Tuesday, November 13, 2007

This is your key, you're in room one one five,

Las señoras españolas me miran asombradas cuando digo: aquí tienes la llave, es la habitación uno quince. (Mi lengua se siente rara, no sabe bien cómo pronunciar, me sale un español cuatrapeado, chistoso.)

Muy bien dicho, me dice una de las señoras, excepto que se dice "çiento quinçe".

Es obvio que piensan que estoy aprendiendo a hablar español. Sonrío, ofuscada, herida en mi orgullo, apilando una tarjeta más en la pila de momentos de desconsuelo.

Que pasen buen día, les digo.

Sunday, November 04, 2007

Todos los días I imagine

cómo sería being married to you
financial hardship, porque there's always deudas, hipotecas
lips, naked shoulders
next day amanecemos
tú poniéndote los zapatos
yo haciendo café
tendríamos cats for kids
books for lovers y huajes to drink
I was never much for linen
pero lo era en el fondo.
Es el slag
del tiempo
I was to live
                 under.
I don't sé
qué me da más miedo:
conventions, routine,
falling head first,
all that I no pude,
giving up what hurts.
I've been despidiéndome of you
desde before we met
que entraste into the room
wearing my skirt
and I knew
you no eras all para tenerte
y yo would both siempre be going lejos away.

Thursday, November 01, 2007

Tu título en mi cajón

Van cuatro meses desde que me fui de ti, casa bonita, blanca, texturizada, de alfombra sucia, de un baúl que se sienta en medio del piso de la sala, de un sillón que me jodió la espalda a puro abrazo para mi fatiga, para los días que me la pasaba ahí sentada escribiendo, permitiendo al día iluminarse y apagarse sin moverme de ahí. Casa, tus puertas transparentes, tus rayones oxidados en el piso, tu mesita para dos, tu lámpara japonesa y tus cuatro julietas, una para la lámpara, una para el librero, una para la escalera, con su hoyo en la pared, y una llorando su larga cabellera desde el balcón. (A esa le puse "Rapunzel"; ese chiste a nadie pareció hacerle tanta gracia como a mí.) El azucarero que vivía encima del microondas que vivía encima del refri, al lado de la lámpara-bola de cerámica, ahí donde las pantuflas de Ernesto llegarían sonando despacio, siguiendo a su primera tos del día, y se meterían al baño portando a un Ernesto fantasmal, quizá su cuerpo etéreo estaría envuelto en una gran bufanda, y yo estaría disfrutando una soledad-en-compañía que siempre pensé imposible. Y después desayunaría (yo) en silencio mientras él fumaba un cigarro y bebía nescafé demasiado dulce -por algún motivo al principio bebíamos nescafé- y luego le hablaría al gato, que todavía no se llamaba Angus. Pero eso fue al principio porque después me dio por levantarme temprano todos los días, quizá si llovía decidía manejar, y dejaba atrás la lavandería con sus charcos y su desorden, el balcón con hamaca, el árbol. Y en la noche en mi cuarto mi aliento hacía un vapor blanco, y por debajo de la puerta entraba toda la tundra a la casa, y nunca hice el remedio casero contra esto, aunque Ernesto me dio todos los materiales, y había que meterme abajo de muchas cobijas y dormirme con los guantes puestos. En algún momento a Angus, que todavía no se llamaba Angus, le dio por dormirse a mis pies, pero aún así me compré una cama grande para enfatizar mi soledad. En efecto, la primera vez que fui a verte, el abogado me dijo: es mucha casa para usté sola, condenándome a siempre querer compartirte. Casa: 1908 te llamabas, el año del diluvio vivía aplanado entre tu pared y la de los vecinos del año de la revolución mexicana: el golpeador de mujeres, el señor de los cuatro perros, el bar clandestino. Te adorné con mis dibujos y sus fotos, cubrí tus paredes con mis libros, cociné leguminosas largas horas para que el vapor te calentara, pero no terminé de vivirte. En realidad, ¿cuántos metros cúbicos se pueden vivir al año? ¿Por qué no eres mía, tan barata que eras? ¿Por qué no intenté comprarte, con todo y tu mala instalación eléctrica y tu plomería chapucera? Entonces estaría aquí y no sería tan doloroso haberte dejado.

Thursday, October 25, 2007

Will you know me when you get there

El lunes tocaré en Rusholme. Ah, las dulces vueltas.

La última vez que estuve en Rusholme fue en verano del 2003. Los tres teníamos peinados desastrosos. Es posible que los haya ido a ver simplemente porque quería hacerles algo rico de desayunar. No vi la luz del día en Rusholme. Recuerdo el centro comercial/estación de autobuses. Llegó tarde como era su costumbre. Traía un suéter verde, sus jeans sin lavar, sus tenis fresas y su morral, que apodaba cariñosamente «utility pouch», y fuimos a comer a Subway, su favorito. Recuerdo que tomó Sprite, y se quejó de que acá el Sprite no es lo suficientemente dulce.

Una noche salimos los tres a cenar comida india. Yo quería probar todo, entre más raro mejor. Lala no se aventuraba para nada, lo cual me decepcionó, pero al mismo tiempo tenía sentido. Tengo impresión de haber subido los tres a un autobús. Había pop árabe y luces de neón en Rusholme. Borrachos vandalizando las cabinas telefónicas de BT. Niños malignos hablando de asesinar gallinas.

Jugamos Risk y yo perdí porque no me importa perder en los juegos. Por eso no sirvo. Comimos hamburguesas y usamos papel de baño en lugar de servilletas. Nunca entendí el acomodo de las calles. Tampoco fui a museos y esas mamadas. Sólo estuve en Rusholme. Recuerdo un terreno donde habían tumbado un edificio, y una pared con un anuncio pintado, muy tercermundísticamente. Era una agencia de viajes, probablemente un negocio de y para inmigrantes. Ahí era donde teníamos que dar vuelta para llegar a su casa, a una dirección que jamás recordaré, a donde envié incontables cartas diciendo quiénsabe qué sobre Madrid y la moda y el amor a lo película.

Emociones disparadas, disparatadas, disparates con tan poca causa y con tan poco propósito, rusheando en Rusholme. Ahora vivo con tan poco, y soy tan feliz. Qué dicha que el tiempo pase.

Sunday, October 21, 2007

Temo en verdad por mi salud mental

Hitherto I have always known que soy un poco pacheca. Que no me son necesarias las drogas para tripearme e irme a otro planeta, imaginando las cosas más bizarras. Pero siempre había estado muy alerta, muy consciente de mis viajes, muy capaz de agitar un poco la cabeza, tallarme un poco los ojos, y volver a centrarme en la realidad común y corriente. I thought nothing of it. No había tenido problemas con esto, y me parecía muy normal.

Pero siento que fácilmente podría quedarme en el avión un día de estos. Hay demasiadas cosas en qué tripearse: la textura del aire, la papilla de hojas, el girar de las calles, mi talón traccionando el pedal, el olor opresivo de las especies, los codos de las puertas -fire door, keep shut-. Los sonidos que se desparpajan, especialmente aquellos cuya procedencia sólo puedo imaginar. En general mi percepción está fucked up. Cada vez que abro la boca para hablar, sale de mí una Jénnifer en inglés, que no dice lo que quiero significar, aunque se asemeje, y que a falta de práctica y fluidez y precisión no puede profundizar ensayísticamente en los asuntos que tiene en mente. Terminamos las dos hablando en haikú, pensando braille y sintiendo en morse.

can I help
just go through the door, to your right and follow the signs to your room (diciendo "room" con acento glasgowense)
ta
I don't need this to be like this
estoy feliz
food
would you like to book that
text me and I'll say yes
bus number forty four or eleven
can I get
no worries
I have none
I need no one

Me da un poco de vergüenza con mis colegas y mis managers. No sé qué han de pensar de mí. Pero no puedo evitarlo, me salgo del carril no porque ande explorando, sino porque no tengo tanta fuerza para dirigirme con rectitud. A veces quiero preguntarles: ¿te parece que hago las cosas mal porque estoy loca? Pero me da miedo introducir esa idea en sus mentes. Si no les hago esa pregunta todavía estará la posibildiad de que jamás les haya parecido anormal mi comportamiento.

Y luego sólo está el río y el otoño y regresar a mi casa aventando las llaves y prendiendo la tele para no pensar.