Tuesday, February 17, 2009

El arte de la vuelta de rueda

No me pregunten cuándo ni con quién, pero resulta que un día Mou y yo cargábamos unas mochilas pesadísimas, en un polvoso pueblo en medio de la nada mexicana, y no teníamos dinero y el sol calaba y no teníamos tampoco dónde quedarnos y yo acababa de comerme la última naranja. Y teníamos que llegar a un lugar, no me pregunten a dónde ni para qué, que eso no es lo importante, y no teníamos ni puta idea de cómo llegar ahí y ya nos estábamos empezando a poner de malas y a sacarnos insignificantes rencorsillos del pasado para tener algo que decirnos el uno al otro aunque fueran majaderías. Y por más que pedíamos direcciones no nos llevaban a ningún lugar, de hecho parecía que llevábamos horas caminando en círculos porque yo ya había visto esa paletería y esas telas parisinas. Y estábamos por sentarnos en una de las bancas de la plaza cuando se nos ocurrió preguntarle a una señora que por allende pasaba.
-Uy, está pero que bien requetelejos -nos contestó.
-¿Como cuánto hacemos a pie?
-Ps yo diría que como unas tres, cuatro horas. Pero si se van despacito sí llegan.

Desde hace años me atormenta esta paradoja, que es en esencia el cuento de la tortuga y la liebre. ¿Cómo va a ser necesario irse despacito para poder llegar a un lugar que está lejísimos? Esto también me recordó a Anel cuando, ante mi prisa por irnos, replicó:
-Es que estoy comiendo bien despacito para que me quepa todo.
A Anel le gustaban mucho esos champiñones y esa plasta quesosa y cremosa que había servido mi mamá; de hecho, me pareció que lo que le gustaba más bien era la comida hecha por una mamá y la mesa puesta con mantel y toda la cosa. Dentro de la locura de disfrutar de comer en casa de mis padres, hacía sentido: si masticas más lento de lo que haces digestión, seguro podrás seguir comiendo para toda la eternidad.

En la ocasión de mi decimoctavo cumpleaños Choix le dijo a Nat:
-A Jane no se le debería permitir manejar, ¿sabes el desastre que esto va a traer al tráfico de Monterrey?
-¿Por qué?
-Manejar tan a vuelta de rueda causa muchos choques, Nat. Si le van a dar una licencia, que también empiecen a poner multas por no respetar la velocidad mínima.
-Pero no hay velocidad mínima.
-Esa es una ley que van a tener que implementar ahora que Jane anda suelta en la calle con una tonelada de acero.

En realidad tengo que confesarlo: nunca pasé mi examen de manejo. Seduje (¡digo!) soborné al oficial de tránsito. Con dinero. Pesos. Un billete de doscientos, de hecho. Con Sor Juana en la portada. No fue mi intención darle dinero, pero es que si hacía el examen iba a llegar tarde al trabajo.

En la escuela en Alrewas me apodaban Slowcoach. Mi favorito de los Mr. Men (y ni empiezo con política de género aquí) era Mr. Slow (quien, dicho sea de paso, fue despedido de las siguientes ocupaciones: mesero, noticiero, corredor de maratones, vendedor de enciclopedias, empacador de pescados, criador de perros, fotógrafo, fumigador y operador telefónico de customer service, todo por andar y hablar
t  a  n     l    e      n      t     o
. Hasta que encontró el empleo perfecto: conductor de una aplanadora de pavimentado, y fue feliz para siempre.) En el Colegio Norteamericano, intenté que me pusieran el apodo de Caracol, pero no pegó porque creyeron que me estaba refiriendo al famoso verso del canto popular «sopa de caracol» y yo ni de chiste podía bailar eso.

Yendo (lento, más lento, más) aún más atrás en mi memoria. Cuando Jaime me conoció, escribió las siguientes palabras en su diario, resumiendo así mi total existencia:

«Camina demasiado lento.»

Yo lo tomé, por supuesto, como un reto, y desde entonces he estado practicando para ser la que camine demasiado rápido. Tal vez por eso me vine a Escocia en donde uno no puede caminar lento porque si lo hace se le congelan las piernas. Aquí, hasta ir a la tienda de la esquina es como huir.

¡Oh, cuántas veces me he rebelado contra mi fatal destino de la lentitud!
Si tan sólo hubiera hecho caso del consejo de la señora en la plaza, quién sabe, tal vez ya habría llegado desde hace mucho al lugar en donde quiero estar, que ni yo sé dónde sea eso, pero eso no es lo importante, no, eso es lo que menos importa.

Sunday, February 15, 2009

Coreografías sugerentes y la objetivización de... bla bla bla.

No sé por qué este domingo por la mañana me dio por ponerme a ver danzas coreografiadas en musicales de los 50s. Encontré dos que me parecen fenomenales. Es el tipo de cosas que me imagino que vería si estuviera en un trip de ácido. El primero incluye una danza de plátanos gigantes (empieza en 3:43 y mi parte favorita es donde el círculo se cierra y se abre como un animal marino) y el segundo hombres fisiculturistas presumiendo las piernas (un tanto ñangas para el gusto de nuestros tiempos?); me encanta donde parece que les va a dar en el trasero con las raquetas.

Ah, y en cuanto a las personajes geniales en el cine. Amelie: esa es una película que cada vez que veo me gusta menos. Ain't there anyone here for love? Parece que el amor es la actividad primaria de nuestras heroínas, y eso es algo muy deprimente. Y sigue siendo el caso (muy alarmante en tanto que nunca había siquiera pasado por la cabeza) que hay muy pocas mujeres cineastas. ¿Me estaré equivocando? Ojalá que sí.



Saturday, February 14, 2009

Freddy Raphael y por qué darles a las mujeres algo inteligente qué decir

Hace unos días Freddy Raphael vino a platicarnos de su trabajo. Nos dijo, así como de pasada, que al escribir guiones cinematográficos, era muy importante tratar de escribir buenos papeles para las mujeres, porque muy pocas veces tienen oportunidad. Y que aunque las mujeres no sean las que hagan las películas, definitivamente tienen el poder de influenciar a quienes sí las hacen, así que hay que mantenerlas contentas. Este comentario me vino como un shock porque nunca había pensado en ello: ¡es verdad! ¿qué personajes femeninas memorables hay en el cine? Juana de Arco, ajá, ¿quién más? No se me ocurría ninguna. Todas mis películas favoritas giran en torno a un hombre como personaje principal y todos mis directores favoritos son hombres. En las películas de Kubrick, por ejemplo, que me gustan mucho, las mujeres están destinadas a ser deslumbrantemente bellas y desnudas (fucked, en última instancia.) De hecho la única película dirigida por una mujer, que yo recuerde haber visto (aunque quizá hayan sido más), ha sido Perfume de violetas. Con una narrativa decididamente feminista, altamente deprimente y sin dejar de ser un tanto melodramática, esta película me impactó muchísimo. Me sentí muy identificada, no por haber pasado las experiencias de esta chica, sino por ser mujer y haber crecido en México, rodeada de una cultura que hace esa historia no sólo posible, sino probable. Pero volvemos de nuez al género de las mujeres sufridoras. ¿Ese es el único papel de interés que puede tener una mujer en la ficción? ¿Mártires, santas, madres, locas y putas? Si es así, no es de sorprender que todos nuestros héroes sean hombres. Sus historias al menos no son tan predecibles.

Thursday, January 29, 2009

Este blog se reserva el derecho a ponerse personal.

Aterricé en Glasgow hace exactamente 20 días. Siento que todavía no se termina mi ida a México, ese hiato. (Me gusta tanto la palabra "hiato". Mírenla, qué bonita:


hiato.

(Del lat. hiātus).

1. m. Encuentro de dos vocales que se pronuncian en sílabas distintas.

2. m. Solución de continuidad, interrupción o separación espacial o temporal.

3. m. Anat. Hendidura, fisura.

4. m. Métr. Disolución de una sinalefa, por licencia poética, para alargar un verso.

5. m. p. us. Abertura, grieta.



)



Escribo aquí porque ya quiero ponerme a escribir. Basta de dramas personales, de moverme más de lo que mi cerebro puede asimilar, de cruzar océanos dejando una estela personal de aproximadamente 6 toneladas de dióxido de carbono en el ozono, justo donde le duele más a la tierra, los polos se derriten vertiginosamente, las aguas suben tragándose a los pueblos, desapareciendo países enteros. (Pensé en calcular la cantidad exacta de carbono que he dejado en el ozono en mi vida, con mis viajecitos de niña chiflada. Estoy acostumbrada a volar. Lo hago desde meses de nacida. Mi destino siempre ha sido estarme cayendo constantemente entre dos mundos. Calcular el daño que he hecho y publicar la cifra aquí. Pero los números, esos qué significan. ¿Seis toneladas de carbono? Ni siquiera me los puedo imaginar. ¿Cuánto es una tonelada? Un hipopótamo pesa una tonelada. Un automóvil pesa una tonelada. Mil kilos de frijoles pesan una tonelada. Seis hipopótamos. La última vez que vi un hipopótamo fue en el parque La Pastora, he de haber tenido como 10 años. Lo más que puedo cargar en mi espalda es mi propio peso, 63 kilos más o menos. Dejé mil Jénnifers colgadas en el aire. ¿Qué significa eso? ¿Y mi culpa católica? ¿Esa a dónde me lleva? ¿Qué me hace hacer? Sólo persignarme y hundirme la culpa en el hígado, que ni siquiera me puedo confesar. Sí lo he pensado, buscar una iglesia católica y pedirle al padre que me confiese. Padre, confieso haber dejado seis toneladas de carbono en la atmósfera tan sólo en esta navidad. ¿Qué me dirá a eso? Hija, eso no es pecado. Dame algo de adulterio, de codicia, de mentiras, de jurar el nombre de Dios en vano, dímelo todo, ¿algún secreto inconfesable por ahí?, ¿cuántas veces en tu vida te has masturbado, por ejemplo? Padre, esos pecados qué importan, no matan a nadie. ¿Tienes deseos de matar a alguien, hija?)

Sunday, January 25, 2009

Esto mismo les pasa a ustedes o es sólo a mí?

Es domingo a mediodía y no había checado mail desde el viernes en la tarde. Entre cosas del trabajo, la escuela y comunicaciones personales de GRAN IMPORTANCIA, tengo en mi inbox 37 correos nuevos que requieren de mi atención completa, después de haber eliminado los que no sirven, y sin contar los que ya abrí pero no he tenido chance de contestar, y sin contar los que ya abrí hace mucho y que no he tenido el espacio mental y la claridad para dedicar horas en elaborar mi cuidadosa respuesta epistolar, y sin contar tampoco facebook, donde no me he metido bien como desde navidad porque me da miedo la avalancha... no sé ni cómo empezar a abordar mi vida cibernética. a veces me dan ganas de cancelar todas mis cuentas y, ya saben, ese sueño hippy de irme a una isla y dedicarme a escribir. Escribir de verdad.