Saturday, June 30, 2007

Sol flemático

Llevaba mucho tiempo buscando un país donde
(a) hubiera muchos áticos
(b) hubiera mucha agua
(c) hubiera mucho silencio
(d) el tiempo no se terminara nunca
y, más importante,
(e) no se considerara ofensivo pedirle a la otra persona que se fuera, pa' poder estar uno en soledá'

Al fin, y gracias a Gaby, encontré ese no-hay-tal-lugar. Mi primer encuentro con Finlandia fue a las once de la mañana del 29 de junio de 2007 en la sala de abordar J43 de la nueva terminal del aeropuerto de Madrid. (A pesar de que la terminal nueva es hermosa -futurista pero a la vez acogedora, amplia sin caer en lo ostentoso, y denotadora del excelentísimo gusto de los madrileños- me causó mucha tristeza enterarme de que -contrario a mis creencias hasta ese día- no conozco el aeropuerto de Madrid como la palma de mi mano. Cuando vivía en Monterrey, me reconfortaba la idea de que hubiera un lugar en España, un lugar conocido por mucha gente, que yo me sabía de memoria a fuerza de tanto visitarla; de tantas lágrimas mías que cayeron sobre sus ochenteros, marmóreos y negros azulejos. Desde hace un año esperaba con ansias esas tres o cuatro horas que pasaríamos en aquella sala de espera que mis pacientes asentaderas y yo conocíamos tan bien. (Esta mañana escuché en las noticias de la BBC una frase hermosa: the world has moved on without them. Sabrá dios a qué o a quiénes se referían, pero describe a la perfección ese sentimiento de anti-anagnórisis que tuve en el aeropuerto.) Lo único que pude reconocer -ah, la anagnórisis es tan reconfortante- fue el sol rojo del amanecer madrileño, y ese modo suyo tan hiriente, tan inaudito, de colarse por una persiana mal cerrada, ora del avión, ora de aquella habitaçion donde hube pasado incontables horas de insomnio. ) Tres niñas se sentaron frente a mí, y se comportaban tan bien que daban miedo. Derechitas se sentaron, sin hacer el menor ruido, con completo control sobre cada uno de sus infantiles gestos. Pelos platinados y ojos azules de precisión quirúrgica y textura felina, metálica. Su madre les repartió plátanos, y les habló en esa lengua de flautas de la que ya he escrito, sin usar baby-talk, ni gritos de regaño, ni desplantes de maestra de primaria. Aquello habría frisado para mí el valle de lo espeluznante, de no ser porque siempre he opinado que así debería ser el mundo.


Así se ve mi blogger en Finlandia. Es difícil no perderse.

Compré una brújula, pero aún así me deslizo a tientas, guiándome únicamente por la memoria.

Friday, June 29, 2007

Efectos secundarios de una mudanza transatlántica, parte III

Lo siento, tengo que contarlo. Debido a un pequeño problema de salubridad en el hogar, la casa se infestó de pulgas los últimos dos días que viví en Monterrey. Tuve que mudarme a un hotel para escribir lo de Caza de Letras. A cuántas personas les habrá sucedido que, estando tan cerca de conseguir algo, lo hayan perdido mientras se rascan las ronchas hasta sacarse sangre? En fin, ya estoy lejos, y nada de eso importa.

Ahora estoy en un país en donde la lengua suena a flauta dulce: las hr, las hyv, las ää y las ö suenan con una cadencia asincopada, de trote de herraduras sobre pasto húmedo.

El músculo de la escritura bien torneado, pero ni un peso en la bolsa. Qué se le va a hacer.

Wednesday, June 20, 2007

Efectos secundarios de una mudanza transatlántica, parte II

Si te vas,
Si te vas, te vas,
para no volver
nunca nunca
(Jeanette dixit)


Pues quesque ya me voy a Helsinki y de ahí a Glasgow, a estudiar el MLitt en Creative Writing.

No sé si porque ya me voy vamos a tocar, o si ya me voy porque ya no vamos a tocar, o si decidí no regresar tan sólo para acelerar el reencuentro, o si no estoy decidiendo quedarme sólo porque sé bien que no habrá tal, los motivos están ocultos y se sustentan unos a otros, vaya que cuando nos juntamos a ensayar el domingo se rompieron fibritas merito adentro, fue mágico como revivir un muerto, y hasta pasó por mi cabeza que debería mandar todo a la goma y seguir persiguiendo el sueño de que esta banda llegue muy lejos, la verdad es que no sé si no me atrevo o esto es simplemente un síndrome del "chin, ahora que ya me voy todo es perfecto"; o "the ironies are piling up", pero el caso es que este sábado habrá una


ÚLTIMA TOCADA DE RUIDOS EN EL TECHO

(al menos por un buen rato)

Este evento será también mi despedida, creo que será la última vez que podré ver a muchos de ustedes en al menos un par de añitos.

Tocará también Mister Ponny.

Así que cáiganle. Juan Méndez esq. con Washington. Sábado 23 de junio. 10 pm. No hay cóver, tráigan sus chelas. Los extrañaré.

La úiltima de Ruidos en el Techo

Wednesday, June 13, 2007

En un micronegocito que está por mi casa me acaban de dar té helado, masaje y facial por sólo ocho pesos. Nada mal, ¿no? Creo que voy a ir todos los días. ¿Se sacarán de onda si me llevo la laptop?

Sunday, June 10, 2007

Authenticity is easy (when you get the hang of it)

Cómo se nota cuando alguien no es honesto consigo mismo. Cuando alguien no está a gusto con lo que es y con lo que está haciendo.

¿Habrá un rasgo de carácter menos sexy, especialmente en esta época en que somos adictos a lo «original», lo «natural», y lo «auténtico»?

Friday, June 08, 2007

Descreo de y en el tiempo

Descreo, especialmente, del tiempo que existe en la memoria, y apuesto más bien por el tiempo de los sueños.

En la memoria solamente son posibles dos tipos de recuerdos temporales:
(a) el de una época, como cuando decimos: "solíamos hacer esto y aquello"
y (b) el de un punto, cuando decimos: "hicimos esto"

Sostengo que es imposible distinguir, en la memoria (y sin ayuda de calendarios y apuntes), una época larga de una corta.
Es lo mismo decir: "La semana que estuvimos de vacaciones de Corpus Christi, solíamos coleccionar piedras de colores", que decir: "Los dos años que vivimos en Corpus Christi, solíamos coleccionar piedras de colores"

Las vivencias en la memoria no tienen longitud. Sólo puntos y profundidades.

Por otro lado, en los sueños son mucho más comunes, al menos para mí, los acontecimientos del tipo (a), por eso el tiempo verbal: "soñé que íbamos en Corpus Christi, y mi padre me compraba un pastel, y hacíamos fiesta y bailábamos." Casi no soñamos así: "Soñé que fuimos en Corpus Christi, mi padre me compró un pastel, hicimos fiesta y bailamos."

Por todo esto, creo enteramente posible vivir una vida entera con alguien un fin de semana, o 15 minutos si estamos soñando. Por esto me siento como si hubiera vivido muchas vidas con muchas personas, por eso cargo con tantos fantasmas, pero también por eso me siento con la sabiduría y la necedad de un viejo que lo ha visto casi todo.

Efectos secundarios de una mudanza transatlántica, parte I

Ayer iba en el coche con mi madre y -así, de la nada- me dio una severa contractura muscular en el pie. El trayecto de Costco a Julio Cepeda frizaba lo insoportable, y tuve que pedirle a mi madre que me llevara urgentemente al médico. Para cuando llegamos estaba a punto de desmayarme del dolor, y me sentía toda una damisela del XIX por estar haciendo tanto drama pero no podía evitarlo. No sirvió el ultrasonido, la pomada, el masaje, la compresa caliente, ni los electroshocks para relajar el músculo. Finalmente me pusieron una inyección y me mandaron en muletas a mi casa.

Ahora tengo una nalga adolorida por la inyección, un par de piernas tapizadas de piquetes de mosquitos (parece ser que es temporada), y un pie que aunque de pronto finge funcionar, por lo general sigue doliendo casi tanto como mi corazón después de tanta tragedia de fin de año.

Esto de estarme accidentando tanto, ¿será una metáfora de algo?

Mañana tocamos Dulce Candy en el café

No cover. Cáiganle.

Wednesday, June 06, 2007

Tuesday, June 05, 2007

The black dog that dogs me

No puedo creer que en los resultados de Google no exista esa frase, siendo tan obvia!

"Black dog" es un eufemismo para la depresión. La aprendí viendo una película, donde algún escritor pintaba, y le explicaba a su colega: "es mi manera de mantener alejado al perro negro; si no pintara no sé yo lo que haría".
"Dog" como verbo significa seguir o rastrear como un perro, con intenciones hostiles.

el perro negro que me perrea
nunca desiste
ni se cansa
acaso sólo de vez en cuando
me da un poco de ventaja
sólo para divertirse corriendo
más rápido
la baba de sus colmillos
siempre a punto de tocar
mi tobillo y yo sigo
sin poder correr rápido
como cuando de niña
mis rodillas chocaban


(Ya debería saber yo, a estas alturas de la vida, cuáles son los lugares idóneos para sentirse mal.)

Monday, June 04, 2007

19 de julio de 2005

Hoy es martes (1:44 am)
Me vine a dormir aquí por primera vez el viernes. D no se quedó conmigo. Lo acompañé hasta la sala y me dio un abrazo, y se fue.
No "estuvieras" sola si no quisieras, Jane.
El sábado desperté, y ese silencio de casa grande era sólo mío. Me gustó.
Luego me volví a dormir, D y me despertó. Le di llave desde el primer día. Sólo se había escapado un ratito del trabajo.
Luego fui a comer con mis padres al Toks y fue triste como una despedida. Me vieron drive away, standing together at the doorstep, waving goodbye. Sentí un nudo en la garganta.
El domingo D me trajo hot cakes de desayunar, para compensar no haberse quedado. En realidad no me gusta mucho desayunar eso, pero parecía darle gusto.
No puedo evitar pensar a veces: C sí me agarraba el ritmo. Pero no es cierto, también resentía cuando se iba, cuando tardó una semana en volver a casa, cuando se quedaba demasiado, cuando no me daba sexo oral.
A veces me da tanta nostalgia: Madrid, la soledad, el ritmo. C. No me gusta aceptar, no sé muy bien lo que debería aceptar. El metro, el frío, la universidad. Acaso voy idealizando poco a poco.
Sobre todo me doy cuenta de que tomé la decisión correcta. Vivo sola porque mis hábitos son extraños. Igual no lo serían si viviera en Inglaterra, donde me sentiría sola aunque viviera con gente.
E me preguntó que sí lloré cuando me mudé acá.
Le dije que no. (De hecho no.) Pero quizá me haga falta.
Es duro. Siempre lo es.
Dejé de ir con la psicoanalista. Decidí que era demasiado dinero para sólo terminar sintiéndome más mal. (A me sigue doliendo a veces.)
Una vez escribí que cuando al fin me descubro sola no sé qué hacer. Creo que esa era la época en que B me abrumaba con su (omni)presencia. Pero es cierto. Necesito un tiempo para acoplarme a mí misma.
Y D, será mi novio los sábados.