Saturday, July 08, 2006

Siempre me pasa lo mismo,

vengo a la lavandería y se me olvida traer un libro. No importa cuánto esmero haya puesto en elegir el libro perfecto para leer en la lavandería, siempre termino olvidándolo.

Y entonces hay que saborear las pequeñeces de la vida para poder ser un poeta. O al revés. Lo cierto es que en mi bolsa para entretenerme únicamente hay lápiz y papel. Y le doy.

Hoy conocí a un tipo en el metro. Cuánta diferencia de él a Andrés, de Monterrey a Madrid. Si no hubiera tenido el valor de ser mediocre, estaría allá en estos momentos. Aunque en realidad fue más bien el valor de la posibilidad de ser mediocre.

Qué horror me da pensar en todas las cosas que nunca le dije. Qué lejos estamos, qué absurdo es todo esto. La realidad se equivoca unos instantes, dejando alinearse hechos que jamás se alinearían por sí solos, y todo es hermoso como un poema, con tantos significados y cursilerías salpicadas por aquí y por allá. Pero da igual. Sólo estamos solos.

Y mientras espero al ciclo de enjuague para poder poner el Suavitel, me doy cuenta de que sólo queda uno más en mi colección de círculos sin cerrar.

3 comments:

  1. This comment has been removed by a blog administrator.

    ReplyDelete
  2. This post has been removed by a blog reader.

    ReplyDelete
  3. que intriga

    ReplyDelete

Yes! Please let me know your thoughts!