Saturday, July 28, 2007

Matorrales, árboles e insectos

El último día que estuve en Monterrey escribí hasta que se me cayeron los dedos, y luego, como tributo a «lo regiomontano» me puse a ver la novela, me tomé una coca-cola bien fría, y me comí un machacado con huevo y unas tortillas de harina. Luego agarré mi bici y pedaleé hasta el pie del Cerro de la Silla, donde me puse a aullar como loba hasta que un par de señores panzones se me acercaron. Me preguntaron si estaba perdida o si necesitaba ayuda, pero no porque les molestara el escándalo que hacía, sino porque traía una falda extraña y quizá demasiado corta. Les dije que únicamente me sentía extranjera, que nadaba contra corriente todos los días, que los camiones eran muy toscos y el aire muy sucio. Me dijeron que si no me gustaba podía ir a chingar a mi madre.

Los nuevos métodos del aeropuerto tienen un aire de holocausto. Hay que quitarse cinturones, abrigos, monedas y zapatos; pronto habrá que desnudarse por completo y ser rociado con raid matabichos. Pasando por el detector de metales pensé: ojalá que mis pulgas no los alarmen. Después de que me tocaron de pé a pa pensé: esto no está tan mal, este habrá sido el mayor contacto físico en mucho tiempo.

En el puerto bailé con un marinero barbón y borracho. I get seasick when I'm at land, me dijo. I get homesick when I'm at home, le contesté.

Cuando digo: en donde vivo, tengo que morderme la lengua y jurar que la próxima vez diré en el lugar de donde vengo, porque ya no vivo en ninguna parte.

El primer día que estuve en Glasgow me hirieron los árboles: mucho más chaparros que los de Finlandia; unos arbustos casi. Me hirieron los camiones, amables y puntuales pero 15 veces más caros. Me hirió el monocromatismo del río y los edificios, pero me reconfortó el asfalto parchado, la basura, y los viejos negocios abandonados: se reparan televisiones a color. Ni siquiera me aturdió que el tráfico estuviera al revés: me puse a caminar hasta que un señor bonachón se me acercó: are you lost, love? Me tomó del hombro y me ayudó a leer el mapa con un acento que apestaba a whisky.

Todo va a estar bien, lo presiento.

Qué bonita te ves, así tan verde,

tan semejante al caparazón de una tortuga, toda empacada y lista para salir. Lo sé, que a veces te odio, y cada mañana una sinfonía de cremalleras y broches de otras mochilas semejantes a ti me hace odiar mi maldita vida y levantarme pensando que moriré si no desempaco pronto de una vez por todas. Pero no sé qué haría sin ti, preciosa mochila mía, que me dejas guardar en ti toda mi vida, que tienes tantos listones ajustables, tantos compartimentos insospechados, que abrazas mis caderas con presteza, como un par de manos seductoras, único recordatorio de cuando podía bailar cumbias, no sin antes haber pasado la tarde entera maquillándome y pensando: cuando crezca no podré darme estos lujos.

Saturday, July 21, 2007

Piernas

Nunca podré tener las piernas que tienen las prostitutas de Riga, piernas que caminan sobre ta co nes y bajo minifaltas apretadas, que emborrachan a turistas para después cobrarle una cuenta que pagaría dos meses de renta, que usarán esa lana para ir a la universidad o mantener a sus hijos bastardos, que no le tienen miedo a nada. Nunca podré ser tan dura como ellas, pero tampoco tan blanda como para dejarme guiar en la pista de baile, o para quejarme y llorar histéricamente por todo.

Las marcas de los piquetes en las piernas ya casi se me borran: nunca podré convencer a nadie de lo terrible que se veían porque nunca les tomé una fotos. Y no puedo quejarme a gusto de mi dedo enchuecado porque no terminó de hincharse y ponerse azul, así que no se ve tan feo como se siente. Para colmo, aquí en el hostal hay una chava que no tiene una mano, así que ¿qué clase de ser humano sería yo si me quejara por un sólo dedo que ya no sirve para escribir y que no servirá tampoco para tocar el piano en quién sabe cuántas semanas o meses o años?

Más aún, ¿a dónde irá este blog si no me permito seguirme quejando? ¿No debería ser un blog siempre un espacio para la queja, para la protesta contra todo lo que está mal en el mundo? ¿Pero cómo puedo ponerme en contra del mundo si soy tan ignorante y nunca leo los periódicos ni veo las noticias por temor a contaminarme de la pseudo-realidad que inventan los medios? ¿Y cómo puedo quejarme o filosofar sobre el sexo y el amor, si ya aprendí que las cosas son extremadamente simples: o las personas están juntas o no lo están y punto? ¿Y cómo puedo hablar de mis viajes sin hacer metáforas o máximas (que tanto me gustan) que caigan en el cliché de comparar los aprendizajes de la vida con los aprendizajes del viajero?

Este blog atraviesa una crisis de identidad. Está peor que un país que a lo largo de la historia ha sido invadido continuamente por cuatro naciones, que ha pasado dos regímenes totalitarios y lleva únicamente 16 años en libertad, que habla tres o cuatro idiomas, y cuyo platillo nacional es tan desabrido como la crema para manos de mi abuelita.

Wednesday, July 18, 2007

Violando casi todas las prohibiciones anteriores,

contare un poco de mi viaje, mientras espero que los idiotas de CheapTickets me contesten la llamada por Skype para poder cancelar mi boleto de regreso a México.

El tiempo que pasé en Helsinki fue extremadamente maravilloso. Lo primero que hice al llegar a la ciudad fue checar mail y recibir la noticia de mi expulsión de Caza de Letras. Bla, bla, bla, triste, buscar un teléfono público para llamar a México porque no se que reportere que me quería entrevistar urgentemente, dar muchas vueltas porque en Finlandia ya no existen las tarjetas para teléfono público aunque sí existen los teléfonos públicos. Sentarme en el suelo de la estación de tren a esperar a que Gaby salga del festival metalero y que la gente me hable en finlandés. Pasar los siguientes dias mirando el sol, el atardecer de cuatro horas, la noche-crepúsculo, escribiendo a Raf, caminando en bosques, mirando lagos, visitando islas, leyendo poesía finlandesa. Estancia gratis en el depa del amigo ruso de Gaby.

Luego en barco a Tallinn, Estonia. Hacemos una corta parada ahí. La primera palabra estoniniana que aprendemos es: suletud, cerrado. Arquitectura medieval, pero me gustaría saber mucho mas de arquitectura para entenderlo todo. Turistas viejitos. Combinación entre San Miguel de Allende y Toledo. Autobús largo a Vilnius, Lituania. Dos dramamines y vino tinto para perder el conocimiento y dormirme todo el camino. Mala idea hacer eso cuando tienes que cruzar dos fronteras y enseñar tu pasaporte y convencer a los oficiales de que eres una buena persona.

Siete de la mañana y de pronto estamos en Vilnius sin saber hablar una sola palabra en lituano, y con necesidad de checar mail para averiguar si Domas, de couchsurfing, nos podrá hospedar. Primera palabra lituana aprendida: kavine, cafetería. Ya que no hay internet en las calles cercanas a la estacion de autobuses, opino que ante todo debemos tomar café, y luego dejar las mochilas y buscar internet. Entramos a un kavine y hay hombres entrando rapidamente para tomarse una cerveza en menos de un minuto antes de ir a trabajar. Un hombre muy borracho se me acerca y me dice cosas. Yo contesto, con cara muy enojada: no, niet! hasta que se va. Bebemos un café muy rico.

Eran ciertos los rumores, no es fácil encontrar internet (internetas) en Lituania. Domas vive con su exnovia y nueve hurones. Nos deja dormir en su sala, nos da llave de su depa, nos quedamos en Vilnius varios dias. Llueve. De Vilnius jich-jaiquiamos (hitchiking) a Kaunas, pero el segundo tipo que nos recoge decide que no debemos ir a Kaunas, sino que debemos ir a Klaipeda, que es mucho mejor, y nos aloja en su casa, y su mamá nos cocina deliciosa comida lituana, y nuestras panzas y cachetes crecen. Luego yo me aburro y me siento parásito (y mal tercio), asi que abandono a Gaby y me voy a Juodkrante, y a Nida, y a Kretinga, y a Siuliai, y a Joniskis, jichjaiquiando sin saber pronunciar los lugares a los que quiero llegar. Camino mucho tiempo sola por la carretera. Los campos de trigo. Los bosques. Escucho el soundtrack que Ernesto me empacó durante los ultimos minutos que pasamos juntos en casa. Llego al Monte de Cruces, y extraño a México, porque en México los cristos son mas sangrientos y la religión es mas dolorosa y retorcida como nudos y espinas y rizomas. Aquí todo es más... pues... excomunista. Cansada, pienso en acampar ahí mismo, pero descubro que no tengo agua, así que camino.

Decido que debo reconciliarme con mi catolicismo. Ya fui niña católica, ya fui rebelde anticatólica, ahora quiero ser nada.

En un hotel fresa, tomo el mejor baño de mi vida, y pido de cenar: sopa, te, agua, y jugo. (Deshidratada.)

Me paniqueo porque un trailero toma una desviación que no lleva al lugar acordado. Trata de explicarme, en estoniano, que es lo que pretende hacer, y yo trato de aparentar que no tengo miedo, y observo mi mapa con cara de saber lo que sucede. (Perdí mi brujula hace tiempo, y pensé que eso sí que era estar perdida, pero luego descubri que ya la tengo integrada, y casi siempre, si pongo atencion, siento una aguja que flota y gira lentamente para mostrarme hacia dónde está el norte).

Riga parece una ciudad harto interesante. Primer y tercer mundo a la vez, me parece muy familiar. La moneda vale igual que la libra esterlina (es decir, veinte pesos, cosa que no me esperaba, porque los eeks (que Gaby y yo pronunciamos "iik", como el inglEs de guácala) valen igual que el peso mexicano, y los lits valen cinco pesos). Internet kafes, por todas partes. Reconfortante. Aqui encuentro a Gaby y le platico todo, y me dice que hasta parece que me gusta hablar. Tiene sentido porque he estado en silencio mucho tiempo.

Ya me urgía blogguear

pero me estoy tratando de apretar el cinturón del blogguismo. Estoy pensando en imponerme las siguientes prohibiciones:
  • no escribir un diario de viajes,
  • no escribir artículos tipo national geographic,
y sobre todo,
  • no filosofar ni escribir cuentos ni poemas sobre el amor y/o el sexo.
Estas restricciones, junto con mis confusiones lingüísticas, largos ratos de silencio, y conversaciones repetitivas con desconocidos (de dónde vienes, a dónde vas, qué haces, cómo es tu país), han bajado mis niveles de producción literaria a bajo cero.

De todas maneras (espero) esto no es necesariamente malo, porque significa que me estoy llenando otra vez sólo para volver a empezar a desbordarme.