Friday, November 03, 2006

No es el orgullo

lo que ciega mi corazón.
Es tu hambre,
tu pereza canicular.

Debo dejar de repetir la palabra "soledad".
Parece que la uso de excusa
para abrazar el hueco que me recorre
desde el diafragma hasta el tobillo,
haciendo de mis costados
una extensión de mis piernas,
y desplazando el eje
de la cadera
hasta la clavícula.

Así resalto los hundimientos:
valles sin crestas,
depresiones, lagos,
la matriz, el ombligo,
la ausencia de tu lengua.

En cambio, si dejo de repetirlo
como niña de rosario
puede que mi fe
eventualmente se extinga.

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