Saturday, March 04, 2006

Quiero escucharte, libro, todo el día.

Hay muchas cosas en esta vida que me causan inmenso placer. Dos de ellas son caminar y leer. Es lo que podría estar haciendo todo el día, todos los días; es lo que siempre quiero hacer cuando estoy de viaje; es lo que, según yo, más cultiva mi alma y mi intelecto; y siempre me he lamentado por la imposibilidad de hacer las dos cosas al mismo tiempo. Se rumora que David Toscana es capaz de hacerlo, y tengo idea de haberlo visto alguna vez cruzar la calle con la cabeza hundida en un paperback. Yo lo intenté un par de veces. La última vez, mi frente chocó con un aire acondicionado viejo y oxidado groseramente colocado a la altura de mi cabeza e invadiendo el área aérea de la banqueta pública para peatones (y qusiera poner especial énfasis en las palabras pública y peatones). Mis lentes salieron disparados a la calle, mi libro cayó en un charco, mi mochila derramó su contenido, vi negro con estrellitas, y mi frente desarrolló un chichón con sangre y eventualmente una cicatriz. Si el clima hubiera estado unos centímetros más abajo, podría haber perdido un ojo. Una escena muy caricaturezca. El caso es que caminar leyendo en Monterrey es un peligro.

Descubrí los audio eBooks hace algunos días. Era de noche y estaba en mi casa, sintiéndome un poco sola y melancólica, mi gato recientemente muerto, sin ganas de internet, con la vista cansada como para leer, sin ganas de escuchar música. Tenía unas ganas como de ver televisión, cosa que no tengo y que la verdad prefiero no tener. Y entonces dí en internet con una cosa maravillosa, que ha revolucionado toda mi perspectiva del entretenimiento: unos mp3 gratuitos de un libro de H.G. Wells leído por un humano! (Porque también los hay leídos por computadora, y esos sí que apestan.) Sólo había que ponerle play y sentarme en el sillón, en la oscuridad, escuchando e imagiando. No tenía que tener luz aducuada, buena postura, enfocar la vista. Ni siquiera tenía que concentrarme, la lectura me transportaba allí. Fue hermoso.

Luego dí con una página en donde se venden audio eBooks a precio de libro normal, y ahora estoy fantaseando con hacerme de una biblioteca de audiolibros, y escucharlos mientras camino por horas y horas. O mientras limpio mi casa. O mientras manejo. O mientras voy en bici. O mientras estoy en la cama a punto de quedarme dormida. O mientras estoy en el banco. O bien -el colmo del goloseo- mientras leo otro libro o tengo una conversación con alguien...
Por qué los audiolibros no son tan populares? Es que en los noventas sólo hacían audiolibros freakys de superación personal? No lo entiendo.

Nunca he tomado un curso de lectura rápida. Dicen que no pierdes el disfrute ni la comprensión ni la memoria de lo que estás leyendo. Pero en lo personal creo que un buen audiolibro escuchado en una larga caminata le gana por mucho a sentarse y leer una novela completa de Tolstoi en 20 minutos. Creo que lo que me gustó tanto de escuchar un libro es que me remontó a una época lejana en que mi padre me leía libros antes de dormir, aquellos mismos momentos en que nació mi amor por la literatura. Pero mi padre no lo hacía tan bien, intentaba engañarme saltándose las páginas, y siempre se quedaba dormido -exhausto como estaba- justo en la parte interesante. Ahora sólo es de ponerle play. Qué bendita tecnología, que nos permites escuchar la suave cadencia de nuestros clásicos favoritos, para imprimirlos deliciosamente en nuestras almas, amén.

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