or even in twos, pero nunca solas, decía mi abuela, tan supersticiosa siempre. A la muerte suya siguió la misteriosa muerte de un pajarillo kingfisher cuyo cadáver sospechamos fue depositado en la sala por el fantasma de mi abuelo, un pequeño amuleto para nosotros. Y tía Lola con las cuerdas vocales destruidas pero magnánima y con una bufanda blanca que la hacía parecer la cabeza de la mafia italiana. Y qué carajos debo pensar cuando un tipo de hace 9 años todavía muestra interés en coger conmigo. Me da curiosidad verlos walking down the aisles or standing in the queue at Costco like a happy old, ever-self-absorbing couple.
Me hubiera gustado ir a California en carro. Porque a veces pienso que europa es, como decía Joni Mitchell, too cold and old and settled in its ways, and i'd like to come home to California aunque nunca he ido ahí.
Pero más que nada tenía ganas porque ahora casi siempre tengo ganas de ir a cualquier lado en carro, especialmente si está especialmente lejos. Lástima que todavía no reúno el coraje de mandar todo olímpicamente al demonio, o mínimo para hacer cosas sin planearlas meticulosamente con meses de antelación, balanceando las causas y las consecuencias, las metas, los beneficios y los riesgos. Oh but will you take me as I am, strung out on another man?
Tuesday, January 03, 2006
Monday, December 12, 2005
Creí que la era de los anónimos comments ofensivos había terminado,
pero obviamente hay gente que no se recupera nunca de sí misma. Así que adiós a los comments nuevamente. Si alguien tiene algo que decirme puede venir a mi casa a decírmelo en mi cara; de otro modo, pueden irse al reverendo carajo.
Saturday, December 10, 2005
Algo sober la muerte del doctor Treviño.
Nunca pensé que observar un cadáver maquillado, un saco ausente de piel dura, rigoris mortis, huesos encogidos y bigote mal recortado, me pudiera causar tanto impacto. Ni que el pasar todo el día en tacones y abrazando a tías diminutas y arrugadas a quienes he visto escasas tres veces en mi vida pudiera ser tan reconfortante. Tampoco imaginé que volvería a ir a misa ni que me volvería a golpear el pecho diciendo por mi culpa. O que leería ante un montón de desconocidos el salmo 22 con todas las lágrimas agolpadas en la garganta.
Lo peor de los velorios en esta cultura en la que vivo, es que parece que se tiene la costumbre de no hablar del muerto, sino consolarse por la muerte. Los intentos de consuelo son de lo más increíblemente triste que puede haber. Se dicen frases idiotas como "ya está descansando, ya está con dios", "este fue tan sólo un hasta luego, se volverán a encontrar en el cielo", "ya tienes una estrellita en el cielo, ya tienes otro angelito de la guarda que te va a cuidar, él te va a estar observando siempre", cosas idiotas que sólo me hacen llorar más, porque nada de eso es cierto y porque nadie nunca entiende nada porque nada tiene sentido. Y los estúpidos sacerdotes, que se supone representan la esperanza y el consuelo del pueblo, el contacto entre lo divino y lo humano, la misericordia hecha persona, ni siquiera tienen la decencia de pronunciar bien el nombre del muerto en la lista, mucho menos de dedicar algunas palabras de consuelo a la fila de personas vestidas de negro, sollozando. Sólo recargan sus manos choncas sobre su vientre abultado, y hablan de pendejadas que ni siquiera se relacionan con el evangelio.
Todo es estúpido.
Liquidar el costo del hospital, sacar la cartera cinco minutos después de la muerte, y seguir durante horas, arreglando todos los trámites, especificar los detalles del servicio, cremación o entierro, el color del ataúd, para el certificado de defunción se necesita un acta original de nacimiento y otra de matrimonio, avisar a los parientes, pero no a los muy susceptibles, quién va a arreglar lo del banco, llamar por teléfono, comprar una camisa, debe o no el cuerpo llevar ropa interior, firme aquí, se necesitan cinco horas para preparar el cuerpo, a qué hora desea que se termine, quién recogerá a quién, si alguien desea estar presente al momento en que el ataúd ingrese al horno puede hacerlo pero no se recomienda pues es un momento muy fuerte, de preferencia que lo haga un varón.
El mundo real es obsceno. Atados a la tierra e inundados por las naderías de la vida cotidiana, no existe respeto por la vida, ni por la muerte.
Aunque, con la vista obnubilada con lágrimas, parecía estar ahí sólo recostado suavemente en la bonita tela blanca que recubría el interior de la caja, parecía que en cualquier momento podría abrir los ojos y levantarse y decir: por qué lloran, hombre, como si no supieran que los Treviño tenemos muy buen sueño.
Lo peor de los velorios en esta cultura en la que vivo, es que parece que se tiene la costumbre de no hablar del muerto, sino consolarse por la muerte. Los intentos de consuelo son de lo más increíblemente triste que puede haber. Se dicen frases idiotas como "ya está descansando, ya está con dios", "este fue tan sólo un hasta luego, se volverán a encontrar en el cielo", "ya tienes una estrellita en el cielo, ya tienes otro angelito de la guarda que te va a cuidar, él te va a estar observando siempre", cosas idiotas que sólo me hacen llorar más, porque nada de eso es cierto y porque nadie nunca entiende nada porque nada tiene sentido. Y los estúpidos sacerdotes, que se supone representan la esperanza y el consuelo del pueblo, el contacto entre lo divino y lo humano, la misericordia hecha persona, ni siquiera tienen la decencia de pronunciar bien el nombre del muerto en la lista, mucho menos de dedicar algunas palabras de consuelo a la fila de personas vestidas de negro, sollozando. Sólo recargan sus manos choncas sobre su vientre abultado, y hablan de pendejadas que ni siquiera se relacionan con el evangelio.
Todo es estúpido.
Liquidar el costo del hospital, sacar la cartera cinco minutos después de la muerte, y seguir durante horas, arreglando todos los trámites, especificar los detalles del servicio, cremación o entierro, el color del ataúd, para el certificado de defunción se necesita un acta original de nacimiento y otra de matrimonio, avisar a los parientes, pero no a los muy susceptibles, quién va a arreglar lo del banco, llamar por teléfono, comprar una camisa, debe o no el cuerpo llevar ropa interior, firme aquí, se necesitan cinco horas para preparar el cuerpo, a qué hora desea que se termine, quién recogerá a quién, si alguien desea estar presente al momento en que el ataúd ingrese al horno puede hacerlo pero no se recomienda pues es un momento muy fuerte, de preferencia que lo haga un varón.
El mundo real es obsceno. Atados a la tierra e inundados por las naderías de la vida cotidiana, no existe respeto por la vida, ni por la muerte.
Aunque, con la vista obnubilada con lágrimas, parecía estar ahí sólo recostado suavemente en la bonita tela blanca que recubría el interior de la caja, parecía que en cualquier momento podría abrir los ojos y levantarse y decir: por qué lloran, hombre, como si no supieran que los Treviño tenemos muy buen sueño.
Monday, November 28, 2005
Odio la psicología:
me parece excesivamente primigenia y un tanto miope. Pero debo admitir que su explicación de algunas cosas me parece bastante plausible. Una de estas cosas es la depresión como enfermedad.
Aunque yo reconocí en mí misma muchos síntomas de la depresión explicados en libros de psicología de sanbornos, nunca se me diagnosticó formalmente, por lo que probablemente nunca fue/es nada grave. No se sintió así, claro está. El insomnio persistente, el cansancio crónico, la falta de alegría/tristeza, la manía de embrollarse en relaciones amorosas dudosas tratando de rellenar el vació existencial, sentirse muy bien y luego de golpe muy mal, comerse tres kilos de chocolate en dos semanas... todas esas eran cosas que podían soportarse hasta cierto punto. Pero viéndolo en retrospectiva, lo peor, para mí, fue la incapacidad de concentrarse, porque esto equivale a la incapacidad de leer.
Por aproximadamente tres años no pude leer. Leía, sí, muy lentamente y con errores, lo que me encargaban en la escuela, o alguna que otra novela -si es que era de lenguaje sencillo y acciones entretenidas- que aludiera a mi estado de ánimo, pero no podía LEER. Quiero decir: leer, comprender, despertar el razonamiento crítico, reflexionar, compadecerse, enfurecerse, tener en suma, una catarsis con cada renglón. Y es una gran lástima no haber podido leer cuando me sentía tan mal. ¡Cuánto bien me hubiera hecho! ¡Cuántos males hubiera podido desechar de mi cuerpo! Dicen que un libro es la mejor compañía, y creo que tienen razón. Ésto lo sabía ya pero estuve todo ese tiempo sin comprenderlo. Ahora que he retomado la lectura me siento infinitamente feliz. Siento, sobre todo, que he superado una mala racha. No sé si fue el trabajo de traductora, desempeñado ininterrupidamente por un año, el que me restauró mis habilidades de lectura a pesar de la depresión, o si puedo leer porque ya no estoy deprimida. Pero nada de eso importa. Sólo le agradezco a la Gran Literatura Universal por concedernos tanta riqueza. Qué divertidas, ingeniosas aventuras en Manuscrito encontrado en Zaragoza de Potocki, o en novelas de ciberpunk como Vurt o Manual ilustrado para señoritas, qué brutal y deliciosa pornografía en Las once mil vergas de Appollinaire. Qué inspiradora 'literatura fantástica razonada', a pesar del estilo soso, en La invención de Morel de Bioy Casares. Qué conmadre descubrir que autores mexicanos con mucho renombre en realidad no sirven; están inundados de chafez literaria que por mucho alarde que hagan de ser "literatura basura" tienen un'altro chafez que evidentemente no es intencional. Qué delicia de retorcimiento del lenguaje en Pierre or the ambiguities de Herman Melville. Quiero leer todos los libros del mundo, hasta curarme para siempre, hasta librarme de todo mal. I just hope I don't lose it on the way.
**Aprovecho este breve informe para pedirles muy amablemente a quienes he prestado mis libros (YOU KNOW WHO YOU ARE) que me los devuelvan cuanto antes, pueden enviarlos por paquetería poniendo "cobrar al destinatario" o algo así, hay pedacitos de mí repartidos en todos ellos. Podría volver a comprarlos, pero ese no es el punto: lo importante, en un libro ya leído, son los subrayados. Todo el mundo lo sabe.
Recordar: paquetería, yo lo pago.
Ramón Treviño 1908 ote.
Colonia Terminal
64580 Monterrey, N.L.
México
Aunque yo reconocí en mí misma muchos síntomas de la depresión explicados en libros de psicología de sanbornos, nunca se me diagnosticó formalmente, por lo que probablemente nunca fue/es nada grave. No se sintió así, claro está. El insomnio persistente, el cansancio crónico, la falta de alegría/tristeza, la manía de embrollarse en relaciones amorosas dudosas tratando de rellenar el vació existencial, sentirse muy bien y luego de golpe muy mal, comerse tres kilos de chocolate en dos semanas... todas esas eran cosas que podían soportarse hasta cierto punto. Pero viéndolo en retrospectiva, lo peor, para mí, fue la incapacidad de concentrarse, porque esto equivale a la incapacidad de leer.
Por aproximadamente tres años no pude leer. Leía, sí, muy lentamente y con errores, lo que me encargaban en la escuela, o alguna que otra novela -si es que era de lenguaje sencillo y acciones entretenidas- que aludiera a mi estado de ánimo, pero no podía LEER. Quiero decir: leer, comprender, despertar el razonamiento crítico, reflexionar, compadecerse, enfurecerse, tener en suma, una catarsis con cada renglón. Y es una gran lástima no haber podido leer cuando me sentía tan mal. ¡Cuánto bien me hubiera hecho! ¡Cuántos males hubiera podido desechar de mi cuerpo! Dicen que un libro es la mejor compañía, y creo que tienen razón. Ésto lo sabía ya pero estuve todo ese tiempo sin comprenderlo. Ahora que he retomado la lectura me siento infinitamente feliz. Siento, sobre todo, que he superado una mala racha. No sé si fue el trabajo de traductora, desempeñado ininterrupidamente por un año, el que me restauró mis habilidades de lectura a pesar de la depresión, o si puedo leer porque ya no estoy deprimida. Pero nada de eso importa. Sólo le agradezco a la Gran Literatura Universal por concedernos tanta riqueza. Qué divertidas, ingeniosas aventuras en Manuscrito encontrado en Zaragoza de Potocki, o en novelas de ciberpunk como Vurt o Manual ilustrado para señoritas, qué brutal y deliciosa pornografía en Las once mil vergas de Appollinaire. Qué inspiradora 'literatura fantástica razonada', a pesar del estilo soso, en La invención de Morel de Bioy Casares. Qué conmadre descubrir que autores mexicanos con mucho renombre en realidad no sirven; están inundados de chafez literaria que por mucho alarde que hagan de ser "literatura basura" tienen un'altro chafez que evidentemente no es intencional. Qué delicia de retorcimiento del lenguaje en Pierre or the ambiguities de Herman Melville. Quiero leer todos los libros del mundo, hasta curarme para siempre, hasta librarme de todo mal. I just hope I don't lose it on the way.
**Aprovecho este breve informe para pedirles muy amablemente a quienes he prestado mis libros (YOU KNOW WHO YOU ARE) que me los devuelvan cuanto antes, pueden enviarlos por paquetería poniendo "cobrar al destinatario" o algo así, hay pedacitos de mí repartidos en todos ellos. Podría volver a comprarlos, pero ese no es el punto: lo importante, en un libro ya leído, son los subrayados. Todo el mundo lo sabe.
Recordar: paquetería, yo lo pago.
Ramón Treviño 1908 ote.
Colonia Terminal
64580 Monterrey, N.L.
México
Tuesday, November 08, 2005
La ciudad es un tremendo foco
de infecciones.
Vivir en constante contacto con la gente
es muy insalubre.
El hombre es un animal social
pero también necesita estar solo.
Me gustaba mucho el anime de Heidi, porque vivían en una solos montaña, y sólo cada cuando bajaban al pueblo a vender quesos.
Vivir en constante contacto con la gente
es muy insalubre.
El hombre es un animal social
pero también necesita estar solo.
Me gustaba mucho el anime de Heidi, porque vivían en una solos montaña, y sólo cada cuando bajaban al pueblo a vender quesos.
Subscribe to:
Posts (Atom)