Wednesday, February 28, 2007
Y de pronto
sin explicación alguna, mi celular dejó de ser un tamagotchi que daba y pedía afecto, para convertirse en un simple reloj-despertador.
Saturday, February 24, 2007
Trust your intuition
Se me hizo un poco ñoño cuando mi amiga A. Dell Smith (quien por cierto vino a DF alrededor de 1975 para un congreso internacional de feminismo) me dijo que había que aprender a confiar en esa vocecita que todas las mujeres llevamos dentro y que se llama intuición. Pero acabo de comprobar que sí funciona. Llegué a DF, no tenía ni idea de dónde vivía Elisa Lemus, sólo tomé el metro, me bajé en cualquier estación, y caminé por cualquier calle, sin esperanza de encontrarla pronto. Luego Elisa me llama: ¿dónde estás? Y resultó que estaba a media cuadra de su casa. Luego me avienta desde el quinto piso dos llaves casi idénticas. "I'm on a roll" pensé, y claro que atiné a la llave correspondiente. Me emocionan mucho estas cosas.
Friday, February 23, 2007
Después de matar al perro, el otro perro vuelve con el hocico embarrado de sangre. Y en tu barba de kiwi adiviné la forma de su sexo, el calor de sus piernas abrazando tu cuello. Te besé otra vez. Sí, hace apenas un par de horas, concluí.
Un dolor se apacigua con otro, y cuando entrabas en mí martilleándome y yo te recibía como a un muerto lo recibe el agua, era como si entre los dos intentáramos lijarme el dolor de no estar con él. Yo hubiera querido hacerme cortes de navaja, en el hombro izquierdo, en los brazos, detrás de mis rodillas, pero tú llegaste primero y así empezamos a dolerme. Tuve que apretar los labios porque el dolor para mí es un verbo reflexivo y en la cama redonda y el hexágono de espejos que nos rodeaba no hubiera querido que mis gritos rebotaran en mi cuerpo. Gracias a dios no nos mirábamos las caras, gracias a dios cogimos como si bailáramos de cachetito, porque no quería que me vieras llorar, que sintieras mis sollozos, marinos bajo tu galope.
Un dolor se apacigua con otro, y cuando entrabas en mí martilleándome y yo te recibía como a un muerto lo recibe el agua, era como si entre los dos intentáramos lijarme el dolor de no estar con él. Yo hubiera querido hacerme cortes de navaja, en el hombro izquierdo, en los brazos, detrás de mis rodillas, pero tú llegaste primero y así empezamos a dolerme. Tuve que apretar los labios porque el dolor para mí es un verbo reflexivo y en la cama redonda y el hexágono de espejos que nos rodeaba no hubiera querido que mis gritos rebotaran en mi cuerpo. Gracias a dios no nos mirábamos las caras, gracias a dios cogimos como si bailáramos de cachetito, porque no quería que me vieras llorar, que sintieras mis sollozos, marinos bajo tu galope.
Wednesday, February 21, 2007
Sácale el corazón a una manzana
Sácale el corazón a una manzana, y la cáscara también, y luego también la carne, hasta que quede sólo una esfera de cristal, rellena de translúcida y cantarina agua de manzana. El resultado es hermoso, pero no sirve de nada. Y como el proceso es irreversible, habrás echado todo a perder.
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