Tuesday, February 13, 2007

Av. Vas con celos

Por qué ya no me habla, por qué ya no me busca, por qué ya no me sueña, por qué ya no le interesa, por qué no contesta mis cartas, por qué cuando desperté, por qué ya no me envía postales de sus viajes, por qué ella es más guapa, por qué ya no piensa en mí, por qué me dejó sin decir adiós, por qué la penélope en el puerto, por qué estas lágrimas, por qué esta tristeza, por qué la sirenita, por qué no sé, por qué así, por qué piensa que soy peor que antes, por qué no me perdona, por qué hay otra, por qué tantas preguntas, por qué no sé nada, por qué con cilantro, por qué hoy no y ayer sí, por qué estoy así, por qué esa foto en su fotolog, por qué no me dijo a dónde, por qué he sido reemplazada, por qué nos engañamos así, por qué no sé quién es ella, por qué me siento así, por qué no puedo dejar de pensar en esto, por qué, por qué, por qué...

Todo esto me preguntaba, manos temblorosas al volante, levemente histérica, ojos encharcados, cuando de pronto un semáforo se puso en rojo y me contestó:

Vas con celos

Tuve que reirme como una loca.

Sunday, February 11, 2007

Tú, moreno, eres la razón de mi existir

A juzgar por lo mal que lo he pasado estas últimas noches (llevo concretamente dos semanas durmiendo en el sobresalto, soñando con muertes, suicidios, violaciones, heridas, sospechas, intrigas, y por eso me siento fatigada y triste (no vaya usté a creer que me siento triste por otra cosa, no, no, para nada))... como decía, a juzgar por lo mal que lo he pasado estas últimas noches, es evidente que he estado abusando de la cafeína.

Mis hábitos de espresso doble, pedalear, dos cafés de filtro por la mañana, un italian coffee por la tarde, pedalear, espresso doble, nescafé con leche y luego dormir me habían energizado, me habían hecho sentir viva, eufórica, profundamente feliz. Después de todo, ¿quién, como yo, no ha confundido el encafeinamiento con el enamoramiento? Las palpitaciones, las manos sudorosas, las pupilas dilatadas, la boca seca, el nerviosismo (o las famosas mariposas en el estómago), el sonrojamiento, las emociones disparatadas, la pérdida del apetito, la incapacidad de dormir, ¿no ocurren en uno y otro estado? Es por eso que estoy en rehabilitación.

¡Oh, moreno, cuán honda es la pena de tener que dejarte! Si pudiera una vez más acercar mi boca a la orilla de la taza en que humeas, si pudiera otra vez sentir tu trago amargo, despertarme por la mañana junto a ti, aspirar tu arábigo aroma... si pudiera tenerte en mis manos de nuevo tu cafeína en mis pupilas renovaría mi mundo. ¡Con razón los poetas te adoran, los amigos se reúnen en tu nombre y los oficinistas te son esclavos!

Grande y duradero fue nuestro amor pero ahora debo decirte adiós.

«Ojalá seas feliz sin mi», te digo, y en ese subjuntivo hay una gran amargura escondida.

Porque el café sin mí seguirá siendo el café, pero Jénnifer sin el café jamás podrá volver a ser la misma.

Friday, February 09, 2007

No te perdono por mirarme así

"Cuando el periodista francés Jules Leclerq estuvo en Monterrey en uno de los viajes inaugurales del ferrocarril en 1883, con hiriente ironía describió las casas de la ciudad como dos hileras de muros con agujeros. Para quien procedía de París y conocía otras grandes ciudades resultó explicable (aunque no perdonable por la altanería) que las mirara así."
-César Morado e Israel Cavazos Garza. Fábricas de la frontera. 2006.

Vendí la casa

y con ella el jardín donde vivía Gargantúa. Hacía tiempo que no me hablaba.

Decidí viajar al mar, pero primero me encerré a llorar en un cuarto de hotel por una semana. Me enfermaba el papel tapiz, el lavabo, la cama diminuta, la televisión empotrada, la alfombra apestosa. Al asomarme por la ventana, me enfermaba el cielo y la calle, la gente y los coches. Pero sobre todo me enfermaban los árboles civilizados, sus pedacitos de tierra encuadrados por el cemento de la banqueta. Esos árboles que, ignorados por todos, repetían poesía para sí, sacudiendo sus hojas contra el viento, haciendo un ruidito que me recordaba a los cascabeles en el tobillo de un matachín.

«Quisiera alargar la mano y tocar uno de sus dedos», pensé.

Tocada / lectura (y se rumora que también vino gratis)