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Friday, July 22, 2011

Hábitos reproductivos de la clase media actual

A las mujeres de nuestra generación nos educaron de una manera muy peculiar: no cesaron de reiterarnos que "quedar embarazadas" sería lo peor que nos podría pasarnos. Se referían a embarazos a los 14 o 15 o 16, pero a los 29 o 30 o 31, les seguimos creyendo. Todas esas personas que nos dijeron "acaba la carrera primero" se referían a que termináramos nuestros estudios en el Tec o la UdeM o la Uni, pero el mensaje que se nos quedó fue que acabáramos primero nuestra carrera como arquitecta, casabolsera, escritora, académica, activista. Claro que para entonces, la oportunidad se habrá terminado para tener hijos y nuestras energías para criarlos, también.

A las que no lograron dañarnos la idea de que ser madres es uno de los pasos esenciales en nuestro desarrollo físico/neurológico/emocional/espiritual como mujer, de que tener hijos trae una gran alegría y satisfacción por encima de cualquier éxito material, se nos olvidó que dejar a los hijos en la guardería o con la muchacha no era la mejor manera de desarrollar una nueva generación. De criar una generación que no estuviera tan neuróticamente atrapada en su etapa oral/consumista, que se guiara un poco más por la intuición y menos por la ciencia, que fuera inteligente, compasiva, respetuosa de los demás y de su entorno.

A las que no se nos olvidó esto, o a las que gracias al cuestionamiento, la lectura, la meditación y por qué no, al internet, nos dimos cuenta de esto, nos pasó algo más. Empezamos a tener más hijas que hijos, y los hijos que teníamos nacían con más y más anormalidades sexuales. Esto gracias a todos los químicos derivados del petróleo, que a lo largo de los últimos 70 años han estado interfiriendo drásticamente con nuestros sistemas hormonales, al entrar a nuestros cuerpos acuando como estrógeno y ser transmitidos al bebé en la placenta y después de nacer mediante la leche materna, además del entorno en que viven, claro está. Muchas mujeres nos hemos hecho hiperfemeninas, y muchos hombres se han hecho afeminados.

Estará interesante ver qué sigue, cómo sigue evolucionando la sociedad, con menos hijos, menos hombres, y menos hombres heterosexuales que no sean impotentes. Volverán las sociedades poligámicas, o por el contrario, nos inclinaremos a los matriarcados? Volveremos a adorar a la Diosa Madre en lugar de al Dios Padre? Empezaremos a reverenciar y a darle su verdadero lugar a cada hijo nuevo que podamos tener, por ser tan raro poder tenerlo? Si tratáramos a cada nuevo bebé como el rey del mundo, si lo apoyáramos en todas sus inquietudes, le brindáramos la mejor educación, cuidados, amor, respeto, en lugar de tratarlo como un engorroso problema con el cual hay que lidiar, hasta dónde llegaríamos? Yo me pregunto.