Amigos, lectores, escritores... recomiéndenme poetas nuevos o seminuevos, de preferencia mexicanos, así para leer y electrificarse rico. Soy muy mala lectora, conozco poco. Extraño el español, estoy asombrada por la plasticidad del lenguaje, y para mi curso quiero traducir poquita poesía al inglés.
Ya sé que yo debería saber más de esas cosas pero podría usar la excusa de ... "oh, pero yo soy narradora"
El profesor que me tutorea es medio mexicano, es decir, nació en México, pero está muy desactualizado! En su biblioteca hay una antología de "New Mexican Poetry", editada por Octavio Paz, que nomás por las tapas te das cuenta de que se publicó antes de los 70s y que contiene la peor traducción posible de "Algo sobre la muerte del mayor Sabines", y, no sé, me da algo de desconfianza! Así que una vez más acudo a ustedes para encontrar mi salvación, Amén.
Tuesday, November 27, 2007
Saturday, November 24, 2007
Transl.intolerance
I can't stand people who translate 'mirada' as 'glance'.
A glance lasts less than an instant. A mirada evacuates us from time.
A glance lasts less than an instant. A mirada evacuates us from time.
Thursday, November 22, 2007
Comida relativa o perteneciente a la basura
Vivir en un país tan caro me ha hecho reflexionar mucho más sobre asuntos de anti-consumismo y casi todo lo que hago se vuelve una cuestión ética. En Monterrey también era militante, pero de una manera mucho más relajada. Por ejemplo, me sentía incómoda manejando, traté de regalarle el carro a mi hermana y trataba de moverme en bici en el centro, pero aún así agarraba el carro para ir al súper, a la lavandería, algún evento nocturno, y la peor: para ir al gimnasio. (¿Así o más estúpido? Pagamos una cuota mensual exagerada, nos compramos el atuendo especializado y de marca, compramos y quemamos gasolina, gastamos 15 o 20 minutos (primero de ida y luego de vuelta) estresándonos por el tráfico y el estacionamiento, todo para hacer una hora de ejercicio en unas máquinas... ¿no nos hubiéramos ahorrado tiempo, dinero y estrés simplemente saliendo a caminar una hora?) Pero aquí no soñaría con manejar: sin contar el hecho de que no tengo carro, la gasolina es muy cara, el seguro lo es más, el ciclismo es ampliamente aceptado como medio de transporte y al final, es mucho más fácil no manejar y de paso decir: es antiecológico. En ese sentido me parece que aquí las cosas tienen el precio correcto: todo es carísimo PORQUE el consumismo es maligno. Así las cosas, es fácil no consumir.
Al principio fue un poco doloroso, pero gracias a que soy pobre he renunciado a muchas de esas cosas "de lujo" que además son malas para nuestro cuerpo y para el planeta.
En Monterrey mi dieta se basaba en avena, leche, fruta, verduras, cosas enlatadas, quesos, carnes frías y comidas congeladas, todo lo compraba en supermercados y a veces prefería el HEB que el Gigante o Soriana, usaba mucho el microondas y la licuadora, comía muchas cosas del seven y del oxxo, y comía en restaurantes 3 o más veces por semana.
En Glasgow mi dieta se basa en avena y pan y sopa que me robo del hostal donde trabajo, comida abandonada o regalada por los huéspedes, o comida que sobró de la cafetería donde trabaja Thom. Lo hice por ver qué pasaba: decidí no comprar comida en lo absoluto por dos semanas y sólo vivir de las sobras de otra gente. Pensé que iba a sufrir hambres y penurias, pero muchas veces tuve más comida de la que podía comer. Y al principio me sentía mal, como avergonzada de no tener dinero, pero luego pensé: ¿no es una arrogancia de mi parte, querer ser independiente y autosuficiente y no necesitar jamás pedir ayuda? Aceptar las sobras de alguien, ¿no es una valiente lección de humildad?
Mel trabaja en una granja y a veces le pagan en vegetales, y con eso nos hacemos unos festines veganos de lujo. ¿Mencioné que decidieron apagar su refrigerador para ahorrar energía? De manera que primero hay que consumir lo que se echa a perder, y las papas y zanahorias, todavía terrosas y guardadas en un lugar oscuro, pueden durar muchos meses.
A veces, cuando ando chiflada, compro verduras en la verdulería, o couscous o arroz o huevos o pan en el cooperativo, y se siente como un verdadero lujo. Nunca jamás voy a los supermercados grandes, principalmente porque me agobian con todas sus "ofertas" y productos tentadoramente listos para comer, pero también porque son grandes corporativos malignos. No compro leche, ni queso, ni carne, principalmente porque es caro, así que me estoy haciendo casi vegana sin querer.
Me gusta comer tanta cosa pre-basurero, pero también quiero explorar la comida post-basurero. Una práctica común entre los círculos jipis, izquierditas, ambientalistas, anarquistas y demás, y que no me he atrevido a explorar todavía, es ir a los basureros de los supermercados a rescatar comida que pasó su fecha de caducidad o que tiene algún desperfecto pero que todavía está buena. Como es de suponer, mucha comida se desperdicia en el primer mundo, y se vuelve absurdo trabajar como esclavo para luego comprar comida que podrías obtener de agratis si tan sólo tuvieras la humildad de meter la mano al basurero. Eso sin pensar todavía en el hambre mundial y la contaminación.
El otro día me chiflé y compré algo enlatado, y sabía asquerosamente a lata. Comí algo procesado, y sabía a químicos. Tomé un café en un café, y aparte de que no sabía tan especial, me sentí super fresa. Por algo es un cliché: entre menos tengo, menos necesito.
Al principio fue un poco doloroso, pero gracias a que soy pobre he renunciado a muchas de esas cosas "de lujo" que además son malas para nuestro cuerpo y para el planeta.
En Monterrey mi dieta se basaba en avena, leche, fruta, verduras, cosas enlatadas, quesos, carnes frías y comidas congeladas, todo lo compraba en supermercados y a veces prefería el HEB que el Gigante o Soriana, usaba mucho el microondas y la licuadora, comía muchas cosas del seven y del oxxo, y comía en restaurantes 3 o más veces por semana.
En Glasgow mi dieta se basa en avena y pan y sopa que me robo del hostal donde trabajo, comida abandonada o regalada por los huéspedes, o comida que sobró de la cafetería donde trabaja Thom. Lo hice por ver qué pasaba: decidí no comprar comida en lo absoluto por dos semanas y sólo vivir de las sobras de otra gente. Pensé que iba a sufrir hambres y penurias, pero muchas veces tuve más comida de la que podía comer. Y al principio me sentía mal, como avergonzada de no tener dinero, pero luego pensé: ¿no es una arrogancia de mi parte, querer ser independiente y autosuficiente y no necesitar jamás pedir ayuda? Aceptar las sobras de alguien, ¿no es una valiente lección de humildad?
Mel trabaja en una granja y a veces le pagan en vegetales, y con eso nos hacemos unos festines veganos de lujo. ¿Mencioné que decidieron apagar su refrigerador para ahorrar energía? De manera que primero hay que consumir lo que se echa a perder, y las papas y zanahorias, todavía terrosas y guardadas en un lugar oscuro, pueden durar muchos meses.
A veces, cuando ando chiflada, compro verduras en la verdulería, o couscous o arroz o huevos o pan en el cooperativo, y se siente como un verdadero lujo. Nunca jamás voy a los supermercados grandes, principalmente porque me agobian con todas sus "ofertas" y productos tentadoramente listos para comer, pero también porque son grandes corporativos malignos. No compro leche, ni queso, ni carne, principalmente porque es caro, así que me estoy haciendo casi vegana sin querer.
Me gusta comer tanta cosa pre-basurero, pero también quiero explorar la comida post-basurero. Una práctica común entre los círculos jipis, izquierditas, ambientalistas, anarquistas y demás, y que no me he atrevido a explorar todavía, es ir a los basureros de los supermercados a rescatar comida que pasó su fecha de caducidad o que tiene algún desperfecto pero que todavía está buena. Como es de suponer, mucha comida se desperdicia en el primer mundo, y se vuelve absurdo trabajar como esclavo para luego comprar comida que podrías obtener de agratis si tan sólo tuvieras la humildad de meter la mano al basurero. Eso sin pensar todavía en el hambre mundial y la contaminación.
El otro día me chiflé y compré algo enlatado, y sabía asquerosamente a lata. Comí algo procesado, y sabía a químicos. Tomé un café en un café, y aparte de que no sabía tan especial, me sentí super fresa. Por algo es un cliché: entre menos tengo, menos necesito.
Carta a Santoclós
A cinco minutos de mi casa hay una tienda que se llama "Lupe Pintos Deli" donde se consigue de todo, desde mate hasta hojas para tamal pasando por el chorizo español y el queso manchego. Muchas latas de dudosas marcas tex-mex conteniendo mole, paté de berenjena, chipotle y otras muchas cosas interesantes de alrededor del mundo. Pero una bolsita con cinco chiles de árbol viene costando como 70 pesos, así que es ridículo; no sueño siquiera con comprar cosas ahí, y me contento comiendo cosas pertenecientes o relativas a la basura.
Se siente medio estúpido/ingenuo escribir esta lista, pero nunca se sabe, quizá alguien se siente muy generoso este fin de año y decide mandarme alguna cosa de México. En caso que alguien sintiese impulso semejante, aquí está una lista de mis cosas favoritas:
-Café Bola de Oro, de Veracruz. Aquí mucho café orgánico y fair trade y cuánta cosa, muy fifí, pero no he encontrado ningún café que sepa tan rico como el Bola de Oro.
-Café verde, sólo porque aquí no he visto y me quedé con ganas de probarlo.
-Chocolate Mi abuelita. Misma cosa.
-Salsa, de cualquiera, de la que les guste, botanera, roja, verde, de la viuda, del primo, del compadre, de su mamá, de la que sea.
-Mole, de preferencia de ese que en Monterrey venden en bolsa en los puestos de artesanías o en los mercados chiditos de más al sur venden a granel.
-Chile de árbol, y en general cualquier tipo de chile seco. Los jalapeños aquí son muy fáciles de conseguir.
-Carne seca.
-Un molcajete.
-Tortillas de maíz. Las de harina se consiguen en cualquier tiendita!
-Extraño mucho el queso panela y oaxaca, pero pues ya sé que eso está cabrón mandar.
-Huitlacoche.
-Piloncillo.
-Atuendos de manta con bordados, entre más colores mejor.
-Mejor todavía, ropa extraña de paca, de esas cosas que cuestan 10 pesos en los mercaditos y que nunca vas a ver nada igual en tu vida.
-Un morral de esos de quince pesos, blanco con colores y tirante super incómodo, o una bolsa de mandado de esas de cuadros de colores.
-Un poncho.
-Una cobija de esas de cuarenta pesos, de cuadritos.
-Cigarros. Casi no fumo ya porque aquí un paquete de Camels cuesta como 90 pesos. Pero qué rico sería un Delicado sin filtro tempranito una mañana de invierno!
-Tequila y/o mezcal. No tomo mucho, pero un traguito me quitaría el frío.
-En cuanto a dulces y eso, creo que los dulces de tamarindo que más me gustan son unos cuyo nombre se me olvida: esos que vienen en un popote rojo y que ponen en medio de la chamochela. (Claro que acompañados de una chamochela de indio son mejores, pero ya sé que no se puede tener todo.) Otros favoritos: mazapán, pulparindo, rollerindo, rollo de guayaba, pelucas.
-Aretes colgantes y de preferencia que hagan ruidito. Acá tienen un tabú muy extraño contra los aretes grandes.
-Té chai marca celestial seasonings. ya sé que no tiene nada de mexicano, pero aquí no he conseguido nada que lo sustituya.
-Todo buen bohemio en México pide Moleskins, yo pido una Jean Book Scribe de cuadro grande tamaño francesa.
-Oh, y ese juguete de madera que son cuadritos de colores y que cuando los levantas se va bajando un cuadrito... me expliqué?
-Cualquier curiosidad de hierbería, desde polvos de amor, jabón para atraer el dinero, una santa muerte de plástico, o cualquier santito o veladora de santito, o estampa de santito, especialmente si trae una oración bizarra al reverso, hasta manzanilla o canela a granel, que todas las hierbas aquí se venden de apoquito y carísimo.
-¿Se me olvida algo?, probablemente.
-Una foto de cualquiera de estas cosas también me haría muy feliz!
Si quieren mandarme algo por correo pero no se saben mi dirección pueden escribirme a juana.girasola@gmail.com, o también me pueden mandar alguna cosita con mis papás que vienen ahora en navidad.
A cambio les puedo escribir un texto o tocar una canción..
Se siente medio estúpido/ingenuo escribir esta lista, pero nunca se sabe, quizá alguien se siente muy generoso este fin de año y decide mandarme alguna cosa de México. En caso que alguien sintiese impulso semejante, aquí está una lista de mis cosas favoritas:
-Café Bola de Oro, de Veracruz. Aquí mucho café orgánico y fair trade y cuánta cosa, muy fifí, pero no he encontrado ningún café que sepa tan rico como el Bola de Oro.
-Café verde, sólo porque aquí no he visto y me quedé con ganas de probarlo.
-Chocolate Mi abuelita. Misma cosa.
-Salsa, de cualquiera, de la que les guste, botanera, roja, verde, de la viuda, del primo, del compadre, de su mamá, de la que sea.
-Mole, de preferencia de ese que en Monterrey venden en bolsa en los puestos de artesanías o en los mercados chiditos de más al sur venden a granel.
-Chile de árbol, y en general cualquier tipo de chile seco. Los jalapeños aquí son muy fáciles de conseguir.
-Carne seca.
-Un molcajete.
-Tortillas de maíz. Las de harina se consiguen en cualquier tiendita!
-Extraño mucho el queso panela y oaxaca, pero pues ya sé que eso está cabrón mandar.
-Huitlacoche.
-Piloncillo.
-Atuendos de manta con bordados, entre más colores mejor.
-Mejor todavía, ropa extraña de paca, de esas cosas que cuestan 10 pesos en los mercaditos y que nunca vas a ver nada igual en tu vida.
-Un morral de esos de quince pesos, blanco con colores y tirante super incómodo, o una bolsa de mandado de esas de cuadros de colores.
-Un poncho.
-Una cobija de esas de cuarenta pesos, de cuadritos.
-Cigarros. Casi no fumo ya porque aquí un paquete de Camels cuesta como 90 pesos. Pero qué rico sería un Delicado sin filtro tempranito una mañana de invierno!
-Tequila y/o mezcal. No tomo mucho, pero un traguito me quitaría el frío.
-En cuanto a dulces y eso, creo que los dulces de tamarindo que más me gustan son unos cuyo nombre se me olvida: esos que vienen en un popote rojo y que ponen en medio de la chamochela. (Claro que acompañados de una chamochela de indio son mejores, pero ya sé que no se puede tener todo.) Otros favoritos: mazapán, pulparindo, rollerindo, rollo de guayaba, pelucas.
-Aretes colgantes y de preferencia que hagan ruidito. Acá tienen un tabú muy extraño contra los aretes grandes.
-Té chai marca celestial seasonings. ya sé que no tiene nada de mexicano, pero aquí no he conseguido nada que lo sustituya.
-Todo buen bohemio en México pide Moleskins, yo pido una Jean Book Scribe de cuadro grande tamaño francesa.
-Oh, y ese juguete de madera que son cuadritos de colores y que cuando los levantas se va bajando un cuadrito... me expliqué?
-Cualquier curiosidad de hierbería, desde polvos de amor, jabón para atraer el dinero, una santa muerte de plástico, o cualquier santito o veladora de santito, o estampa de santito, especialmente si trae una oración bizarra al reverso, hasta manzanilla o canela a granel, que todas las hierbas aquí se venden de apoquito y carísimo.
-¿Se me olvida algo?, probablemente.
-Una foto de cualquiera de estas cosas también me haría muy feliz!
Si quieren mandarme algo por correo pero no se saben mi dirección pueden escribirme a juana.girasola@gmail.com, o también me pueden mandar alguna cosita con mis papás que vienen ahora en navidad.
A cambio les puedo escribir un texto o tocar una canción..
Wednesday, November 21, 2007
Truth is structured like a fiction:
As if to teach me a lesson, as if coersion, as if taking disciplinary measures, the microphone fell on my keyboard, breaking off the accent key, chingándose la tecla del acento, como para decirme:
Thou shalt renounce your own language.
Thou shalt renounce your own language.
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