buscó en mi índice
un anillo
que perdí hace 13 años.
Así de rápido te olvido.
Monday, March 17, 2008
Wednesday, March 12, 2008
Munir
Caminando por aquí voy reconociendo los nombres de mis personajes. Lauder, Fanny, Sandy, Morten, Angus... Incluso Jennifer. Hay tantas Jennifers que me dan ganas de vomitar. todos estos nombres existen y son comunes, los veo en letreros, los oigo mencionar. Los reconozco, y pienso: yo no los inventé, fue Glasgow quien me inventó a mí inventando estos personajes. El más ridículo fue el que encontré hoy: Munir. Piche Munir, así nomás, en el camino a mi casa en la cima de la colina. M U N I R, las letras claramente inscritas en una placa atornillada a una casa, sin ninguna otra explicación. Me dieron ganas de timbrar, y vomitarle a quien abriera -sin ninguna cortesía ante su estado de confusión- estos extractos de mis diario de 1999:
"Un día me desperté con la seguridad de que habías regresado a tu pequeña casa. Te supe sentado en tu sillón de terciopelo verde, fumando despacio, en la oscuridad. De un brinco me levanté y corrí por días y días a buscarte.
Llegué arrastrándome a donde ya no vives, y me senté en tu antiguo trono. Tu sillón de terciopelo verde aún estaba tibio de tí, y el humo de tu cigarro todavía no terminaba de disolverse en el aire. La noche cayó encima de mí como cien dragones hartos de dormir.
Te estoy tejiendo una cobija con plumas de pájaros, sentada en la repisa de la ventana de la casa vieja, de muchos pisos, sótanos y áticos, en la cima de la colina. La tejo aquí para que sea una manta que tenga todo lo de un ave excepto el ave.
Es para que sueñes, Munir."
"Un día me desperté con la seguridad de que habías regresado a tu pequeña casa. Te supe sentado en tu sillón de terciopelo verde, fumando despacio, en la oscuridad. De un brinco me levanté y corrí por días y días a buscarte.
Llegué arrastrándome a donde ya no vives, y me senté en tu antiguo trono. Tu sillón de terciopelo verde aún estaba tibio de tí, y el humo de tu cigarro todavía no terminaba de disolverse en el aire. La noche cayó encima de mí como cien dragones hartos de dormir.
Te estoy tejiendo una cobija con plumas de pájaros, sentada en la repisa de la ventana de la casa vieja, de muchos pisos, sótanos y áticos, en la cima de la colina. La tejo aquí para que sea una manta que tenga todo lo de un ave excepto el ave.
Es para que sueñes, Munir."
Monday, March 10, 2008
Tú que interpretas en tu vibrar mi quebranto
Recientemente llegué a la conclusión de que yo soy una guitarra. Había numerosas pistas que indicaban lo anterior, pero hasta hora había vivido cegada a ellas. En primer lugar están mis vertiginosas curvas, mis huecos resonantes, la rigidez de mis brazos, la tensión de las cuerdas que me mantenían amarrada a no sé que espeluznantes notas del pasado. A eso hay que agregar mi fijación por alinear mi espalda contra el vientre de las músicos, mi afición por los números 5 y 12, y la atracción magnética que ejercen mis caderas sobre las manos de músicos varios, principalmente guitarristas. Por último está mi melancolía sólo poder sonar cuando alguien me toca, mi inevitable posición de objeto, mi relación con balcones y malos poetas, mi repitibilidad en acordes simples, mi empolvada tablatura, mi forma fija, mi frustración de no ser sombrero, o pájaro, o árbol, o violín por lo menos. Todos los días me levanto temprano, me cuelgo de una pared, o un hombro, o me siento en una rodilla, como una telaraña vieja, como calcetín, repitiendo las frases de los muertos, repitiendo frases que no son mías, palanca del histriónico, caparazón vacío.
Sunday, March 09, 2008
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