relacionado con «ser escritor» son cosas que no me van. Es tener la agenda atiborrada con lugares a dónde ir, gente con quien hablar, andar de aquí para allá, de allá para acá, y hacer todas esas cosas contrarias a «escribir». Porque para escribir (o al menos para yo poder escribir) hay que sentarse y estar quieto, no hablar, no relacionarse, elevarse a otros mundos, servir de médium a espíritus insospechados.
Empiezo a pensar que quizá hay mucho de parecido entre «ser escritor» y «ser rockstar» en el sentido de que para vender tu libro (tu disco) tienes que presentarte y andar de gira y armar polémica y tener, en suma, todo un plan de márquetin. Pero cuando se es rockstar (o bueno, quitémosle el "star"), presentarte es algo esencial, porque es donde se da realmente la simbiosis entre los músicos y los escuchadores, en el escenario es donde ocurre toda la magia. Con la escritura no sucede así, lo aburrido sucede precisamente en las mesas de discusión y la magia ocurre en el silencio y en la reclusión de cada quien. A menos, claro, que sea literatura oral, más bien, escrita para ser leída en voz alta, como casi nunca lo es hoy en día. (Odio la frase "hoy en día", porque suena a algo dicho por alguien con dentadura postiza: en mis tiempos todo era mejor... y no se dan cuenta que los tiempos en realidad siempre son iguales, es decir, igual de malos.)
He estado escuchando muchos audiolibros, y la diferencia entre, por ejemplo, un libro de Conan Doyle y uno de Oscar Wilde, es que el primero se puede escuchar sin tener que ponerle pausa y meditar lo que acaba de decir. El segundo es menos inmediato, y su nivel inmediatez no aumenta mucho con sólo escuchar su lectura en voz alta.
(Por "inmediato" quiero significar algo que se absorbe con facilidad.) En Wilde, el alto volumen de sentencias abstractas, que dan toda una visión metafísica del mundo, no permiten simplemente ponerle play y escuchar, más bien, si lo haces es más fácil que se te escape lo que es realmente valioso en sus libros.
No pretendo prescribir nada aquí. Ni sabría decir si es mejor escribir para un «lector hembra» que un lector ¿macho?
El caso es que todavía no termino de reconciliarme con la idea de vender mi trabajo de escritura, como sí me he reconciliado con la idea de vender mi música.
Hola Jeniffer. Sí, diste en el clavo pero no te sientas mal por vender la escritura. Todo mundo le da una aureola de pureza al arte de escribir cuando en realidad es mucho más simple: contar una historia. Y si te pagan por escribirla, qué hay de malo en eso ¿Se enojan los fontaneros cuando les pagan? ¿Se enojan los rock stars cuando les depositan? Saludos.
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