Así es la oscuridad en verano, azul y mágico, sabes que el sól está a la vuelta de la esquina y no hay nada que temer. Toda la población está feliz y de buen humor, lo cual supone innumerables ventajas. Sales de casa y saludas a los extraños, todo trámite es agradable, ir al parque es una obligación y como si toda la ciudad fuera niña, jugando afuera con los amigos. Hace poco descubrí a William Blake. O sea, obviamente ya sabía de él, había leído algo pero traducido al español y en Monterrey no tenía mucho sentido. Pero después de pasar un día entero rodando en las colinas verdes, hangouteando con ovejas bebés, Songs of Innocence adquiere una dimensión mucho más sólida.
3:30 de la mañana
Y los pájaros ya andan cantando, no hay manera de dormir, todo se trata de vivir en un imparable apogeo, hasta que de repente te caes, muerto. Lajas de lluvia preciosa, diamantes de anestesia, devuélvanme el tiempo perdido, ruego como mis canas, los cuellos exquisitos de las grúas, dinosaurios ingenieriles, con su lentitud vegetal, no le dieran la seguridad misma a mis pasos. Hay una cascada de vidrios mezclados, hay unas rodillas de agua dolorida, hay una cinta de corsette, abrazándome la niebla, y un cenzontle con su cuatro cien cien voces sien, picoteándole las migas al invierno, que no ha de volver a devorarnos, a enlutecernos con sus santos.