La historia de Monterrey es extremadamente chistosa. No tiene nada de aburrido, por mucho que los maestros de primaria se hayan esforzado en hacérmelo creer.
Quiero saber qué pasaba por la mente de Luis de Carvajal cuando decidió venir a la Nueva España y fundar en el Valle de la Extremadura una población de nombre Villa de San Luis Rey de Francia.
¿Quiso ser feliz en su propia demencia, convenciéndose a sí mismo de que no era un ex-comercializador de esclavos sino un santo y el mismísimo rey de Francia? ¿Que no estaba conquistando una árida tierra de indios nómadas* y violentos, sino que esta era su propia villa privada para pasar vacaciones? Porque hasta los santos y los reyes de Francia necesitan vacaciones, ¿no?
¿O tal vez creyó que entre más ostentoso el nombre, mejor nos iba a ir?
¿Y qué pedo con el padre Mier, (gran orador, poeta, defensor de los ideales de la Independencia de México, prófugo de la justicia internacional, evasor de la Santa Inquisición, gran enemigo de Iturbide, única momia en Santo Domingo enterrada de pie) cuando proclamó que era descendiente de Moctezuma? Y todo para que luego la casa donde nació se haya convertido en un Sanborns...
Nosotros no teníamos pirámides para abandonarlas y reconstruirlas cada 52 años. Pero ese síntoma de abandonar lo poco que se ha hecho para volver a empezar también se encuentra aquí.
Cada pueblo que se fundaba se abandonaba y se volvía a fundar con otro nombre. Se encontraban las ruinas y se volvía a construir sobre ellas, y empezaba el ciclo otra vez. Claro, la historia le ha podido echar la culpa a los chichimecas**, que jamás se pusieron amistosos con los españoles, y éstos tenían que salir huyendo de sus casas cada ocho años, cuando los indios se sublevaban. Esta siempre fue una tierra de guerra viva: por eso no se podía avanzar culturalmente, dicen los libros.
¿Pero qué hay del siglo XIX en adelante, después de que todas las tribus indígenas acabaron por extinguirse? Parecía que los neoleoneses ya estaban impuestos a hacer guerra y no avanzar culturalmente.
Apenas se independizó México junto con Nuevo León como estado mexicano, los neoleoneses decidieron que era mejor gastar su energía en constituir un país independiente. Los dominaron. Se independizaron otra vez. Y cuando al fin se apaciguaron, las poquísimas escuelas/intento de universidades que lograba establecer el clero, en donde se enseñaban leyes y filosofía, eran derrumbadas por un gobierno que alegaba que la educación debía ser laica, pero que no hacía mucho por proporcionarla. Así que volvían a empezar desde cero, y no hubo una universidad real sino hasta 1930 y tantos. Y apenas tenía como 30 años de haberse consolidado la educación superior, cuando los estudiantes agarraron modas comunistas tardías y se pusieron a protestar (con violencia, no faltaba más), destrozando cosas en vez de ponerse a estudiar.
Y esa tradición de derrumbar lo poco que se tiene y empezar otra vez continúa hasta nuestros días. Derrumbar el Cine Elizondo para construir la Macroplaza. Derrumbar el Centro Cultural Santa Lucía para construir un paseo que conecte la Macroplaza con Fundidora. Tirar recursos por la borda para dar la bienvenida a un Fórum de las culturas. Supongo que otra gente más instruida que yo puede citar miles de ejemplos similares.
¿Tal vez en una tierra de guerra viva es imposible permanecer apegados al pasado?
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*En realidad no eran nómadas, según explica Israel Cavazos Garza, el cronista Alonso de León, y el arqueólogo que nos guió por Boca de Potrerillos. Los "chichimecas" se movían en ciclos, y sus territorios con respecto a los de otras tribus estaban perfectamente delimitados. De hecho, en ellos no encuentro este patrón de abandonar-reconstruir. Abandonaban pero no había nada que reconstruir. Abandonaban sus piedras talladas, sus raspadores y morteros, sus hornos y todas las cosas que no podían cargar, para moverse a donde, según la estación del año, sabían que iban a encontrar comida, pero siempre volvían al lugar de origen y seguían haciendo uso de sus herramientas "abandonadas". No es que quiera ponerme estúpidamente nacionalista, pero creo que, en algunas cosas, ellos eran verdaderamente prácticos.
**No se llamaban chichimecas en realidad. Ese es un término genérico para designar a cientos de tribus distintos cuyos nombres originales en realidad no conocemos, pero que los españoles llamaron cosas locochonas como borrados, comepescados, pames, janambres, pasitas, cadimas, aguaceros, malincheños, guachichiles, tobosos, malnombres, etc.
pues yo no sé nada de esto, pero supongo que en alguna época cuando el río santa catarina llevaba agua limpia en todo su ancho, y los cerros estaban sin casas, ha de haber sido un valle hermoso para quedarse mucho tiempo
ReplyDeletelo más chistoso es que yo nunca relacioné las fechas de aniversario de la fundación con las actuales. así de mala soy para recordar cumpleaños. pero tal vez mi subconsciente sí lo recordó y por eso me puse a escribir todo eso, como una especie de homenaje medio kitsch.
ReplyDeleteYo no me acordé del aniversario sino hasta unos días después. No me acordé cuando vi cohetes en el cielo. Ni porque le ayudé a mi hermanita a hacer un trabajo acerca de ciudades de México y sus fundadores unos días antes de el aniversario...
ReplyDeleteIrremediablemente olvidadizo. :D
Lo curioso es que lo que se conoce como Monterrey hoy en día había sido fundado dos veces antes. La tercera fue la vencida.