Saturday, December 10, 2005

Algo sober la muerte del doctor Treviño.

Nunca pensé que observar un cadáver maquillado, un saco ausente de piel dura, rigoris mortis, huesos encogidos y bigote mal recortado, me pudiera causar tanto impacto. Ni que el pasar todo el día en tacones y abrazando a tías diminutas y arrugadas a quienes he visto escasas tres veces en mi vida pudiera ser tan reconfortante. Tampoco imaginé que volvería a ir a misa ni que me volvería a golpear el pecho diciendo por mi culpa. O que leería ante un montón de desconocidos el salmo 22 con todas las lágrimas agolpadas en la garganta.

Lo peor de los velorios en esta cultura en la que vivo, es que parece que se tiene la costumbre de no hablar del muerto, sino consolarse por la muerte. Los intentos de consuelo son de lo más increíblemente triste que puede haber. Se dicen frases idiotas como "ya está descansando, ya está con dios", "este fue tan sólo un hasta luego, se volverán a encontrar en el cielo", "ya tienes una estrellita en el cielo, ya tienes otro angelito de la guarda que te va a cuidar, él te va a estar observando siempre", cosas idiotas que sólo me hacen llorar más, porque nada de eso es cierto y porque nadie nunca entiende nada porque nada tiene sentido. Y los estúpidos sacerdotes, que se supone representan la esperanza y el consuelo del pueblo, el contacto entre lo divino y lo humano, la misericordia hecha persona, ni siquiera tienen la decencia de pronunciar bien el nombre del muerto en la lista, mucho menos de dedicar algunas palabras de consuelo a la fila de personas vestidas de negro, sollozando. Sólo recargan sus manos choncas sobre su vientre abultado, y hablan de pendejadas que ni siquiera se relacionan con el evangelio.

Todo es estúpido.

Liquidar el costo del hospital, sacar la cartera cinco minutos después de la muerte, y seguir durante horas, arreglando todos los trámites, especificar los detalles del servicio, cremación o entierro, el color del ataúd, para el certificado de defunción se necesita un acta original de nacimiento y otra de matrimonio, avisar a los parientes, pero no a los muy susceptibles, quién va a arreglar lo del banco, llamar por teléfono, comprar una camisa, debe o no el cuerpo llevar ropa interior, firme aquí, se necesitan cinco horas para preparar el cuerpo, a qué hora desea que se termine, quién recogerá a quién, si alguien desea estar presente al momento en que el ataúd ingrese al horno puede hacerlo pero no se recomienda pues es un momento muy fuerte, de preferencia que lo haga un varón.

El mundo real es obsceno. Atados a la tierra e inundados por las naderías de la vida cotidiana, no existe respeto por la vida, ni por la muerte.

Aunque, con la vista obnubilada con lágrimas, parecía estar ahí sólo recostado suavemente en la bonita tela blanca que recubría el interior de la caja, parecía que en cualquier momento podría abrir los ojos y levantarse y decir: por qué lloran, hombre, como si no supieran que los Treviño tenemos muy buen sueño.

Monday, November 28, 2005

Odio la psicología:

me parece excesivamente primigenia y un tanto miope. Pero debo admitir que su explicación de algunas cosas me parece bastante plausible. Una de estas cosas es la depresión como enfermedad.

Aunque yo reconocí en mí misma muchos síntomas de la depresión explicados en libros de psicología de sanbornos, nunca se me diagnosticó formalmente, por lo que probablemente nunca fue/es nada grave. No se sintió así, claro está. El insomnio persistente, el cansancio crónico, la falta de alegría/tristeza, la manía de embrollarse en relaciones amorosas dudosas tratando de rellenar el vació existencial, sentirse muy bien y luego de golpe muy mal, comerse tres kilos de chocolate en dos semanas... todas esas eran cosas que podían soportarse hasta cierto punto. Pero viéndolo en retrospectiva, lo peor, para mí, fue la incapacidad de concentrarse, porque esto equivale a la incapacidad de leer.

Por aproximadamente tres años no pude leer. Leía, sí, muy lentamente y con errores, lo que me encargaban en la escuela, o alguna que otra novela -si es que era de lenguaje sencillo y acciones entretenidas- que aludiera a mi estado de ánimo, pero no podía LEER. Quiero decir: leer, comprender, despertar el razonamiento crítico, reflexionar, compadecerse, enfurecerse, tener en suma, una catarsis con cada renglón. Y es una gran lástima no haber podido leer cuando me sentía tan mal. ¡Cuánto bien me hubiera hecho! ¡Cuántos males hubiera podido desechar de mi cuerpo! Dicen que un libro es la mejor compañía, y creo que tienen razón. Ésto lo sabía ya pero estuve todo ese tiempo sin comprenderlo. Ahora que he retomado la lectura me siento infinitamente feliz. Siento, sobre todo, que he superado una mala racha. No sé si fue el trabajo de traductora, desempeñado ininterrupidamente por un año, el que me restauró mis habilidades de lectura a pesar de la depresión, o si puedo leer porque ya no estoy deprimida. Pero nada de eso importa. Sólo le agradezco a la Gran Literatura Universal por concedernos tanta riqueza. Qué divertidas, ingeniosas aventuras en Manuscrito encontrado en Zaragoza de Potocki, o en novelas de ciberpunk como Vurt o Manual ilustrado para señoritas, qué brutal y deliciosa pornografía en Las once mil vergas de Appollinaire. Qué inspiradora 'literatura fantástica razonada', a pesar del estilo soso, en La invención de Morel de Bioy Casares. Qué conmadre descubrir que autores mexicanos con mucho renombre en realidad no sirven; están inundados de chafez literaria que por mucho alarde que hagan de ser "literatura basura" tienen un'altro chafez que evidentemente no es intencional. Qué delicia de retorcimiento del lenguaje en Pierre or the ambiguities de Herman Melville. Quiero leer todos los libros del mundo, hasta curarme para siempre, hasta librarme de todo mal. I just hope I don't lose it on the way.



**Aprovecho este breve informe para pedirles muy amablemente a quienes he prestado mis libros (YOU KNOW WHO YOU ARE) que me los devuelvan cuanto antes, pueden enviarlos por paquetería poniendo "cobrar al destinatario" o algo así, hay pedacitos de mí repartidos en todos ellos. Podría volver a comprarlos, pero ese no es el punto: lo importante, en un libro ya leído, son los subrayados. Todo el mundo lo sabe.

Recordar: paquetería, yo lo pago.

Ramón Treviño 1908 ote.
Colonia Terminal
64580 Monterrey, N.L.
México

Tuesday, November 08, 2005

La ciudad es un tremendo foco

de infecciones.
Vivir en constante contacto con la gente
es muy insalubre.
El hombre es un animal social
pero también necesita estar solo.

Me gustaba mucho el anime de Heidi, porque vivían en una solos montaña, y sólo cada cuando bajaban al pueblo a vender quesos.

Thursday, November 03, 2005

Years from now, years and years,

i'll be back--me and my nine brazilian brats. they'll be dark like josé, of course, but they'll have bright green, beautiful eyes. i'll bring them back, all right, because they must see this. oh, i love new york.

-then why are you leaving? what's in it for you anyway?

-look, i know what you're thinking, and i don't blame you. i've always thrown out such a jazzy line, but really, except for doc and yourself, josé's my first nonrat romance. not that he's my idea of the absolute finito. he's too prim and cautious to be my absolute ideal. now, if i could choose from anybody alive, i wouldn't pick jose. nero, maybe, or albert schweitzer... or leonard bernstein. but i am mad about josé. i honestly think i'd give up smoking if he asked me.

(De Breakfast at Tiffany's)

Tuesday, October 25, 2005

Esta semana no iré a trabajar.

Es uno de los lujos más chidos que me he dado este año. Todo el día para trabajar en mis proyectos, para ir a correr, comer frutas, hacer de todo.

Para estar sola, que es algo que ya casi nunca pasa.