Thursday, November 01, 2007
Tu título en mi cajón
Van cuatro meses desde que me fui de ti, casa bonita, blanca, texturizada, de alfombra sucia, de un baúl que se sienta en medio del piso de la sala, de un sillón que me jodió la espalda a puro abrazo para mi fatiga, para los días que me la pasaba ahí sentada escribiendo, permitiendo al día iluminarse y apagarse sin moverme de ahí. Casa, tus puertas transparentes, tus rayones oxidados en el piso, tu mesita para dos, tu lámpara japonesa y tus cuatro julietas, una para la lámpara, una para el librero, una para la escalera, con su hoyo en la pared, y una llorando su larga cabellera desde el balcón. (A esa le puse "Rapunzel"; ese chiste a nadie pareció hacerle tanta gracia como a mí.) El azucarero que vivía encima del microondas que vivía encima del refri, al lado de la lámpara-bola de cerámica, ahí donde las pantuflas de Ernesto llegarían sonando despacio, siguiendo a su primera tos del día, y se meterían al baño portando a un Ernesto fantasmal, quizá su cuerpo etéreo estaría envuelto en una gran bufanda, y yo estaría disfrutando una soledad-en-compañía que siempre pensé imposible. Y después desayunaría (yo) en silencio mientras él fumaba un cigarro y bebía nescafé demasiado dulce -por algún motivo al principio bebíamos nescafé- y luego le hablaría al gato, que todavía no se llamaba Angus. Pero eso fue al principio porque después me dio por levantarme temprano todos los días, quizá si llovía decidía manejar, y dejaba atrás la lavandería con sus charcos y su desorden, el balcón con hamaca, el árbol. Y en la noche en mi cuarto mi aliento hacía un vapor blanco, y por debajo de la puerta entraba toda la tundra a la casa, y nunca hice el remedio casero contra esto, aunque Ernesto me dio todos los materiales, y había que meterme abajo de muchas cobijas y dormirme con los guantes puestos. En algún momento a Angus, que todavía no se llamaba Angus, le dio por dormirse a mis pies, pero aún así me compré una cama grande para enfatizar mi soledad. En efecto, la primera vez que fui a verte, el abogado me dijo: es mucha casa para usté sola, condenándome a siempre querer compartirte. Casa: 1908 te llamabas, el año del diluvio vivía aplanado entre tu pared y la de los vecinos del año de la revolución mexicana: el golpeador de mujeres, el señor de los cuatro perros, el bar clandestino. Te adorné con mis dibujos y sus fotos, cubrí tus paredes con mis libros, cociné leguminosas largas horas para que el vapor te calentara, pero no terminé de vivirte. En realidad, ¿cuántos metros cúbicos se pueden vivir al año? ¿Por qué no eres mía, tan barata que eras? ¿Por qué no intenté comprarte, con todo y tu mala instalación eléctrica y tu plomería chapucera? Entonces estaría aquí y no sería tan doloroso haberte dejado.
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Lo que me pasa a mí; ahora vivo solo, mi novia se fue a Madrid, en un departamento lindísimo con piso de duela. Se siente muy grande. Pero me gusta un chingo estar acá. Hay una ventana inmensa, entra mucha luz, es acogedor, está semivacío porque casi no tenemos muebles. Es mucha renta para mí solo dicen todos (y pues sí, es mucha renta para mí solito) Pero he decido quedarme hasta terminar el contrato. Siempre quise vivir en esta zona y soy muy joven y pues he de morir algún día y... y... No sé. No tengo nada. Pero me gusta vivir acá. ¿Ya lo dije?
ReplyDeleteuna amiga mia de aqui del centro conocio tu casa. por ernesto y daniel, hace poco fue. y lo primero que le pregunte fue:
ReplyDelete"y todavia tiene la enrredadera del balcón"
'''''
elisa
tu post me ha inspirado a mudarme
ReplyDeleteasi como lo describes, asi deberia de ser una casa
elisa:
ReplyDeletey que te contesto tu amiga???
jeje
hace tiempo que no paso por esa casa, asi que no se!
!saludos!