in a standard, standoffish fashion. Polite proxemics and sufficient physical distance, asking questions in a safe environment behind the counters. We catalogue important dates, making sure we keep our taxonomies straight. Poetry is to be read only out of dictionaries. Discipline is to be attained.
We do not have a heart of slate; it is only our habits that have made us grow.
Slowly we pulled an ocean between ourselves and everything we thought we needed: life insurance, traffic jams, café late. Recently we discovered ourselves on a peculiar kind of island, not rooted to the core of the earth. Weights had to be put beneath it—we chose circumstance, randomness, the whispering science of clattering plates and other household chores. When this wasn’t enough we also hung weights from our arms and legs. Anything would do really. Pots and pans, turnip and ginger wrapped up in ribbons and bits of tinsel, a bottle of vinegar here and there. But he got the cereal boxes and I got the gin, and we had to sit long hours at the tailor’s, sticking needles beneath our nails to numb the pain of discrepancy.
Monday, December 31, 2007
Sunday, December 30, 2007
Friday, December 28, 2007
If I was truly listening the world would be unbearable.
Pay rent, or do what it takes to be independent, to do your own thing, find your voice, a private place of your own, where you shall be king, where you shall be queen, where you won't stand yourself, and will need to go out to cafes and shops, to cheer yourself up, and what else could you do, and how to afford this kind of luxury, but to slave away doing what you hate, but hey, all this was written in the contract beforehand
Y asi, con los bolsillos repletos de cachivaches
for we
are most artfully caged
Y asi, con los bolsillos repletos de cachivaches
for we
are most artfully caged
Thursday, December 13, 2007
Tenía una cajita llena de palabras recortadas.
Era mi época dadaísta: tomaba un puñado de palabras recortadas y las extendía sobre una superficie oscura, y las miraba largo rato encontrando hiladas de palabras que me decían lo que yo no me atrevía a
decirme a mí misma. Era un poco como leer la suerte, sólo que sin magia. Sólo pura y simple honestidad conmigo misma. A veces hacía poemas también, pero no me gustaba que al volverlos a leer, días después, cuando los significados se multiplicaban.
Mi gato una vez encontró la caja y la tiró, hizo un desmadre. Me enojé, pero al mismo tiempo me encontraba tan deprimida que no hice nada. No recogí los papelitos ni la caja, y así se quedaron varias semanas, las palabras dispersándose por mi casa con los ires y venires de mi gato y yo.
A veces me pone un poco triste esto de vivir sola. Mi gato murió hace unos días, atropellado. Ya no tengo a quién regañar o por quién preocuparme o que simplemente esté allá dormido u olfateando no sé qué.
Pero lo que me pone más triste es encontrarme un papelito con una palabra en los lugares y momentos más insospechados.
Una tarjeta de presentación de quien fue mi mejor amigo hace muchos años, con un papelito que decía permanecer.
Al lado del cartón de leche, un papelito que decía receptáculo.
Adentro de mi bota: oriundo.
Bajo el lavabo: ajada.
Junto a la maceta: reseco.
En el cajón de la ropa interior: zozobra.
En el detergente: desaforada.
Donde van los tenedores: manos.
En el librero, al sacar las obras completas de Kafka: renuente.
Adentro de la guitarra: novicio.
En la charola del dvd player: enrevesado.
Bajo el cojín: titubeamos.
Tras el sillón: flagrante.
Junto al colchón: desbarata.
Al levantar el auricular: división.
:
:
:
(*Nota al lector: siéntase en libertad de dar ejemplos similares en los comentarios de este post. Dejar incompleto este texto no es en absoluto una muestra de mi pereza creativa, sino una muestra de que este blog es, como todos los lugares civilizados hoy en día, una democracia.)
decirme a mí misma. Era un poco como leer la suerte, sólo que sin magia. Sólo pura y simple honestidad conmigo misma. A veces hacía poemas también, pero no me gustaba que al volverlos a leer, días después, cuando los significados se multiplicaban.
Mi gato una vez encontró la caja y la tiró, hizo un desmadre. Me enojé, pero al mismo tiempo me encontraba tan deprimida que no hice nada. No recogí los papelitos ni la caja, y así se quedaron varias semanas, las palabras dispersándose por mi casa con los ires y venires de mi gato y yo.
A veces me pone un poco triste esto de vivir sola. Mi gato murió hace unos días, atropellado. Ya no tengo a quién regañar o por quién preocuparme o que simplemente esté allá dormido u olfateando no sé qué.
Pero lo que me pone más triste es encontrarme un papelito con una palabra en los lugares y momentos más insospechados.
Una tarjeta de presentación de quien fue mi mejor amigo hace muchos años, con un papelito que decía permanecer.
Al lado del cartón de leche, un papelito que decía receptáculo.
Adentro de mi bota: oriundo.
Bajo el lavabo: ajada.
Junto a la maceta: reseco.
En el cajón de la ropa interior: zozobra.
En el detergente: desaforada.
Donde van los tenedores: manos.
En el librero, al sacar las obras completas de Kafka: renuente.
Adentro de la guitarra: novicio.
En la charola del dvd player: enrevesado.
Bajo el cojín: titubeamos.
Tras el sillón: flagrante.
Junto al colchón: desbarata.
Al levantar el auricular: división.
:
:
:
(*Nota al lector: siéntase en libertad de dar ejemplos similares en los comentarios de este post. Dejar incompleto este texto no es en absoluto una muestra de mi pereza creativa, sino una muestra de que este blog es, como todos los lugares civilizados hoy en día, una democracia.)
Wednesday, December 05, 2007
Té de michelada
Mi nuevo invento culinario. Mi única objeción contra el té en general era que no es salado. Uno llega a casa después de caminar en la llovizna ventisca y frío y obviamente quiere beber algo caliente. No quiere hacer sopa porque tiene hueva y no tiene hambre. No quiere té porque pues... es té. There is only so much tea you can drink. Y en un país obsesionado con el té puedo entender que me esté gustando más que nunca en la vida, pero ahorita no, ahorita uno quiere algo saladito, rico. Pues hace una michelada, pero en vez de echarle cheve le echa agua caliente.
Siento que todos mis posts últimamente se traten de comida. Deberé elevar mi mente a asuntos más filosóficos.
Siento que todos mis posts últimamente se traten de comida. Deberé elevar mi mente a asuntos más filosóficos.
Subscribe to:
Posts (Atom)