Cuando no estoy escuchando música, escucho a mi espejo mientras teclea. No me quito los audífonos por si acaso alguien quiere saludarme -detesto las conversaciones de oficina-, pero tecleo más lento y suave para escucharla. Le digo mi espejo porque está sentada justo enfrente de mí. Nos separa un panel gris, pero si fuera transparente, le echaría miradas furtivas por encima de nuestros monitores, tratando de adivinar quién es, cómo ha sido su vida, cuál es su color favorito.
Antes mi espejo me irritaba. Cuando iba a la máquina del café, me asomaba para ver quién era esta persona odiosa, siempre malhumorada, siempre tecleando duro, como si detestara cada palabra que transcribía. Sólo alcanzaba a verle la espalda encorvada, el cabello teñido de negro y enrollado en un nudo con desenfadado, cerca de un pequeño corazón rojo tatuado en la nuca. El reloj, demasiado grande para la muñeca frágil, antecede a una mano izquierda lánguida que mueve el ratón. Procuraba mirarla con pesadez, a ver si se daba cuenta de que debía contenerse un poco, teclear, por urbanidad, con mayor delicadeza. Pero nunca se daba cuenta y yo me veía obligado a regresar a mi lugar sin poderle decir nada.
Su condición de zurda la convierte en mi espejo: cuando yo muevo el ratón, ella mueve el ratón; nuestros ratones se acercan y se alejan, cliqueando reverencias como en un baile de la corte. No es odiosa como la imaginé al principio. Me di cuenta de eso el día que me la topé afuera de los baños. Ella salía y yo por entrar, me tiró una sonrisa desconcertante y amable. No fue una sonrisa coqueta, ni tampoco parecía ir dirigida a mí en lo particular, sino a la persona que arbitrariamente se cruzó en el camino de regreso a su cubículo. Fue la sonrisa de alguien que disfruta su vida a pesar de trabajar de capturista, haciendo dobles turnos varias veces por semana. Sus dedos menudos y blancos recogieron un mechón de cabello que se había salido de su lugar, y bajó la mirada como para no invadir mi espacio.
Cuando regresé a mi lugar, me puse a escucharla detenidamente. Ya no era una persona amargada que tecleaba como si quisiera matar cada tecla, sino una chica alegre, educada en un colegio de monjas, donde alguna maestra frígida y gritona la habría instruído en mecanografía. La imaginé en un aula mal iluminada, con cuarenta alumnas sentadas ante máquinas de escribir viejísimas, mecanografiando planas como esta:
FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ
FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ
FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ
FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ
FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ
FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ
FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ
FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ FFFF JJJJ
Por eso teclea tan duro, y por eso utiliza los diez dedos al escribir. Pero he notado que no utiliza tanto el Shift derecho, es decir, el meñique. Se lo habrá lastimado jugando basquetbol, o simplemente será el dedo más débil. Después de que sus manos abandonan el teclado para dar vuelta a la hoja, o para tomar un sorbo de agua, los dedos barren el teclado, haciendo un sonido suave y ágil, buscando su posición inicial. Los dos índices, posados como mariposas en la jota y la efe, no son tan delicados como parecen; están listos para el ataque.
Shift con el meñique izquierdo y una pequeña pausa indica que la mano se estira para alcanzar la letra que va en mayúscula, quizá una té o una erre, luego un montón de letras que no termino de identificar, luego se ha equivocado un poco, y ágilmente el dedo medio, derecho, que es el más largo de todos sus dedos, golpea Del tres o cuatro veces seguidas, corrige la palabra, espaciadora con el pulgar derecho. Y griega con el índice derecho, Shift izquierdo, mayúscula, palabra, espaciadora, palabra, tab, palabra, alt y y su anular izquierdo se estira hasta el dos para poner un arroba, sigue una palabra corta y el anular derecho se agacha para alcanzar el punto, ce, o, eme, eso sí lo reconozco cada vez, enter, enter.
El meñique izquierdo alcanza el tab para saltar a otro campo, seleccionar una palabra de la lista desplegable, tab otra vez y el anular derecho le pega triunfal y con más fuerza al enter; es un modo el botón de Guardar formulario y está lista para comenzar otro registro. Nuestros formularios son casi iguales, los he comparado, esperando a comenzar el mío cuando ella comenzara el suyo.
Shift: ojalá tocaras el lóbulo de mi oreja derecha mientras tu palma descansa en mi mejilla y la espaciadora en la comisura de mis labios. Entonces la efe recorre desde mi lagrimal hasta juntarse con el pulgar, y yo giraría un poco para besarte, una por una, la efe, la dé, la ese, la a.
Espejo: nunca escribirás en sucesión las letras eñe, ele, ka, jota, como tus dedos nunca tamborilearán mi rodilla izquierda.
Nunca teclearás en mis huesos tus secretos. Pero borra eso, es cursi, para qué imaginarlo. Dedo medio derecho, espejo de mis letras dé, e y ce, tú que eres el más largo de todos sus dedos, pégale a Del, una, dos, cuarentaidós veces, letra por letra para que se borre bien.
Hola Juana Girasola!!
ReplyDeleteNo sabes como me siento, feliz!!! esto que escribiste me parece de lo mas creativo y profundo que pudiera leer. Ahora me preocupo porque lei tu comentario antes de tu cuento sobre si sirves para este mundo pantanoso de la literatura: es mi humilde opinion, he seguido leyendo los blogs de los escritores de caza de letras y creeme, el mejor es el tuyo... Todos los dias te agradezco cuando escribes algo y me deleito al leerte...
Nunca te preguntes si sirves para esto... solo siguelo haciendo...
Tee-shi
Shift derecho. Lo utilizo bastante. Mucho, mucho más que el izquierdo. Como tú, estudié en escuela de monjas. ASDFG ÑLKJH. La clase de mecanografía no me la daba una monja. Tal vez por eso no escribo imprimiendo tanta fuerza a cada teclazo (?); sin embargo, sé que odiaba esa clase y a la puta de Abi la abeja. o_O. Ja. Disculpa lo último.
ReplyDeleteEspero estés muy bien y disfrutando este (re)conocimiento del mundo.
Un abrazo.
Seguiré leyendo. Como -también- sabes, las oficinas pueden ser... ¿apabullante? (overwhelming).
Ganas de
tomar un descanso de la vida.
Sale, pues, ya es mucho.
En verdad hay ejercicios de mecanografía con ffff jjjj? No se me había ocurrido.
ReplyDeleteSupongo que es cosa de práctica. curiosamente yo mejoré mi velocidad con el teclado tocando guitarra. Y si tocara el piano quizás llegaría a la proeza de usar los 10 dedos en el teclado jajaja
Y ni que decir de esos teclados ergónómicos donde por fuerza tienes que voltear a ver donde diablos pusieron cada tecla...
Ahora que lo mencionas, recuerdo que yo tenía la mala manía de "golpear" la tecla Enter con fuerza. Eso hasta que una amiga me lo hizo notar.
Una cosa mas, hasta las personas odiosas, -después de todo- no dejan de ser personas ;)
Saludos!