juega a las canicas con las uvas en el suelo, y la madre, muy consternada, hurga la gran bolsa de refrigerios que ha preparado para el viaje, porque cuando se es mamá hay que ser así de organizada, y ofrece un yogurt, un sándwich sin orillas, un paquete individual de nueces y frutas secas (mezcla tropical), una barrita energética, una bolsita de celofán con pretzels o una manzana cortada en cuadritos, y ante la indiferencia del niño decide comerse ella misma, muy preocupada, otra barrita energética después de terminarse sus palitos de queso, y no es posible cambiarse de lugar a donde no haya gente comiendo comida fresca y en algungos casos ¡horror! incluso unas papitas con sal y vinagre o un milky way. Así que te dedicarás a mirar por la ventana esas vacas y esas muy verdes praderas y por fin te darás cuenta por qué la leche sabe tan bien en este país, y te lamentarás porque en tu cartera no hay 62p, que serían suficientes para comprar 250ml de leche, pero no en el tren sino en la tiendita de la estación, porque en el tren todo tiene que costar ó 1 ó 2 ó 3 libras para conveniencia de todos, especialmente la gente que gana el salario mínimo de 107 pesos la hora a cambio de operar la caja registradora del vagón y no tiene tiempo de andar contando los peniques a la hora de dar el cambio.
Llegarás a buena hora a casa de tu tía, y descubrirás que el pasto en su jardín trasero está poblado de manzanas que se han caído de tan maduras, y todo el mundo ha estado tan ocupado que no ha tenido tiempo de recogerlas y echarlas al bote de basura, orgánica porque ahora según instrucciones del ayuntamiento, hay que reciclar. Y pensarás: podría robarme esas manzanas ahora, si las echo a mi mochila sin que se dé cuenta, porque si se da cuenta sabrá que no me alcanza ni para comprar manzanas, y se preocupará mucho. Pero no habrá tiempo de pensar en todas las recetas, dulces y saladas, que podrían incluir manzanas, porque ya será hora de ir a la bodega de congelados para comprar canapés para los invitados, y planear la logística para preparar y servir toda la comida, porque sólo hay un horno y dos mujeres. Más tarde, andarás entre los invitados con una charola, repartiendo mini-pizzas y empanadas de salchicha, y pasteles rosas y amarillos, y arroz indio y ensalada de coditos, y no sé qué otras cosas de las cuales ya te habrás encargado de tragar grandes cantidades, mientras las preparabas, furtivamente, porque no quieres que tu tía sepa que estás hambrienta, pero quién sabe cuándo vuelvas a tener una oportunidad como ésta para hartarte. Y luego, cuando se haya terminado la fiesta, habrá que recoger todas esas brochetas de camarón empanizado, medio mordidas, y todo ese postre que como no se veía tan bonito ya nadie quiso, y echar todo a la basura, ya no cuidando tanto el reciclaje porque estamos muy cansados, y a la mañana siguiente habrá que tomar el tren otra vez, agradecida porque lo harás a una hora que no es ni del desayuno ni de la comida, así que no habrá que ir todo el camino escuchando la sinfonía del celofán, pero llegarás a casa y te darás cuenta de que con tanta cosa olvidaste robarte las manzanas.
que bonita muchacha que no quiere que su tia se preocupe.
ReplyDeletesr casa aburrida
esto es como un cuento de Katherine Mansfield después de una sobredosis de cloralex
ReplyDeleteaww jennifer... tu sigues en el supermercado mas maravilloso del mundo
ReplyDeleteyo tengo dinero y estoy tragando como loca, pero no tengo NADA mas
cambiamos?
Ay usted, que escribe tan bonito.
ReplyDeletejajaja...i like people that pay attention...me recordó a mis días de estudiante por aquel lado del atlántico, jejeje...keep walking, saludos!
ReplyDeletesinfonìa del criscras jajaja. This is beautiful.
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