Thursday, January 18, 2007

No obstante, decidí ponerle “Gargantúa” a mi pequeño. Le pregunté un día: ¿tu nombre es “Gargantúa”? Y estuve segura de entender que me decía que sí.

Ya desde que vivía adentro de mi oreja, su primer brazo, es decir, tallo, se desenroscaba perezosamente, mostrando una pequeña mano verde deliciosamente perfecta. Ahora en la incubadora su mano había crecido bastante, y se movía casi imperceptiblemente para comunicarse conmigo.

Durante los tiempos de su infancia pre-plantación, Gargantúa y yo la pasamos muy bien juntos. Su incubadora era práctica y portátil, así que no tenía que quedarse solo en la cornisa cuando yo salía. Le gustaba pasear en coche, especialmente por la carretera. Para evitar tragedias, adecué el asiento del copiloto con un cinturón de seguridad que confeccioné con una cinta métrica de sastre y un poco de resistol cinco mil. El bote de Gerber quedaba a una distancia buena de la ventana: le daba aire y sol pero no demasiado. Gargantúa era mejor que un hijo humano, pues yo no le tenía que dar nada más que agua y compañía, y no hacía nada de ruido. La felicidad de Gargantúa tenía una belleza minimalista, perfecta.

Wednesday, January 17, 2007

Gato, el pez Betta de mi hermano,

se agita dentro de su pecera pidiendo comida. ¡Pobre Gato!, no recuerdo cuándo fue la última vez que le di de comer. Y pensar que mi hermanito lo puso a mi cargo.
–Mejor que viva una temporada aquí en tu librero, –dijo mi hermano un par de meses después de que le regalé a Gato– aquí va a estar más contento y ya no intentará escaparse.
Suicidarse, más bien, pensé.
–Tal vez si no subieras tanto el volumen de tus videojuegos, a Gato no le daría por tratar de huir de su pecera –le dije, y de inmediato me mordí la lengua porque me sentí como mi mamá. Pero es que esa música de los videojuegos es de verdad insoportable. Estúpido pez nihilista. No te mereces estas apestosas hojuelas de alimento para peces que con tanta voracidad deglutes. Te regalé a mi hermano para compensar el que su recién adquirido gato callejero se hubiese «escapado», y tú no puedes hacer más que decidir que la vida en una pecera no vale la pena.

–Se llama «Gato» –le había dicho a mi hermano, entregándole la pecera, sin dejar de echarle una resentida mirada de «¿cómo pudiste?» a mi madre, quien se hizo la desentendida.
–Mira, Ximena, a mi me gustan mucho los gatos, pero tienes que entender que las mascotas peludas son muy antihigiénicas; no son buenas para los niños –me explicó después, como para contestar a mi pregunta.
–Sí pero, ¿por qué no le dijiste la verdad?
–Bueno, ¿y a ti en qué te afecta?

Tuesday, January 16, 2007

–Deberías ponerle “Gargantúa” –

me dijo José. Colocábamos el bote de Gerber sobre la cornisa, donde daba el sol por las mañanas. Mi pequeño dormía plácidamente sobre un algodón mojado que lo arropaba adentro de aquella incubadora improvisada.

–¿Por qué “Gargantúa”?

–Gargantúa es un célebre personaje de Rabelais. También fue parido por la oreja de su madre.

–Me parece un poco raro. ¿No se habrá equivocado el señor Rabelais? Más bien debería haber sido “Orejúa”, me parece a mí.

Sunday, January 14, 2007

Antes de escuchar el sonido de la muerte,

el cual, por cierto, es muy parecido a ese zumbido que se escucha cuando está a punto de desmayarse uno, el aparato me abrazó en su ronrroneo terrible. Como un niño que duerme sobre una esponjosa nube de caricatura, así me acurruqué en sus vibraciones color ocre y marrón.

Poco más tarde, el dolor de oído se volvió insoportable, y tuve que ir al doctor a que me abrieran. Dentro de mi oreja encontraron el frijol que me había guardado ahí cuando tenía tres años para rescatarlo de la cruel comida que preparaba mamá. Ya había olvidado aquel heroico acto de compasión, y ahora el frijolito comenzaba por fin a germinar. Lo estuve empollando, durante casi la totalidad de mi existencia, cerca de la entrada de la trompa de mi Eustaquio (que es el conducto que lleva la música a la faringe, según me explicó el doctor).

«Tendremos que matarlo», me dijo el batiblanco, con su bisturí balanceándose peligrosamente sobre mi pequeño.

«Por favor, ¡no le haga daño!», supliqué. «Quisiera ponerlo en una maceta, a ver si se anima a seguir creciendo.»

Saturday, January 13, 2007

Fueron muchos malos augurios

los que auguraron la muerte de Ruidos en el Techo.
  1. 4. Se rompió la cuarta cuerda de mi bajo, MI (que viene del inglés "me", que significa "yo").
  2. 3. No salimos en la Rolling Stone de noviembre de 2006.
  3. 2. Se murió el quiste en mi segundo ovario, y con él mi bitchiness.
  4. 1. Cuando decíamos el complicado nombre de nuestra banda, siempre nos burlábamos: ruidos en el techo, pasos en el tejado, estruendos en la azotea, murmullos en el ático, pájaros en el alambre, suspiros en la corniza, gatos en el balcón... Hay que admitir que hay algo de vertiginoso en ello.
  5. 0. «Esto es cavar tu propia tumba», dijo la voz pero no le hice caso.
  6. -1. Habrá otro SXSW en el 2008.
  7. -2. Existen alrededor de 6.5 billones de seres humanos en el planeta tierra; al parecer ya no había ningún motivo para tener una banda con éstos dos en particular.
  8. -3. No, no hubo tocada de despedida. Es más, en la última tocada de reet, yo (al igual que ustedes) no estuve ahí.
  9. -4. Pero... dios mío, ¿por qué no nací con pene? Todo hubiera sido menos complicado.