Un mecanismo elemental de sílabas
Lunes, luna llena y desde el cementerio llamamos a nuestros muertos: tres abuelos, tres gatos, dos hijos, veinte amoríos y doce proyectos. Qué hermosa idea, que vuelvan para estar con nosotros un ratito. No solamente una vez en la vida, (que lo haría mucho más dramático) sino una vez al año, que es el tiempo justo: igual hay muchas personas que sólo vemos en navidad, por ejemplo. Nos vemos para comer, hay velitas y flores, platicamos y sonreíomos, tomamos la foto, al rato chao y hasta el año que entra, y todo es cheerful y unsentimental. Nunca lo había entendido tan claro.
Por otro lado, qué raro es esperarse a estar expatriado para empezar a revivir tradiciones mexas, digo, no es como que en el pasado me sentía super sintonizada con estas cosas, e incluso algo en mí dice "ay no mames" como que es muy dubious andar por acá izando la bandera cada que se tenga oportunidad. ¿Y cuál es el programa político, me pregunto, de las escuelas y los gobiernos, al querer instaurar en el norte de México una tradición que claramente pertenece a mesoamérica? Utilizar un ritual religioso para promover la identidad y la unidad nacional... ¿cosa questionable tal vez? Pero al mismo tiempo me he dado cuenta de que hace falta tener esa vibra en el ambiente, esa sensación de que el vulgo colectivo participa en una cosa en conjunto, y ahí sí que puede andar de outsider agusto. Pero si no hay un colectivo, ya no hay de dónde ser outsider, y uno entra en muchas crisis al respecto sin siquiera darse cuenta.
El 5 de noviembre la noche británica huele a pólvora. Es la noche de los cohetes, de quemar a un monigote anarquista en un ritual que parece ancestralmente pagano, y siempre hay fiesta, aunque las haga cada quien en su back garden. Este año quise llegar al parque donde el council organizó un gran evento al respecto, regalo para la ciudad, entrada gratuita (esas cosas no suceden a menudo). Claro que llegué 25 minutos tarde y ya se había terminado; todos iban en silencioso éxodo de vuelta a la casa. Me pareció muy como de compromiso, como que sí tenemos fiesta pero al instante que se acabe nos regresamos a ver la tele.
Pinches individualistas, quise decirles, permitiéndoseme el lenguaje ya que Octavio Paz, que es el especialista en estos temas, y algún reportero del New Yorker, han certificado que esta manera de hablar es parte fundamental de nuestra identidad como mexicánicos que somos.
¿Dónde están sus puesteros y sus músicas? ¿Sus ganas de fiestear con la familia? ¡¿Su alegría de vivir?! Pero nada. Lo único que quedaba por hacer era pararse en una esquina, mirando a la manada, concentrándome con todas mis fuerzas en sentir simpatía, empatía, compasión, alegría por ellos. Por nosotros.