Con mis botas de montaña y rodillas de cabrito ensarnecido, voy haciendo chillar la nieve bajo mis pies, resbalo un poco, casi patino y no me duele, no, que te hayas ido, papá, cebolla, malo, amargo, nada, nada, nada.
Y arribo a la buhardilla de Ma bohème friend, quien borracho de vino me muestra una marioneta, triste, triste: gli occhi, me canta con su triste tesitura. Y las perlas se alinean en su cuello como para chuparle la sangre. Y en el fondo de mi vientre muje un tiranosaurio mientras miramos el grafiti desfilar por la posguerra. Un kilo de tofu, una mancuerna, diez o doce panfletos de poes♂a, que me los guardo, bien doblados, en el bies de la escalera.
A veces la falta de lucidez te hace ser incapaz de leer un mapa.
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