Tuesday, August 31, 2004

"Mientras uno va y viene

por su país natal, créese que las calles le son indiferentes; que las ventanas, los tejados y las puertas nada significan; que las paredes le son extrañas; que los árboles no son más que árboles; que las casas donde no entra le son inútiles; que el empedrado por donde anda es simplemente piedra.
Pero después, fuera de su patria, advierte que aquellas calles le son queridas; que aquellos tejados, aquellas ventanas y aquellas puertas le hacen falta; que aquellas paredes paredes le son necesarias; que aquellos árboles le son amados; que aquellas casas donde él no entraba, había quien entraba en ellas todos los días, y que ha dejado parte de sus entrañas, de su corazón y de su sangre en aquel suelo. Todos aquellos sitios que ya no vemos y que quizá no volveremos a ver, y cuya imagen hemos conservado, adquieren cierto encanto doloroso, se nos presentan con la melancolía de una aparición, nos hacen visibles la tierra santa, y son, por decirlo así, la forma misma de la patria; y los amamos y evocamos tales como son, tales como eran, obstinándonos en ello, y no queremos cambiar nada de ellos, porque estamos apegados a la forma de nuestra patria como a las facciones de nuestra madre."
-Victor Hugo. Los miserables.

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