Entré a trabajar y de repente habían pasado dos meses.
Encontré una cajetilla de Malboro Light en mi casa. Estoy segura de que yo la compré, pero no recuerdo cuándo se me ocurrió que yo necesitaba una cajetilla de cigarros, y debió ser un momento muy particular porque nunca compro.
Dejando eso a un lado, ayer encontré, en las escaleras, unos pedazos de papel de baño ensangrentados. Los examiné. Me examiné. Yo no tenía ninguna cortada, y no era el mismo tipo de papel de baño que yo tengo en mi casa. Más aún, nadie ha visitado mi casa últimamente. La conclusión lógica sería que el gato se los trajo de la calle, pero no tenían arañaduras de gato y mis escalofríos me han obligado a mantener cerradas las ventanas.
Cuando toco sus hombros morenos, sin querer (queriendo), al ajustarle la etiqueta del brassier, cumpliendo cabalmente mi obligación de amiga cuando una etiqueta de brassier quiere ver cómo es el mundo, me doy cuenta de una química vertiginosa, hasta entonces entumecida por los años. Ella está borracha, y me invita a quedarme a dormir. Más tarde, el imbécil que tiene como amante se pone panza arriba para que lo soben, igualito que mi gato. Cuando despierto, son las once de la mañana y estoy en mi casa. Eso mismo fue lo último que dije en mi sueño, justo antes de despertar.
ash, las mujeres y la química. nunca las juntes a menos de que haya una regadera de emergencia cerca.
ReplyDelete:D
ReplyDeleteBesos,
Òudi-Ló
Madrid es genial. Debes regresar. Los planos me han servido muchísimo. Hice algunas pruebas antes de salir la primera vez. Al final del día ya era un extranjero ilegal más subiendo en la línea 1 e intercambiando en la línea 3 sin ningún problema.
Besos,
Òudi-Ló repetido es más rico