pero verdaderamente honesta, tendría que decir que, al principio, el hecho de no tener nada más que una cubeta llena de escombros y un zapato verde me asustaba mucho. Hoy es un consuelo, dulce memoria que le da sentido a casi todo.
Y sin embargo, no puedo negar que en numerosas ocasiones he querido llamarte por teléfono: cómo estás, qué tal la familia, el trabajo, ¿no quieres hacerme el amor? anda, una vez y ya, una no es ninguna, la puntita nomás, verás que te va a gustar. O amarrar listones en tus ladrillos y formar una red celeste, incrustada de cerezas, para atraparte cuando salieras de casa por la mañana, cargando tu maletín y tu café.
Pero es triste cómo me engaño a mí misma.
Ojalá me perdones algún día.
si
ReplyDeleterecuerdo ese zapato
Yo no.
ReplyDeleteYo no recuerdo ningún zapato.
Pero me apunto.
Yo siempre estaré dispuesto para ti.
Te quiero,
Òudi.
y tu dices cuando nos vemos
waw...esa sí que es una bella disculpa...oajla te perdone, saludos!
ReplyDelete