Monday, January 16, 2006

:)

Compré una bici. Es roja y pequeña y me espera en mi lavandería. Le da un aire pueril a mi hogar, me hace sentir más joven. Qué pendejada porque SOY joven, pero no me sentía así hasta hace algunos días.

Últimamente he estado posteando cosas muy sentimentales. Ya volveremos a lo teórico. Paciencia.

Tuesday, January 03, 2006

Deaths always come in threes,

or even in twos, pero nunca solas, decía mi abuela, tan supersticiosa siempre. A la muerte suya siguió la misteriosa muerte de un pajarillo kingfisher cuyo cadáver sospechamos fue depositado en la sala por el fantasma de mi abuelo, un pequeño amuleto para nosotros. Y tía Lola con las cuerdas vocales destruidas pero magnánima y con una bufanda blanca que la hacía parecer la cabeza de la mafia italiana. Y qué carajos debo pensar cuando un tipo de hace 9 años todavía muestra interés en coger conmigo. Me da curiosidad verlos walking down the aisles or standing in the queue at Costco like a happy old, ever-self-absorbing couple.

Me hubiera gustado ir a California en carro. Porque a veces pienso que europa es, como decía Joni Mitchell, too cold and old and settled in its ways, and i'd like to come home to California aunque nunca he ido ahí.

Pero más que nada tenía ganas porque ahora casi siempre tengo ganas de ir a cualquier lado en carro, especialmente si está especialmente lejos. Lástima que todavía no reúno el coraje de mandar todo olímpicamente al demonio, o mínimo para hacer cosas sin planearlas meticulosamente con meses de antelación, balanceando las causas y las consecuencias, las metas, los beneficios y los riesgos. Oh but will you take me as I am, strung out on another man?

Monday, December 12, 2005

Creí que la era de los anónimos comments ofensivos había terminado,

pero obviamente hay gente que no se recupera nunca de sí misma. Así que adiós a los comments nuevamente. Si alguien tiene algo que decirme puede venir a mi casa a decírmelo en mi cara; de otro modo, pueden irse al reverendo carajo.

Saturday, December 10, 2005

Algo sober la muerte del doctor Treviño.

Nunca pensé que observar un cadáver maquillado, un saco ausente de piel dura, rigoris mortis, huesos encogidos y bigote mal recortado, me pudiera causar tanto impacto. Ni que el pasar todo el día en tacones y abrazando a tías diminutas y arrugadas a quienes he visto escasas tres veces en mi vida pudiera ser tan reconfortante. Tampoco imaginé que volvería a ir a misa ni que me volvería a golpear el pecho diciendo por mi culpa. O que leería ante un montón de desconocidos el salmo 22 con todas las lágrimas agolpadas en la garganta.

Lo peor de los velorios en esta cultura en la que vivo, es que parece que se tiene la costumbre de no hablar del muerto, sino consolarse por la muerte. Los intentos de consuelo son de lo más increíblemente triste que puede haber. Se dicen frases idiotas como "ya está descansando, ya está con dios", "este fue tan sólo un hasta luego, se volverán a encontrar en el cielo", "ya tienes una estrellita en el cielo, ya tienes otro angelito de la guarda que te va a cuidar, él te va a estar observando siempre", cosas idiotas que sólo me hacen llorar más, porque nada de eso es cierto y porque nadie nunca entiende nada porque nada tiene sentido. Y los estúpidos sacerdotes, que se supone representan la esperanza y el consuelo del pueblo, el contacto entre lo divino y lo humano, la misericordia hecha persona, ni siquiera tienen la decencia de pronunciar bien el nombre del muerto en la lista, mucho menos de dedicar algunas palabras de consuelo a la fila de personas vestidas de negro, sollozando. Sólo recargan sus manos choncas sobre su vientre abultado, y hablan de pendejadas que ni siquiera se relacionan con el evangelio.

Todo es estúpido.

Liquidar el costo del hospital, sacar la cartera cinco minutos después de la muerte, y seguir durante horas, arreglando todos los trámites, especificar los detalles del servicio, cremación o entierro, el color del ataúd, para el certificado de defunción se necesita un acta original de nacimiento y otra de matrimonio, avisar a los parientes, pero no a los muy susceptibles, quién va a arreglar lo del banco, llamar por teléfono, comprar una camisa, debe o no el cuerpo llevar ropa interior, firme aquí, se necesitan cinco horas para preparar el cuerpo, a qué hora desea que se termine, quién recogerá a quién, si alguien desea estar presente al momento en que el ataúd ingrese al horno puede hacerlo pero no se recomienda pues es un momento muy fuerte, de preferencia que lo haga un varón.

El mundo real es obsceno. Atados a la tierra e inundados por las naderías de la vida cotidiana, no existe respeto por la vida, ni por la muerte.

Aunque, con la vista obnubilada con lágrimas, parecía estar ahí sólo recostado suavemente en la bonita tela blanca que recubría el interior de la caja, parecía que en cualquier momento podría abrir los ojos y levantarse y decir: por qué lloran, hombre, como si no supieran que los Treviño tenemos muy buen sueño.