Wednesday, January 24, 2007

Naturalmente, acampé junto a Gargantúa en el jardín. Pero ya había yo aprendido que dar atención incondicional a los hijos no puede traer otra cosa más que desastres, así que poco después abandoné el proyecto. Sus súplicas, desde el jardín, me destrozaban el corazón. Recordaba esas primeras páginas de En busca del tiempo perdido: el dolor del niño que, exiliado en su habitación, no puede pedirle un segundo beso a la madre antes de dormir porque el padre no aprueba esas fruslerías sentimentales, y se ve por tanto obligado a escuchar, desde la cama, la conversación que ocurría en el mundo de los adultos: «hasta los postres me parecían encubrir placeres malignos porque mamá los saboreaba lejos de mí.»

A veces, cuando estaba a punto de correr al jardín para abrazar a Gargantúa, o cuando estaba a punto de ponerme a llorar por nuestra separación, tenía que decirme a mí misma: «domínate, mujer. Gargantúa está mejor sin ti.»

1 comment:

  1. woo...si te gusta Proust, te va a encontar esta edición: http://www.sextopiso.com/mex/art_detalle.php?ida=66 vale la pena...j'ai le mien

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