Anoche fui con Nat a ver la película de los vaqueros gays. Fue curioso haber visto una película acerca de un hombre-pared precisamente en un 9 de marzo. (Ella lloró y yo no. Por qué no lloré, si yo lloro hasta con la película más boba.) Debe ser una especie de señal, supongo. Fuera del contexto socio-histórico de la película y el tema de la presión social (cosas que no me interesan mucho), me siento irremediablemente identificada con Ennis Delmar cuando me despierto hoy en mi casa silenciosa y raspo los últimos restos de café de un bote viejo de nescafé en busca de algo que me levante el ánimo. Y cuando veo un montón de platos sucios que me recuerdan con desdén que yo misma soy la que ha elegido estar sola, apresurándome sin saber por qué hacia la etapa de la tía solterona a la que hay que tenerle un poco de lástima porque no tiene nada en su vida excepto a sus gatos. Excepto que yo no tengo gatos. (She adds, sourly.)
Claro, no puedo quejarme de mi vida, en realidad estoy estupendamente, y no, no me quejo. Cuando alguien me pregunta qué me gustaría ver por mi ventana, algo que no vea ya y que desearia ver, no se me ocurre nada. Le digo: no, la vista es perfecta. Pues tengo todo lo que quiero, y no sólo en cuanto a cosas materiales.
Lo que me perturba es sólo el saber qué es aquello en lo que deseo convertirme. It's just this thing that lurks about me like an ill-omened bird.
No comments:
Post a Comment
Yes! Please let me know your thoughts!