Monday, November 29, 2004

Hoy no tengo tiempo de escribir ideas incendiarias. Pero aun no se me acaban, no os preocupéis.

Sólo quería contar que me gusta cuando gente del pasado se aparece de la nada y te recuerda qué era lo que hacía que las quisieras en primer lugar, antes de que se separaran o que dejaran de entenderse.
Como cuando Hobbes me lleva a pasear por la carretera nacional sólo porque le planteé mi eterna interrogante de qué es lo que nos contiene en nuestra ciudad, si las carreteras están ahí y están abiertas; nadie te pide pasaporte ni tienes que atravesar ningún muro. Sólo es cuestión de que le sigas por Garza Sada derecho, derecho sin regresar, le dije, y él le siguió.
O como cuando Nat viene por mí a mi casa y me lleva a prepararle chiles en nogada a sus amigos, a toda esa camada de amigos que se armó ella sola, mientras yo no estaba, y que tanto se parecen a ella.
O cuando viene a mi casa en la madrugada y me cuenta cómo le gana a los señores en los debates, y su padre sigue teniendo la pesadilla de los alacranes.

Tal vez en unos 10 o 12 años, regresen también los que he perdido recientemente. Eso me haría muy feliz. Aunque en el fondo sé que es imposible.

Querido Santa: de regalo de navidad quiero ya no tener enemigos.

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