Monday, March 10, 2008

Tú que interpretas en tu vibrar mi quebranto

Recientemente llegué a la conclusión de que yo soy una guitarra. Había numerosas pistas que indicaban lo anterior, pero hasta hora había vivido cegada a ellas. En primer lugar están mis vertiginosas curvas, mis huecos resonantes, la rigidez de mis brazos, la tensión de las cuerdas que me mantenían amarrada a no sé que espeluznantes notas del pasado. A eso hay que agregar mi fijación por alinear mi espalda contra el vientre de las músicos, mi afición por los números 5 y 12, y la atracción magnética que ejercen mis caderas sobre las manos de músicos varios, principalmente guitarristas. Por último está mi melancolía sólo poder sonar cuando alguien me toca, mi inevitable posición de objeto, mi relación con balcones y malos poetas, mi repitibilidad en acordes simples, mi empolvada tablatura, mi forma fija, mi frustración de no ser sombrero, o pájaro, o árbol, o violín por lo menos. Todos los días me levanto temprano, me cuelgo de una pared, o un hombro, o me siento en una rodilla, como una telaraña vieja, como calcetín, repitiendo las frases de los muertos, repitiendo frases que no son mías, palanca del histriónico, caparazón vacío.

1 comment:

  1. Hey, esto me gustó mucho. Está lindísimo. Saludos!

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