El otro día fui a escuchar a Jorie Graham leer su poesía espectacular y electrizante. Dijo, entre muchas cosas que me parecieron irrefutables y de pasión contagiosa, algo que mucha gente dice y que siempre me hace retorcerme en mi todavía no cavada tumba:
La poesía no es racional, es intuitiva.
La mujer es más afin a la poesía que el hombre.
La mujer es por naturaleza intuitiva, al contrario del hombre, por naturaleza racional.
(Éstos, dijo, son términos reduccionistas pero sirven para ilustrar una idea.)
Algo que siempre he odiado de ciertos estudios feministas es su búsqueda de lo «intrínsecamente femenino». Desde ahí los (y las) feministas se echan la soga al cuello. En marcar la diferencia ya viene propagarla. Qué carajo tiene de femenino la intuición?
Ayer se me ocurrió, durante una discusión con mi tocaya J, que quizá todo esto viene desde las primeras feministas de principios del siglo XX. Me parece para nada una casualidad que su «nosotras somos intuitivas» haya venido al mismo tiempo que la revolución industrial y científica que se estaba dando en esa época, donde todo el mundo gritaba con pancartas: amamos el progreso, amamos el método científico, viva la razón! Casualmente ese «todo el mundo» eran hombres, qué fácil atribuir el espíritu de los tiempos a la masculinidad más que al desarrollo histórico: «ustedes, hombres, nos oprimen con su racionalidad», decían ellas, y lo siguen diciendo, en lugar de simplemente: «su idea de lo que es racional y científico no tiene más valor que cualquier otra forma de conocer y hablar sobre el mundo». Pienso, entonces, que la reacción fue atacar al hombre en lugar de atacar el privilegio de la dizque razón sobre la intuición, especialmente pronunciada con el avenimiento de los tiempos «modernos.» Me estaré equivocando?
escribe mas seguido jennifer, si es que va con doble n, me hice lectora asidua de tu blog de un tiempo para acá :)
ReplyDeleteStudies on IQ and its component show that indeed men & women have the same average on standardized tests, but men tend to do better in the visuo-spatial component, and women tend to do better in the verbal component. And so you can expect women indeed to be better at poetry in average.
ReplyDeleteThere is also a bigger standard deviation for men than women, so that might affect the situation at the extremes, though I don't know about the standard deviation on the verbal component.
How much of that is learned though?
ReplyDeleteThe reason I am unable to fully trust these kinds of studies is that it seems impossible to distinguish how much of these different types of 'intelligence' are actually ingrained in our DNA and how much of them are a learned path of reasoning, inherited from decades of a fucked up societal structure.
I'm pretty sure I'm crap at visuo-spatial stuff, but I'm also sure that had I been a boy I would have had a slightly different education: my dad would have bothered to explain to me how a car works, how to read maps, how to fix stuff around the house, that kind of thing, rather than my mum teaching me to communicate my emotions, how to make the house feel like home and how to look after babies and understand husbands that have been taught to never communicate their emotions.
kizá contribuya al tema, publicaron el artículo hace unos días; saludos:
ReplyDeleteENTREVISTA: RICHARD J. HAIER Experto en neurología (Universidad de California en Irving)
"Tal vez la mujer necesita menos cerebro para igual inteligencia"
22/10/2008
Richard J. Haier, experto en neurología pediátrica, investiga en qué se diferencian los cerebros de los hombres y los de las mujeres. Primero, en busca de información neurológica básica, pero también para abrir vías hacia el estudio de los daños cerebrales y algunas soluciones. La importancia de su trabajo radica precisamente en eso.
Richard J. Haier, experto en neurología pediátrica, investiga en qué se diferencian los cerebros de los hombres y los de las mujeres. Primero, en busca de información neurológica básica, pero también para abrir vías hacia el estudio de los daños cerebrales y algunas soluciones. La importancia de su trabajo radica precisamente en eso, recalca, aunque a menudo le hacen chistes manidos del tipo:
"¿Qué es lo que diferencia el cerebro de un hombre y el de una mujer? Las compras, o el desatino aparcando". Haier, 59 años, profesor emérito de neurología pediátrica de la Universidad de California en Irving y especialista en estudios del cerebro con técnicas avanzadas de imagen, está pronunciando unas conferencias en España invitado por la Fundación La Caixa.
Pregunta. ¿En qué se diferencian los cerebros de hombres y mujeres?
Respuesta. Hay que distinguir dos cosas. Por un lado están las características físicas del cerebro, y se aprecian diferencias; la más obvia es que el tamaño medio del de los hombres es mayor. La segunda cuestión es si estas diferencias se relacionan o no con otras mentales porque hombres y mujeres pueden tener inteligencia equivalente aunque la media del volumen cerebral de los primeros sea mayor. Tal vez las mujeres no necesiten tanta cantidad de cerebro para ser igualmente inteligentes.
P. ¿Para qué sirven estas comparaciones?
R. La evolución ha generado al menos dos formas de organización del cerebro para hacer las mismas actividades mentales. Y esto es muy importante cuando se producen daños en el cerebro. Por ejemplo, cuando una mujer sufre un infarto cerebral en una determinada zona puede padecer consecuencias cognitivas diferentes que si se produce el mismo daño en la misma parte del cerebro de un hombre. Y si el cerebro tiene diferentes formas de hacer las mismas cosas y alguien sufre un daño en una zona del cerebro, puede haber maneras de rehabilitar otras áreas que compensen esa lesión.
P. ¿Es genética la base de esas diferencias?
R. En el siglo XXI ya no hablamos de base genética o de influencia del entorno. Son conceptos del siglo pasado. Sabemos que los genes se activan y se desactivan a lo largo de toda la vida. Los mecanismos son muy complicados y sólo ahora se empiezan a entender, pero sabemos que los factores del entorno contribuyen a la activación y desactivación de algunos genes. Los genes se expresan dependiendo, en parte, del entorno.
P. ¿Hay diferencias en patologías mentales entre hombres y mujeres?
R. Algunas enfermedades se dan más frecuentemente en hombres y otras en mujeres, como el autismo, que se da mucho más en hombres. En cambio, la depresión parece que es más común en mujeres.
P. ¿Cómo detectan los científicos esas diferencias cerebrales por sexos?
R. Mediante técnicas de imagen. Con diferentes tipos de resonancia magnética se puede ver la estructura cerebral o las funciones, con la tomografía por emisión de positrones vemos el uso energético del cerebro... Con todas estas técnicas se aprecian diferencias entre hombres y mujeres, pero recuerde que éstas son sólo una parte, y la otra es relacionarlas con las capacidades mentales, y eso es más difícil. Nuestras investigaciones muestran que cuando relacionamos características del cerebro con los test de cociente de inteligencia (CI) están implicadas diferentes áreas en hombres y mujeres, aunque unos y otros tengan el mismo CI.
P. ¿Estas diferencias pueden ser utilizadas como argumento de discriminación?
R. El conocimiento que tenemos de esas diferencias actúa en contra de la discriminación: hemos visto que en la mayoría de los aspectos hombres y mujeres son iguales, y algunas pocas cosas distintas a veces son a favor de las mujeres.
P. Aparte del volumen cerebral, ¿qué otras marcadas diferencias hay?
R. Por ejemplo, las fibras que conectan los dos hemisferios del cerebro son más gruesas en las mujeres, parece que tienen más conexión entre la parte izquierda y derecha. Todavía no entendemos exactamente qué significa esto. Todo el cerebro funciona en conjunto, como una orquesta. Lo que no está claro es cómo actúa el director. Y esta organización de la orquesta puede ser diferente en hombres y en mujeres, dependiendo de la tarea cerebral que se esté realizando, incluso con diferentes áreas activadas.
P. ¿Se aprecian las diferencias ya entre niños y niñas?
R. Empiezan en la infancia, pero algunas no son obvias entonces, como la habilidad aritmética. Los niños y niñas son iguales en esto, pero, luego, parece que a las matemáticas más avanzadas se dedican más hombres que mujeres. Esta diferencia se aprecia sobre todo en el extremo de la distribución de población, en personas con rendimientos muy altos
P. ¿Y los homosexuales?
R. Éste es un tema en el que no tengo conocimientos, y como científico tengo que darle respuestas basadas en datos y en conocimientos.
P. ¿Son distintos los cerebros de hembras y de machos en otros primates?
R. Tampoco respecto a esto tengo conocimientos.
P. ¿Qué es la inteligencia?
R. Es lo que uno hace cuando uno no sabe qué hacer. Llego a Madrid, hablo muy poco o nada de español y no sé qué hacer, alguien que me vea pensará que soy estúpido. Pero con inteligencia puedo averiguar cómo salir adelante. Otra definición se basa en las diferencias en aprendizaje, memoria y razonamiento.
P. Pero ambas definiciones parecen la misma porque usted averigua qué hacer en una situación desconocida aprovechando la experiencia, el recuerdo, el razonamiento...
R. Sí, una es una definición más formal que la otra de lo mismo. Unos individuos recuerdan más que otros, unos aprenden más rápido que otros y unos razonan mejor que otros. Llamamos inteligencia a esas diferencias. Pero puede haber otras definiciones de inteligencia.
P. ¿Se distinguen mente y cerebro?
R. Sea lo que sea la mente, procede del cerebro. No tiene mucho sentido hacer esa distinción, muy poca gente considera ese dualismo. Con las técnicas de imagen cerebral estudiamos la consciencia. El anestesista te pone inconsciente mediante fármacos cuando te van a operar y al acabar la cirugía te hace recuperar la consciencia. ¿Cómo funcionan estos fármacos en el cerebro? Lo hemos estudiado anestesiando a personas y aplicando técnicas de imagen para intentar entender las áreas del cerebro que se activan y desactivan cuando el individuo está consciente o inconsciente, así como el interruptor que los fármacos activan o desactivan. Lo estamos investigando, pero es muy difícil.
P. ¿Son las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres mayores que la diversidad entre individuos de la especie?
R. En la mayoría de las tareas, las diferencias entre la población son superiores a las diferencias entre hombres y mujeres, aunque hay algunas características específicas.
P. ¿En qué tareas son mejores o peores unos y otras?
R. Hay ciertas tareas verbales en que las mujeres son mejores que los hombres. Pero la mayor diferencia está en determinadas habilidades de visualización espacial, en las que los hombres, sobre todo en el extremo superior de rendimiento, son mejores que las mujeres. Esto puede ser una explicación de por qué hay muchas mujeres en todos los campos de la ciencia -el 50% o más en las ciencias de la vida-, pero no en matemáticas, física e ingeniería. Es controvertido si esto se debe a razones sociales o culturales, o realmente a diferencias en estas habilidades de razonamiento matemático y espacial a rendimientos muy, muy altos.
P. ¿Y entre grupos étnicos, se aprecian distinciones cerebrales, por ejemplo, entre población blanca y negra?
R. Esto es muy, muy complicado, no tengo datos al respecto.
P. Hace unos meses el premio Nobel James Watson hizo unas declaraciones muy controvertidas por su sesgo racista.
R. Es complejo. Parece que puede haber alguna diferencia entre algunos grupos de personas, pero no está claro qué es lo que causa estas diferencias, si son de entorno, de educación, de diferencia entre ricos y pobres... Necesitamos antes explicar, por ejemplo, cómo la educación aumenta la inteligencia. Sabemos que la educación general beneficia a todo el mundo, pero no sabemos a nivel cerebral cómo funciona esto. Estuve con Watson hace poco en una reunión, no es un racista, yo creo que en este tema es muy fácil ser malinterpretado.
Leí los tres primeros comentarios. El cuarto --la entrevista-- la copié y pegué en Word para echármela luego.
ReplyDeleteYo no conozco a la Graham, pero, en efecto, repite cacatúicamente algo muchas veces dicho, que, como a ti, me parece desatinado --aunque a mí, por suerte, no me hace retorcerme en mi aún no cavada tumba--.
De lo poco --poquísimo-- que encontré en la red, encuentro su obra de mi gusto. Versículos de largo aliento, de temática mística --¿teogónica?-- bien sustentada en asuntos seculares. Acaso por ahí abusa de los conectores; nada terrible.
En español, recordarás, existe la palabra poetisa, como femenino de poeta. Esta es una palabra horrorosa que encierra --aunque sea involuntariamente-- un dejo de... ¿inferioridad?, sí, de inferioridad, creo. Por ello, muchas escritoras que escriben en verso se llaman a sí mismas "poetas".
En fin, no sé qué tan de acuerdo pudieras estar conmigo, pero me parece que sí existen las poetisas como tales, y son, normalmente las que dicen esas cosas cosas como que la poesía es más un asunto de mujeres, y escriben, de ese modo, sobre asuntos de mujeres. Textos en verso --que no poesía-- de y para mujeres.
La Graham, en los cinco textos que me encontré, me ha parecido más bien una poeta.
Acaso habrá tenido una mañana ajetreada, un día pesado...
Un abrazo.
¿Debería? ¿No debería?
ReplyDeleteEs estúpido, lo sé, decir que no voy a hacer una cosa y hacer otra que en esencia es lo mismo. Espero que Jén sepa de qué hablo, y si es molesto, le pido una disculpa.
El asunto es que me gusta discutir y el tema me interesa y creo que muchas personas siguen tratándolo, no sé, a la obtusa, como una injusticia arbitraria. Que si la intuición, si la inteligencia, si el IQ, si la razón.., de hecho, Jén la tiene. Ninguna de esas cosas son "intrínsecamente" femeninas, ni masculinas, ni hermafroditas ni gay. Sólo son características humanas exaltadas en unos, disminuidas en otros. Son variables genéticas, como tener los ojos azules o la nariz grande o la piel oscura. Se insiste en buscar razones fundamentales para demostrar que hombres y mujeres somos en todo equivalentes (y es importante no usar a la ligera la palabra "iguales", porque la igualdad no es lo mismo que la equivalencia, si lo piensan), pero se olvida que de hecho son razones fundamentales las que determinaron que, incluso si fuésemos equivalentes, no podíamos serlo en todos los aspectos, y esto es lo que al parecer hace cortocircuito en ambos feminismo y masculinismo.
Le pese a quien le pese, fueron distinciones fisiológicas (naturales, y por ende, fundamentales, intrínsecas e inamovibles) las que definieron los espacios de desarrollo individual de cada género, porque las mujeres no podían salir a cazar cargando 8 ó 9 meses de embarazo en el vientre. Así de simple. Nuestra organización social “machista” no se fundamentó en una discriminación arbitraria diseñada por el hombre para reprimir a la mujer por el sólo gusto de, sino en la supervivencia de la especie. Los hombres, los cazadores, comparaban la calidad de sus lanzas, las cicatrices de su experiencia y se jerarquizaban en función de cuánto alimento podían obtener (eso sigue ocurriendo, literalmente, en algunas regiones esquimales y del África, y metafóricamente, en el resto del mundo); las mujeres, por su parte, se ocupaban principalmente para procrear y criar, y secundariamente, de preparar los alimentos y mantener las cuevas cálidas y agradables. ¿Notan las preposiciones? No pretendo hacer un ensayo, pero es importante entender que las mujeres fueron vistas en principio como medios para la procreación y que la única ley que imperaba era la del más fuerte (entendiendo e incluyendo en este fuerte cualquier capacidad para la supervivencia colectiva, no así la interpretación errónea del término “apto” utilizado por Darwin), porque de hecho el más fuerte era quien producía más posibilidades de sobrevivir (más alimento) en un ambiente hostil, y también, de hecho, que las mujeres fueran medios para la procreación (disponibles para todo macho en prioridad jerárquica) aumentaba las probabilidades de supervivencia. Si están de acuerdo, hasta ahí el orden es animal, instintivo, y no puede ser discriminatorio porque su función no era moral, sino evolutiva.
Es posible, siguiendo esta línea, que el origen de la represión hacia las mujeres y su consecuente y forzoso sometimiento se deba a que resultaba mucho más peligroso que una mujer trasgrediera este orden social porque para el humano primitivo hacerlo era un atentado contra la supervivencia de la especie. En suma, no podían darse el lujo de perder crías ni a quienes las cuidaban en sus etapas iniciales, cuando aún están exageradamente indefensas y sus probabilidades de sobrevivir por sí mismas son casi nulas. Los cazadores se dedicaban de tiempo completo a fortalecerse, eliminando así su disponibilidad para cuidar a las crías, y en todo caso, no podían parirlas. El hombre entonces necesitaba proteger su semilla en el vientre de la mujer y a quien cuidaría del retoño de todos los peligros externos, y para ello quizá fuera necesario encerrarla en la cocina, metafóricamente hablando, para no exponerla si no era necesario. Se podrá decir que los mecanismos del ser humano para sobrevivir en ambientes hostiles evolucionaron a tal grado que de hecho la justificación de tal protección habría perdido valor. El ambiente de los asentamientos, la organización tribal sedentaria, las comunidades solidarias, habrían permitido que la mujer se liberara de ese yugo evolutivo. Los ámbitos de acción femenina aumentarían en proporción inversa al número de peligros presentados por el ambiente. Y así fue. Cuando los ambientes fueron controlados y las comunidades aumentaron drásticamente sus índices de natalidad exitosa y la mortandad se redujo, las mujeres expandieron sus “dominios”. Los peligros externos que al ser mitigados facilitaron la perpetuación surgieron entonces del interior del ambiente humano, amenazando ya no dicha perpetuación, sino la calidad de la misma, y de ahí que se crearan leyes más complejas, la propiedad privada, el matrimonio. En el terreno moral, la justificación parecía revalidarse. El hombre, heredero milenario de los fuertes, podía y debía defenderse a sí mismo y a sus pertenencias. La mujer no, y sería arrastrada de nuevo por este sistema. Creo que desde entonces la sociedad ha cambiado muy poco, al menos en esencia, y tal vez nos hemos venido equivocando. Pero es un hecho que podemos rastrear con facilidad esas características hoy en día. A la mujer, ya lo dijo Jén, se le educa en función de perpetuar su virtud (belleza, gracia, virginidad, maternidad) y es mal visto que se exponga a peligros que puedan dañar dicha virtud. Al hombre, en cambio, se le inculca la virtud en el afán de competencia adquisitiva (poder político, económico, sexual) para obtener un lugar privilegiado en la jerarquía y tener acceso a las hembras más virtuosas, o al menos a más hembras. Sobre esto último hay una divertida correlación, para aquellos que gustan de estadísticas, entre el tamaño de los testículos de los primates y la fidelidad de sus hembras. Creo que lo menciona Robert Wright en The moral animal, pero no estoy seguro.
Luego, la cuestión sigue sobre la mesa. Incluso si aceptamos que la función “natural” de la mujer es la maternidad y todas sus consecuencias de “debilidad”, eso por sí mismo no justifica la discriminación. No hoy en día. Así, mi suposición es la siguiente: para el hombre, la exigencia femenina no busca en realidad igualdad ni equivalencia ni equidad, sino participación y potencial dominio sobre lo que históricamente es terreno masculino. Y el problema es que no tienen nada que ofrecer a cambio. Trataré de explicarme. Si el hombre es desplazado de su terreno, no tiene a dónde ir. Si las mujeres ocupan títulos de “cazador” (la función “natural” del hombre), por seguir el mismo hilo, las opciones para éste se verían reducidas dramáticamente porque no puede ni podrá nunca ocupar la función "natural" de la mujer. Las mujeres, a cambio, pueden ejercer el derecho de participar de la lucha jerárquica entre cazadores sin exponer su posición porque de hecho su posición no se tabula en esa misma jerarquía. Una mujer “cazador” nunca pierde su posición de medio para la procreación, es decir, conserva su función “natural”; siempre podrá volver a ella y encontrar un “cazador” que la sostenga, validándose así socialmente, cumpliendo su función. Un hombre que pierde su calidad de “cazador” es, en cambio, completamente inservible, un lastre social. La discriminación sería, entonces, quizá, una respuesta provocada en principio por la exigencia femenina de participación en lo esencialmente masculino, porque el hombre no tiene, conforme al orden social, más opciones que defender su posición en la jerarquía para validarse socialmente. Sin embargo no estoy seguro de haberlo explicado bien o, aun de haberlo hecho, tener siquiera un poquito de razón. Vaya, sólo es una idea, al margen de casi todo.
También es común refutar este tipo de razones porque quizá se piensa que el ser humano ha traspasado ya un umbral que lo hace inmune a los instintos y se mueve en un plano puramente intelectual o ético o moral. Pero hay que creer que no es así. Por más compleja y diversa que haya devenido la sociedad, lo esencialmente animal no ha cambiado ni un ápice. Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Es la definición de ser vivo. Y a ello seguimos sometidos. Es hormonal, es celular, es molecular, es atómico, es químico, eléctrico y magnético.
Entonces, doy el punto completo a Jén al decir que el error del feminismo ha sido elegir el campo de batalla equivocado. Tratar de tomar por asalto la función “natural” masculina las enfrentará siempre a una resistencia a su vez “natural”. Si no lo creen, imaginen que el hombre comenzara a reclamar como suyo el derecho de maternidad fisiológica. Quizá suena absurdo, quizá las mujeres lo cedieran sin pensárselo dos veces, pero yo lo dudo mucho. Algún instinto se despertaría, como el de esas madres furiosas que despedazan a tarascadas a agresores que les doblan el tamaño y la fuerza, o el de esas madres que pueden levantar autos en llamas para salvar a sus bebés, para defender su función “natural”, su derecho de maternidad.
Pero no estoy diciendo que la mujer está condenada a padecer la discriminación sin oponer resistencia. Es posible combatir, si eso desean, en terrenos neutrales, en donde la libertad de optar por la validación se establezca en igualdad de circunstancias, en donde no se invada lo que por derecho “natural” pertenece a uno y a otro. Sino en donde por valor individual (no masculino ni femenino) pueda ganarse. Y creo que las mujeres que han sabido andar en esos terrenos han logrado lo que muchas feministas siguen intentando obtener obcecadamente por argumentos fundamentados en la inmoralidad de lo arbitrario de su posición en la sociedad.
Y claro que digo esto sin conocer todos los argumentos y contrargumentos. Pero imagino que en esencia esto no se resuelve en que si A es mejor para B porque el estudio C sugiere que F es menos de hábil que H, aunque es evidente que G podría serlo un poco más si se le diera una dosis alta de estrógeno cada X días, ¿me explico?
Sé que a la autora de este blog le interesa el tema, y por ello me he atrevido a extenderme un poco, con la esperanza de que se genere más diálogo y más discusión constructiva.
Y ya, adiós.
Pues ahora si que tengo que ponerme del lado de Simone de Beauvior y Virginia Woolf y en especial de Mina Loy, quien publico su manifiesto feminista en 1914 (casualmente coincide con la primera guerra, interesante, no?). El argumento de W es precisamente lo que el mundo no deja de pensar y lo que nos sigue chingando una y otra vez: nuestro destino esta para siempre sujeto a nuestras funciones fisiologicas. Nuestro cuerpo esta diseniado para producir hijos (si se mira desde un punto de vista utilitario y pragmatico, por no decir retrograda y tipico de la idea de "progreso" del siglo antepasado). Pero hace un tiempo que se invento una cosa maravillosa llamada control natal. Las mujeres de pronto tienen el control sobre este destino impuesto sobre la naturaleza. Por que esto no es suficiente para liberarnos de su yugo?
ReplyDeleteQuisiera quotear a Mina Loy en este punto: Mujeres, deben matar en si mismas el deseo de ser amadas. (Creo que traducire el texto completo y lo publicare aqui, me interesa mucho que lo lean.)
Y por ultimo, para volver a la pregunta original, de que si la poesia es intuitiva o racional, que si la poesia es mas cercana a las mujeres porque las mujeres son mas intuitivas, la respuesta de e.e. cummings con respecto a la racionalidad o irracionalidad de la poesia es contraria a la sugerida por la Graham (y no, Paco, no creo que haya declarado nada por error). Claro que tampoco estoy de acuerdo con cummings, porque le esta atribuyendo a la mujer, otra vez, la capacidad de sentir, que no tiene el hombre/poeta.
since feeling is first, por e.e. cummings
since feeling is first
who pays any attention
to the syntax of things
will never wholly kiss you;
wholly to be a fool
while Spring is in the world
my blood approves,
and kisses are a far better fate
than wisdom
lady i swear by all flowers. Don't cry
--the best gesture of my brain is less than
your eyelids' flutter which says
we are for eachother: then
laugh, leaning back in my arms
for life's not a paragraph
And death i think is no parenthesis
Yo tampoco lo creo (que ella dijese nada a la ligera), fue sólo una mala broma. A fin de cuentas, la Graham puede creer a pie juntillas lo que a ella se le antoje y hacer, sin saberlo, otra cosa.
ReplyDeleteAhora, a lo que te truje, Chencha:
1)
La idea de que la poesía no es --no puede ser-- racional me parece, de inicio, y por decir lo menos, una falacia --yendo un poco más allá, una franca estupidez--. Desde el principio ha habido poesía que podría llamarse "de la inteligencia", "de la razón" o "racional" (e.g., la de Eliot, Gorostiza, Poe --¿qué no es "El cuervo" la supuesta puesta en práctica de su Filosofía de la composición?--, Quevedo, ¡Sor Juana!... yo incluiría incluso a los místicos y --joder-- a Virgilio, a Dante y a Homero).
La poesía de este tipo ("racional") no se contrapone a la otra, a la de la intuición, a la "sensible", sino que se conjunta con esta; igualmente, la "sensible" debe pasar un tamiz de razón para percibirla como una obra terminada, completa (de lo que carecen las hechas mediante el ejercicio del flujo de conciencia, el collage y otros que fueron utilizados por los miembros de las vanguardias y otros grupos iconoclastas).
Todo esto, pues, para decir que ninguna obra de arte es pura razón ni pura intuición (premisa 1).
[debo seguir en la chambuca y, aunque tengo la idea en la cabeza y las palabras en las puntas de los dedos, tengo --fuck-- unos pendientes por sacar, so, le daré al laburo y escribo al rato --o mañana-- el resto de mi idea].
Salud.
Me lleva. Además de que no captar cuál era el asunto que en realidad te importaba, me aventé un rollo larguísimo e inútil, porque ni se entendió.
ReplyDeleteLuego, hablar de lo que es o no es poesía me aturde porque es darle vueltas a una esfera tratando de encontrarle lados. La poesía en la que yo creo tiene vida propia y le vale verga lo que digan de ella. Que cada quien piense lo que quiera y estaremos y no estaremos para siempre y para nunca en lo correcto. Yo les doy toda la razón del mundo a ambos, y a cummings, y a gorostiza, y a huidobro, y a vallejo, y a poe, y a larrea, y a tablada, y a mi tía.
Voy cero de dos. Ya no sé comunicarme con los seres humanos.
Y ya nomás por no dejar, un pedacito en honor a mi necedad: El día que lo fisiológico deje de condicionar absolutamente nuestras vidas será el día que dejemos de necesitar la comida, el sueño, la luz, el calor, el oxígeno, el agua, todos esos químicos que no recuerdo y, por supuesto, el sexo, entre otras muchas cosas que ya no le encuentro sentido escribir.
Ah, y no entendí qué querías decir con eso del oso hormiguero disecado.
La diferencia es que los comentarios no me generan expectativas. Son palabras en el limbo.
yasta se me olvidó
ReplyDeleteputa semana y media agitadísima...
mmm... decía,
premisa 1) ninguna obra de arte es pura razón ni pura intuición
y debía decir también algo así como
premisa 2) ningún hombre, ninguna mujer, tiene límites predefinidos en cuanto a razón, en cuanto a intuición.
corolario) el debate parte de supuestos falaces y no se sostiene por sí mismo.
- - -
aparte;
la idea de Ernesto sobre la poesía la decimos también Gorostiza --con otras palabras, desde luego--, Verlaine --con las mismas, pero en francés-- y yo, siempre y cuando restrinjamos la idea de "poesía", que sería, en este caso, un ente del que pueden o no estar dotadas las cosas, todas, y las obras de arte en específico. Todo esto es una lectura de Gorostiza, con quien concuerdo en casi todo, menos en lo fundamental... ni hablar.
Sigo disperso, chingada madre.
¿Alguien tiene tiempo que le sobre y que me pueda regalar?