No era ninguna Venus. No se le acercaban ni las moscas. No era un túnel que ocultara tesoros misteriosos; ni siquiera era un bostezo. En realidad era sólo una boca muy mal aseada.
Pero tenía razón en evitar todo contacto con la gente, empezando por desviar la mirada hacia el suelo, y terminando por rechazar todas las amables invitaciones a cenar: tarde o temprano un contacto así sólo podría tener consecuencias devastadoras: corazón roto, SIDA, o ambos.
No comments:
Post a Comment
Yes! Please let me know your thoughts!