leerlas hasta que se me desmedre el estómago, hasta que se me ictericie de huertos, de heridas entreabiertas, de carne talada, de sangre que llueve hacia arriba. Tomar esa gotera, ese malestar como arrancarme una gallina del plano transpilórico, ensangrentada, y a arañazos y picotazos convertirlo en poema




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