Sunday, June 28, 2009

Leyendo a Pessoa en un café

se me ocurre (y tampoco por primera vez) que ninguna de las ideas o sentimientos u ocurrencias que he tenido es original. No es que esto sea una tragedia; tampoco tengo ninguna obligación de ser original en estos ámbitos. Lo que sí es que se me olvida, y sigo permitiéndome este injustificado sentimiento general de desconexión, de outsider y de miserable sufridore de la injusticia del mundo. Injustificado porque, si en este momento muchos están sintiendo esto mismo, hay algo muy profundo que me une a mucha gente.

Pero tengo este muy mal hábito de siempre sentirme extranjera. Platicaba con un alumno sobre las diferencias culturales entre España y Escocia. Yo le decía que en España se usa eso de comer juntos en la oficina y salir los fines de semana con los compañeros de trabajo (no que yo lo sepa por experiencia; es que eso decía el estúpido libro de texto del que enseño español), mientras que en Escocia ni siquiera es importante la hora de comida (15 minutos para comerse un sándwich desabrido, o si tienes prisa ni siquiera comes sino que te esperas a la cena (5:30 o 6 pm)). Mucho menos importante es la "convivencia" con los compañeros de trabajo, no se diga el jefe -- eso sería traspasar los límites. Tal vez esté exagerando para que queden bien mis binarios y dualismos, pero ¡ni siquiera encuentro una palabra en inglés para traducir "convivencia" - coexistence, cohabitation, spending time together, getting to know each other?! Total, me decía mi alumno que le parecía muy mal que España fuera así, que hay que siempre mantener lo personal y lo profesional por separado, que si no lo hacemos vienen después los problemas. Yo defendí las costumbres españolas con enjundia, le decía que esos mismos problemas son parte de lo que "nos" caracteriza: la pasión, el lado más humano de las cosas, en fin, reconocer que somos personas y que cuando trabajamos con personas se van a crear vínculos afectivos y por qué no tomar todo el paquete? si no vienen depresiones y sentimientos de desconexión con el mundo. En parte dije todo esto sólo por dar la contra y hacerlo practicar su español, pero en parte ya me andaba convenciendo a mi misma.

Pero hoy me acordé de esos viernes de desayunar tacos en la oficina en Monterrey. Viernes que yo trataba de evitar discretamente, porque me gustan mucho los tacos pero nunca para comer con esa regularidad; son muy poco saludables, aparte nunca me ha gustado desayunar pesado. ¿Cómo rechazar la invitación de mis colegas, pasar del ritual, sin ser descortés y sin ofender a nadie? Y aunque lograra no ofenderlos, ¿no me verían después como la rarita que no se integra? ¿Y no es esto un elemento muy importante en un ambiente laboral? ¿Y no me da esto mucho coraje? Ni siquiera es que esto haya sido un issue para mi, siempre he podido llevarme bien con todo el mundo, sin importar diferencias ideológicas y alimenticias. Pero sí puedo imaginar una situación donde mis preferencias podrían convertirse un issue: ya sea en la oficina, con la familia, con los amigos o donde sea. El "compromiso", el "quedar bien"... siempre me andaba dando de topes con esas cosas cuando vivía en Monterrey. ¿No prefiero, entonces, una sociedad extremadamente individualista, que pone la elección personal por encima de la opinión común y el bien de la mayoría? Lo chistoso es que me he estado dando de topes con este individualismo los últimos dos años.

Thursday, June 25, 2009

Feliz quinto aniversario, Jennívora!

Querido blog,
hoy es nuestro quinto aniversario.
Has sido mi mejor amante en tiempos de alegría y desespero.
Gracias.

Friday, June 19, 2009

Fleur Adcock - mi tía abuela perdida



Acabo de descubrir a un pariente lejano, quien además es poeta. A que nos parecemos? Recuerdo que mi abuela contaba historias de una tía suya: "She got married and moved to New Zealand, and no one ever saw her again. Of course that's what it was like in those days." La idea de un pariente perdido en Nueva Zelanda me ha intrigado muchísimo desde entonces. Quizá Fleur Adcock sea la hija de esa señora huidiza. Claro que mi abuela se apellidaba Johnson... pero aún así! Debe haber alguna conección! Chequen cómo la describen las Feminist Writers: "Adcock is often referred to as "the expatriate poet" because her life has been split between New Zealand and England, both countries claiming her as their own. "The awareness of the split in her life makes Adcock concentrate on the present, leading to rich description and clear imagery. She often focuses on particular places, immediate and concrete, to suggest that which is missing, using the present landscape as a backdrop for the 'receding pictures' it emotionally evokes".

Acá les dejo un poema de mi querida tía abuela.

A SURPRISE IN THE PENINSULA



When I came in that night I found
the skin of a dog stretched flat and
nailed upon my wall between the
two windows. It seemed freshly killed –
there was blood at the edges. Not
my dog: I have never owned one,
I rather dislike them. (Perhaps
whoever did it knew that.) It
was a light brown dog, with smooth hair;
no head, but the tail still remained.
On the flat surface of the pelt
was branded the outline of the
peninsula, singed in thick black
strokes into the fur: a coarse map.
The position of the town was
marked by a bullet-hole, it went
right through the wall. I placed my eye
to it, and could see the dark trees
outside the house, flecked with moonlight.
I locked the door the, and sat up
all night, drinking small cups of the
bitter local coffee. A dog
would have been useful, I thought, for
protection. But perhaps the one
I had been given performed that
function; for no one came that night,
not for three more. On the fourth day
it was time to leave. The dog-skin
still hung on the wall, stiff and dry
by now, the flies and the smell gone.
Could it, I wondered, have been meant
not as a warning, but a gift?
And, scarcely shuddering, I drew
the nails out and took it with me.