Friday, March 31, 2006

What will be will be well--for what is is well

-Walt Whitman.

Me voy a dormir pensando en mañana levantarme muy temprano para andar en bici. Es un placer estúpido pero me gusta cuando de repente de la nada me dicen que me veo más delgada porque simplemente me queda la sensación de que ahora soy mejor que antes y que el tiempo no ha pasado en vano y que todo es como siempre soñé que sería. Pero me gusta más sentirme bien y sonreir y platicar con personas y mirar a las personas como si estuviera en un museo de personas en vez de obras de arte. A mi casa le hace falta un gato, eso me lo dijo Gaby y tiene razón. Pero me da miedo que se me muera, o que no me guste tanto como me gustaba Munra, o que yo me ponga freak y no lo deje salir y que se haga un gato desquiciado y desagradable porque nunca lo dejé salir, o que arañe y no sea querendón como Munra. Si así me pongo ante tener un gato nuevo, cómo seré con las personas. (Eso sin mencionar mi extraño pavor a comprarle una llanta a mi carro.)

Saturday, March 25, 2006

if i could walk away from the fire, from the destruction, and jump up
a wall, up a chimney, up a tower, all the way up to God's arms
and leave you down there, sour and stale, dry blood on hair, cracked
lips bruises and cuts, smashed bones and broken eyelids,
if i could without hurting us, all the way to the core –but i can't:
everything has stopped the rain the ants the growing grass
my worried breath my frown the needle sewing my flesh
i bite my tongue and wait for death my child, my grain of rice,
my life of feeding crying nights. i gather blood in seashells or empty
cottage cheese pots
the leaking blood from the ceiling the drip drop at night
that sounds louder because it is dark and i am awake and outside
the storm and inside the leaks.
It’s just too cold to leave the house, to get out of bed, to look for
you, for work, for anything. i will lie in here until i am spat out
into the streets
by an anonymous bus, by the heating in a shop, by your quiet anger.
for i am nothing else than a stranger, a night moth, a broken piece,
only a leaf, just a dry and brittle leaf, and nothing more
than a sandal lost, adrift in the stream.

Thursday, March 23, 2006

De cumpleaños quiero una botella de whisky.

Y unas pilas también, si no es inconveniente. Tal vez también un audiolibro erótico, no me vendría nada mal.

La policía se acaba de llevar a mi vecino

y fue más interesante que ver televisión. Les voy a contar todo el chismesón porque después de ver todo eso no voy a poder dormir. Yo estaba practicando las rolas de Ruidos así que no escuchaba nada. Pero ya dio la hora en que me quería dormir, así que fui a mi cuarto y como estaba haciendo frío, me acerqué a la ventana para cerrarla.
-Otra vez, pendejo?- escuché, era una voz toda llorosa.
La voz de él, como siempre que se pelean ellos dos, se escuchaba mucho menos que la de ella.
-Dime dónde andabas. A la vuelta dónde. Dime, joto, dime dónde andabas. Pensé que me amabas, pendejo. Pensé que valías la pena. Te mantuve dos años, pendejo, quiero que me digas dónde andabas. Claro que eres un joto y un mantenido.
-Bueno y por qué no te largas?- le dice él
-Búscalo Jaime, yo no lo perdí, quiero que me lo busques.
Era por un arete que él le perdió, y le pedía que se lo buscara, él le decía que no estuviera chingando. Luego la cosa fue escalando, ella le gritaba y él se empezó a reir como desquiciado, y luego dijo, como gritando y apretando los dientes al mismo tiempo:
-Ya me tienes hasta la madre, pendeja.
-Por tus hijos, Jaime, nunca me quisite? Dime, pendejo, no seas joto, quiero que me digas que nunca me quisiste. Por tus hijos, Jaime. Pinche joto mantenido, dime, por tus hijos, nunca me quisiste?
-Por tu padre, Priscila, no sabías?- le dice, riéndose.
-Quiero que me lo digas, joto.
Etc. Luego vinieron los golpes. Escuché cómo la aventó contra un carro y ella empezó a llorar más fuerte.
-Mira lo que hiciste, pendejo, mira, me sangraste la nariz, pinche joto. Pobre de tu puta madre que sigue pensando que vales la pena. Pobre de tu hija Genia que es una pinche puta a la que no defiendes. Eres un mierda, no vales ni madres, pensé que valías la pena, pensé que me amabas, por qué me hiciste perder tanto dinero.
Yo pensé en llamar a la policía, pero no estaba segura de saberme el número, ni tampoco de si la policía se dignaría a ocuparse de un caso de pelea marital en un barrio medio dos tres como el mío, ni si les preocuparía que golpearan a una mujer que además lo estaba provocando, en todo caso, el Jaime ya se estaba calmando de todas maneras, y a la mujer no parecía importarle mucho haber sido golpeada. Tampoco parecía preocuparles mucho que hiciera frío, estuviera lloviznando, y que todos los vecinos seguramente estaban como yo escondidos atrás de las persianas observando todo el episodio.
Luego ella lo empezó a perseguir por la calle, y él se puso atrás de un carro para que no lo pudiera alcanzar. Ella muy altanera empezó a decir cosas horribles de su hija, de su esposa, de su madre, a ver si él las defendía, sólo para comprobar que les valía madres.
-Defiende a tu familia con la frente en alto, no seas joto. O no te importan? No te diste cuenta que te mantuve dos años? Cómo le hice? Pues trabajando, pendejo, cosa que tú no sabes hacer.
Él de pronto explotó y se fue hacia su cuello, ella sin rechistar, se la llevó hacia un lado como arrastrando. No pude escuchar ni oir más hasta un rato después, que la aventó contra un carro abajo de mi ventana, ella no lloraba ni nada, no sabía si la había herido o no. Estaba pensando si debía llamar al 071 o al 089 o al 060 (no, pero eso era en los ochentas), o conectarme a internet a ver si encontraba el teléfono de la policía. Después empezaron un juego de subirse o bajarse de la camioneta de ella. Seguían peleando y no podía oir más de lo que decían, así que me fui según yo a dormir. Luego escuché que el carro arrancaba, avanzaba un poco y se paraba otra vez. -Jaime, bájate de ahí.-le dice ella, llorando desconsolada. Te amo, pendejo, te amo. Bájate de ahí.
Luego escuché el inconfundible radio de un policía, y me asomé, y en efecto, Jaime estaba adentro del carro de los policías. Ella seguía implorando como loca, hasta que les dijo a los policías:
-Si eso quiere, que eso tenga- y le dio un tremendo cerrón a la puerta del carro del policía. Nadie podría escribir eso y hacerlo sonar creíble. Estuvo de no mames.
Entonces ella se subió a su camioneta (ahora sé que era suya y no de Jaime).

Toda la escena me puso un poco melancólica, a decir verdad. Cómo es posible que la gente se quiera tanto como para vivir cosas tan intensas. Recordé mis propias peleas en la calle, gritarse maldiciones valiendo madre que todos vean y escuchen, ser tratada como una loca histérica que hace berrinche, bajarme del carro en el centro a media noche entresemana, decirle que se vaya a la chingada, que él arranque rechinando llantas, llorar todos los días sin importar el lugar, rogar que me dé no sé qué cosa, sentir celos incontrolables, dejar que me hagan sentir mierda, etc., etc. y me asombra tanto haber pasado por eso, haber creído que valía la pena aguantarse más.

Pienso que las cosas que he aguantado antes no las volveré a aguantar nunca más. Por ejemplo un chavo me pegó medio jugando medio en serio cuando tenía 15 años. No le dije nada, simplemente me dí la media vuelta y me fui a mi casa, y eso fue el final de la "relación" que teníamos. Así han pasado muchas cosas y pienso que cada vez va a haber menos espacio para que me hagan algo que no haya aguantado antes. Cada vez va a haber menos espacio para la paciencia, todo el espacio lo voy a ocupar yo misma. Y al final estaré sola por completo. Tal vez por eso la gente se pelea, no? Al menos es una manera de sentir que conectas con alguien. Como cuando algunas mujerse, muy tristemente, quieren que su marido las golpee, porque así al menos saben que les importa.

Wednesday, March 15, 2006

Yes I'm alone, so fucking what?

Fui a la Cineteca en bici. Ya había ido muchas veces al parque fundidora en bici, pero no a la Cineteca, porque no tenía cadenita para estacionar la bici.
Le pregunté al vigilante que si estaba prohibido estacionar la bici de uno para ir al cine ("prohibido" parece que es una palabra que les gusta mucho a los vigilantes del parque, especialmente cuando se trata de bajar pendientes sobre ruedas.) No supo qué contestarme.
"Casi todos los que vienen a la Cineteca vienen en carro", me dijo. Después de reflexionar un rato con él llegamos a la conclusión de que no tenía por qué estar prohibido. (Tampoco lo de las pendientes, según yo, pero bueno...)
A continuación entré a ver la película. Era una cosa argentino-española (ya me había advertido Andrés sobre el cine argentino; yo nunca aprendo.) Proyectaron la película para mí solita.
Salgo de la Cineteca, montada en mi bici, a las 10:30 p.m. y las calles que hace dos horas estaban repletas ahora están desiertas. (Cómo extraño de Madrid poder andar en la calle a cualquier hora cualquier día y siempre sentir que hay gente amigable alrededor.) Recibo numerosas advertencias desde los pocos coches que están en la calle, me echan las luces, me pitan, me gritan cosas, se me quedan viendo como queriéndome decir: qué te pasa? y yo me estuviera metiendo a una alberca de serpientes como si tal cosa.
Es que soy idiota?
Es que vivo en un país de locos?
Realmente soy tan bizarra?
Llego a mi casa y mi vecino está chupando solo en su coche, frente a mi casa, escuchando cumbias a todo volumen. Esa es su costumbre, y no sé por qué algo me dice que su matrimonio no anda muy bien. Está tan a la sombra que no lo veo, así que ni siquiera le doy las buenas noches. Desde su coche podrá ver perfectamente (mi cortina no es muy buena) que estoy en la computadora escribiendo esto. Me gustaría ir afuera y saludarlo, pero creo que por hoy ya estuvo bueno de rebelarme contra las costumbres locales. Aparte no quiero que su esposa me golpee. (Parece que hace Tae Kwan Do o algo así.)
Lo cierto es que los dos estamos solos. Solos, solos, solos. A unos metros de distancia. Como en cualquier ciudad debe ser, supongo.