Friday, February 19, 2010

OMISIÓN

dos cabezas de cabra
desbocadas, filatelias y huesos tubulares, eyeballs
sobre hielo, y nos vamos
por grado de clase social:
mentira
                      semi-mentira
                                                        pecar a voces
te quiero
como la madre quiere al pródigo
smug and knowing
que volverías
                                                        y otra cosa:

esa tarde lamimos las flores
las botellas flotando en el agua
los hongos que plantan esporas
en los pechos de los insectos
y ni una vez nos detuvimos
a decir: esto somos

Sonará muy pendejo, pero yo no sabía

que tomar café era gran parte de lo que me daba insomnio y en consecuencia pasé como año y medio sin dormir. Lo que es aún más pendejo es que nunca se me ocurrió, en esas madrugadas de estruendosos parpadeos a la Bob Esponja (a causa de los pupilentes resecos), que la alternativa a perderse en la cajita sagrada de los recuerdos (tonterías del orden de los pétalos secos, los ticketes del teatro experimental y las palabras recortadas de mi último poema dadaísta) era ponerme a inventar otros mundos lingüísticos, afectivos y metafísicos. Creo que mi imaginación simplemente se queda corta. Además de eso, este blog se ve muy noventero, y eso que fue creado en el 2004. Ese fue el año en que cuidaba mi peinado (¿será que España es demasiado chic?), usaba chaquetas compradas en Zara rebajas y salía a correr todos los días tan pronto saliera el sol. Tal disciplina no me valió para mucho. Siempre me lo he preguntado:

si madrugara,
¿Dios me ayudaría?
¿sería una mejor persona
si fuera al gimnasio
me untara aceite en las piernas
y aprendiera, por ejemplo,
las reglas del ajedrez?

Friday, January 01, 2010

Fin de

Mi viaje a México empieza por el fin. Fin de año, fin de década, fin de historias.

El día que llego a México muere un amigo que nos marcó a todos con sus ojos punzantes y su sempiterna sonrisa. Una, como diría el Ginsberg, de las mejores mentes de mi generación. Y el silencio que desciende sobre nosotros cada vez que nos acordamos, semejante al silencio que envuelve mucho de lo que no se dice en Monterrey (porque así somos y nos gusta vivir en esa tensión), me deja pensando que esa frase "él ya no está, ya no está en ninguna parte", que siempre se me queda en la cabeza cuando alguien muere, es estúpida y no tiene sentido: estará siempre, existirá para siempre en lo que nos dió.

No puedo creer que este año estuve a punto de concluir que la literatura, el arte, no valía para nada, que no tenía ningún fin ni ninguna utilidad, que era un mero capricho de ese personaje egotístico y huevón que es el artista. Claro que no. El artista comprometido, político, es exactamente lo mismo que el artista/niño/dios que crea por jugar, para nada y por nadie, nomás. Porque nos ayudan a los demás a detenernos y pensar las cosas de otra manera, etc. Y una persona políticamente comprometida no necesariamente es la que está siempre al tanto de los world affairs y lee 50 periódicos al día. Es la persona que vive realmente de acuerdo a sus ideales hasta en el nivel más personal e insignificante, y afecta a los que están a su alrededor sólo por estar ahí. Cómo se me pudo olvidar eso.

Pero por una vez en la vida ya no soy yo la mala, a la que se le olvida, yo voy cumpliendo cabalmente mis deberes y aceptando que todos esos espectros de Monterrey, todas esas escarpadas avenidas, enfundadas en una neblina no de clima sino del polvo de las montañas que van cavando y las industrias que van humeando, y todos estos amigos de intensas historias incompletas, esto ya no soy yo, es hora de ir a otra parte y ser otra, siempre, otra.

Sunday, November 08, 2009

Un mecanismo elemental de sílabas

Lunes, luna llena y desde el cementerio llamamos a nuestros muertos: tres abuelos, tres gatos, dos hijos, veinte amoríos y doce proyectos. Qué hermosa idea, que vuelvan para estar con nosotros un ratito. No solamente una vez en la vida, (que lo haría mucho más dramático) sino una vez al año, que es el tiempo justo: igual hay muchas personas que sólo vemos en navidad, por ejemplo. Nos vemos para comer, hay velitas y flores, platicamos y sonreíomos, tomamos la foto, al rato chao y hasta el año que entra, y todo es cheerful y unsentimental. Nunca lo había entendido tan claro.

Por otro lado, qué raro es esperarse a estar expatriado para empezar a revivir tradiciones mexas, digo, no es como que en el pasado me sentía super sintonizada con estas cosas, e incluso algo en mí dice "ay no mames" como que es muy dubious andar por acá izando la bandera cada que se tenga oportunidad. ¿Y cuál es el programa político, me pregunto, de las escuelas y los gobiernos, al querer instaurar en el norte de México una tradición que claramente pertenece a mesoamérica? Utilizar un ritual religioso para promover la identidad y la unidad nacional... ¿cosa questionable tal vez? Pero al mismo tiempo me he dado cuenta de que hace falta tener esa vibra en el ambiente, esa sensación de que el vulgo colectivo participa en una cosa en conjunto, y ahí sí que puede andar de outsider agusto. Pero si no hay un colectivo, ya no hay de dónde ser outsider, y uno entra en muchas crisis al respecto sin siquiera darse cuenta.

El 5 de noviembre la noche británica huele a pólvora. Es la noche de los cohetes, de quemar a un monigote anarquista en un ritual que parece ancestralmente pagano, y siempre hay fiesta, aunque las haga cada quien en su back garden. Este año quise llegar al parque donde el council organizó un gran evento al respecto, regalo para la ciudad, entrada gratuita (esas cosas no suceden a menudo). Claro que llegué 25 minutos tarde y ya se había terminado; todos iban en silencioso éxodo de vuelta a la casa. Me pareció muy como de compromiso, como que sí tenemos fiesta pero al instante que se acabe nos regresamos a ver la tele. Pinches individualistas, quise decirles, permitiéndoseme el lenguaje ya que Octavio Paz, que es el especialista en estos temas, y algún reportero del New Yorker, han certificado que esta manera de hablar es parte fundamental de nuestra identidad como mexicánicos que somos. ¿Dónde están sus puesteros y sus músicas? ¿Sus ganas de fiestear con la familia? ¡¿Su alegría de vivir?! Pero nada. Lo único que quedaba por hacer era pararse en una esquina, mirando a la manada, concentrándome con todas mis fuerzas en sentir simpatía, empatía, compasión, alegría por ellos. Por nosotros.