y fue más interesante que ver televisión. Les voy a contar todo el chismesón porque después de ver todo eso no voy a poder dormir. Yo estaba practicando las rolas de Ruidos así que no escuchaba nada. Pero ya dio la hora en que me quería dormir, así que fui a mi cuarto y como estaba haciendo frío, me acerqué a la ventana para cerrarla.
-Otra vez, pendejo?- escuché, era una voz toda llorosa.
La voz de él, como siempre que se pelean ellos dos, se escuchaba mucho menos que la de ella.
-Dime dónde andabas. A la vuelta dónde. Dime, joto, dime dónde andabas. Pensé que me amabas, pendejo. Pensé que valías la pena. Te mantuve dos años, pendejo, quiero que me digas dónde andabas. Claro que eres un joto y un mantenido.
-Bueno y por qué no te largas?- le dice él
-Búscalo Jaime, yo no lo perdí, quiero que me lo busques.
Era por un arete que él le perdió, y le pedía que se lo buscara, él le decía que no estuviera chingando. Luego la cosa fue escalando, ella le gritaba y él se empezó a reir como desquiciado, y luego dijo, como gritando y apretando los dientes al mismo tiempo:
-Ya me tienes hasta la madre, pendeja.
-Por tus hijos, Jaime, nunca me quisite? Dime, pendejo, no seas joto, quiero que me digas que nunca me quisiste. Por tus hijos, Jaime. Pinche joto mantenido, dime, por tus hijos, nunca me quisiste?
-Por tu padre, Priscila, no sabías?- le dice, riéndose.
-Quiero que me lo digas, joto.
Etc. Luego vinieron los golpes. Escuché cómo la aventó contra un carro y ella empezó a llorar más fuerte.
-Mira lo que hiciste, pendejo, mira, me sangraste la nariz, pinche joto. Pobre de tu puta madre que sigue pensando que vales la pena. Pobre de tu hija Genia que es una pinche puta a la que no defiendes. Eres un mierda, no vales ni madres, pensé que valías la pena, pensé que me amabas, por qué me hiciste perder tanto dinero.
Yo pensé en llamar a la policía, pero no estaba segura de saberme el número, ni tampoco de si la policía se dignaría a ocuparse de un caso de pelea marital en un barrio medio dos tres como el mío, ni si les preocuparía que golpearan a una mujer que además lo estaba provocando, en todo caso, el Jaime ya se estaba calmando de todas maneras, y a la mujer no parecía importarle mucho haber sido golpeada. Tampoco parecía preocuparles mucho que hiciera frío, estuviera lloviznando, y que todos los vecinos seguramente estaban como yo escondidos atrás de las persianas observando todo el episodio.
Luego ella lo empezó a perseguir por la calle, y él se puso atrás de un carro para que no lo pudiera alcanzar. Ella muy altanera empezó a decir cosas horribles de su hija, de su esposa, de su madre, a ver si él las defendía, sólo para comprobar que les valía madres.
-Defiende a tu familia con la frente en alto, no seas joto. O no te importan? No te diste cuenta que te mantuve dos años? Cómo le hice? Pues trabajando, pendejo, cosa que tú no sabes hacer.
Él de pronto explotó y se fue hacia su cuello, ella sin rechistar, se la llevó hacia un lado como arrastrando. No pude escuchar ni oir más hasta un rato después, que la aventó contra un carro abajo de mi ventana, ella no lloraba ni nada, no sabía si la había herido o no. Estaba pensando si debía llamar al 071 o al 089 o al 060 (no, pero eso era en los ochentas), o conectarme a internet a ver si encontraba el teléfono de la policía. Después empezaron un juego de subirse o bajarse de la camioneta de ella. Seguían peleando y no podía oir más de lo que decían, así que me fui según yo a dormir. Luego escuché que el carro arrancaba, avanzaba un poco y se paraba otra vez. -Jaime, bájate de ahí.-le dice ella, llorando desconsolada. Te amo, pendejo, te amo. Bájate de ahí.
Luego escuché el inconfundible radio de un policía, y me asomé, y en efecto, Jaime estaba adentro del carro de los policías. Ella seguía implorando como loca, hasta que les dijo a los policías:
-Si eso quiere, que eso tenga- y le dio un tremendo cerrón a la puerta del carro del policía. Nadie podría escribir eso y hacerlo sonar creíble. Estuvo de no mames.
Entonces ella se subió a su camioneta (ahora sé que era suya y no de Jaime).
Toda la escena me puso un poco melancólica, a decir verdad. Cómo es posible que la gente se quiera tanto como para vivir cosas tan intensas. Recordé mis propias peleas en la calle, gritarse maldiciones valiendo madre que todos vean y escuchen, ser tratada como una loca histérica que hace berrinche, bajarme del carro en el centro a media noche entresemana, decirle que se vaya a la chingada, que él arranque rechinando llantas, llorar todos los días sin importar el lugar, rogar que me dé no sé qué cosa, sentir celos incontrolables, dejar que me hagan sentir mierda, etc., etc. y me asombra tanto haber pasado por eso, haber creído que valía la pena aguantarse más.
Pienso que las cosas que he aguantado antes no las volveré a aguantar nunca más. Por ejemplo un chavo me pegó medio jugando medio en serio cuando tenía 15 años. No le dije nada, simplemente me dí la media vuelta y me fui a mi casa, y eso fue el final de la "relación" que teníamos. Así han pasado muchas cosas y pienso que cada vez va a haber menos espacio para que me hagan algo que no haya aguantado antes. Cada vez va a haber menos espacio para la paciencia, todo el espacio lo voy a ocupar yo misma. Y al final estaré sola por completo. Tal vez por eso la gente se pelea, no? Al menos es una manera de sentir que conectas con alguien. Como cuando algunas mujerse, muy tristemente, quieren que su marido las golpee, porque así al menos saben que les importa.
Mi vecino de Villahermosa no está casado.
ReplyDeleteTsss... Tenías razón con lo de que no se llevaban, ¿eh?
¡Magaza!
(ya me faltan pocos meses pa acabar de leer su blog =D )