Fue algo confuso para mí cuando mi madre me enseñaba a hablar español: al referirte a un grupo de “children”, sin importar que haya 100 niñas y 1 niño, se dice “niños”, porque en español no existe el neutro, y es más fácil decirle hombre a una mujer que mujer a un hombre. “No es por mayoría”, dijo mi madre, “sino que el masculino es el género por default”. Y me pareció terriblemente injusto. ¿Por qué no se podía aguantar ese niño que le dijeran “niña”, por qué nosotras habríamos de aguantar que nos dijeran “niño”?
Tampoco existe el “it”, seguía explicando mi madre. “Dogs” son o perros o perras, “cats” son o gatos o gatas, tienen que decidirse. Y me pareció terriblemente impráctico. ¿Qué más daba el género en las mascotas? Para mí un gato y una gata eran la misma cosa: una mascota que me hubiera gustado tener y no me fue permitido.
La nueva tendencia (va, nueva para mí que nunca estoy al tanto de lo que ocurre en el mundo real) del discurso político es decir cosas como “los y las migrantes.” O más chistoso aún, las damas primero para evitar incomodidades: “las y los mexicanos.” Todo esto con el ánimo de no excluir a las mujeres, ¡pero teniendo mucho cuidado de no hacer que los hombres se sientan maricones si decimos “los y las mexicanas”!
No me sorprendería que al cabo de algunos años digamos “los y las personas” para evitar que algún hombre se sienta excluido.
El lenguaje, dice la Woolf, quien por cierto no hablaba español, es una habitación construida por y para hombres. No lo dice, ciertamente, porque las mujeres no escribamos o no hablemos. Quien utiliza el lenguaje hace el lenguaje. Los hablantes, muy a pesar de lo que quiera hacernos creer la RAE (talk about arbitrary power), somos libres de modificar el idioma que nos fue dado. Pero el fenómeno “las y los” me parece una verdadera aberración. Una actitud comodina, que por cierto, no es mucho mejor que simplemente dejar el idioma tal y como está. Se elimina uno de los síntomas, pero no la causa por la cual no podemos decir “los y las mexicanas”. Es un mal parche, que hace el español aún más aparatoso de lo que ya es. Las palabras en español ya de por sí tienen demasiadas sílabas; el español ya es lo suficientemente inflexible.
La distinción de géneros da pie a la represión, y en el lenguaje esto es un problema real, en eso estoy de acuerdo. Pero si se trata de modificar el español, ser incluyentes y eliminar el machismo inherente en nuestra cultura, ¿por qué no nos dejamos de tonterías e inventamos el neutro?: “les mexicanes”, “les niñes”... “les migrantes”, “les artistas”, “les personas”.
Pero esto sólo se tendría que hacer para las humanas, porque las jirafas, las hormigas, las mesas y las sillas, las guitarras, las bicicletas, las corbatas, las plumas, las letras, las máquinas, y las próstatas por lo general no se sienten oprimidas en su condición femenina. Los periódicos, los ovarios, los ojos, los libros, los tambores, los árboles, los barcos, y los sexos, por otra parte, no se sienten opresores como sí se sienten los políticos (¿y las políticas?).
¿Los farsantes, las manos, los lápices, las televisiones, la radio, las paredes, los artistas y los molcajetes tienen problemas (y problemos) con su identidad sexual? ¿Del lado de quién están elles?
jennivora, yo te leo y me gusta loq ue escribes...pero no se que mas decir. un dia de estos me animo y te escribo algo bien chicles va?
ReplyDeleteLos gatos son los que orinan en todos lados para marcar su territorio cuando están en celo.
ReplyDeleteLas gatas son las que se revuelcan y maullan y salen a coger con todos los gatos para llenarse de críos que luego vas a batallar para regalar (o mantener).
En ese caso el género mascotil sí importa, pero en cuanto a los peces no. Igual se mueren, igual mean en el agua, igual si tienen crías se las tragan ellos mismos.
Yo creo que por eso no se dice pez y peza.
jejejejejeje...buenos comentarios...hablando de animales, me llamó la atención eso de que en català se dice perro: gos, y perra: gossa, jejeje...a mi me hizo gracia :)
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