No obstante, decidí ponerle “Gargantúa” a mi pequeño. Le pregunté un día: ¿tu nombre es “Gargantúa”? Y estuve segura de entender que me decía que sí.
Ya desde que vivía adentro de mi oreja, su primer brazo, es decir, tallo, se desenroscaba perezosamente, mostrando una pequeña mano verde deliciosamente perfecta. Ahora en la incubadora su mano había crecido bastante, y se movía casi imperceptiblemente para comunicarse conmigo.
Durante los tiempos de su infancia pre-plantación, Gargantúa y yo la pasamos muy bien juntos. Su incubadora era práctica y portátil, así que no tenía que quedarse solo en la cornisa cuando yo salía. Le gustaba pasear en coche, especialmente por la carretera. Para evitar tragedias, adecué el asiento del copiloto con un cinturón de seguridad que confeccioné con una cinta métrica de sastre y un poco de resistol cinco mil. El bote de Gerber quedaba a una distancia buena de la ventana: le daba aire y sol pero no demasiado. Gargantúa era mejor que un hijo humano, pues yo no le tenía que dar nada más que agua y compañía, y no hacía nada de ruido. La felicidad de Gargantúa tenía una belleza minimalista, perfecta.
¿Qué pasó con los posts
ReplyDeletecon explosiones, fuego,
armas, decepción,
mujeres, traiciones y
triángulos amorosos?
¡Queremos acción!
¡Desnudos!
¡Peleas!
¡Matanza!
gargantua es un buen nombre, caligula es otro bueno, gargantua siempre me recuerda una pelicula o algo asi que vi de niño, era el nombre de un gorila...
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