Ayer iba en el coche con mi madre y -así, de la nada- me dio una severa contractura muscular en el pie. El trayecto de Costco a Julio Cepeda frizaba lo insoportable, y tuve que pedirle a mi madre que me llevara urgentemente al médico. Para cuando llegamos estaba a punto de desmayarme del dolor, y me sentía toda una damisela del XIX por estar haciendo tanto drama pero no podía evitarlo. No sirvió el ultrasonido, la pomada, el masaje, la compresa caliente, ni los electroshocks para relajar el músculo. Finalmente me pusieron una inyección y me mandaron en muletas a mi casa.
Ahora tengo una nalga adolorida por la inyección, un par de piernas tapizadas de piquetes de mosquitos (parece ser que es temporada), y un pie que aunque de pronto finge funcionar, por lo general sigue doliendo casi tanto como mi corazón después de tanta tragedia de fin de año.
Esto de estarme accidentando tanto, ¿será una metáfora de algo?
de la edad? jejejeje...no, eres muy joven aún...
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ReplyDeleteAuch...
¿Sigues en muletas?
Salús.