Sólo quería contar que me gusta cuando gente del pasado se aparece de la nada y te recuerda qué era lo que hacía que las quisieras en primer lugar, antes de que se separaran o que dejaran de entenderse.
Como cuando Hobbes me lleva a pasear por la carretera nacional sólo porque le planteé mi eterna interrogante de qué es lo que nos contiene en nuestra ciudad, si las carreteras están ahí y están abiertas; nadie te pide pasaporte ni tienes que atravesar ningún muro. Sólo es cuestión de que le sigas por Garza Sada derecho, derecho sin regresar, le dije, y él le siguió.
O como cuando Nat viene por mí a mi casa y me lleva a prepararle chiles en nogada a sus amigos, a toda esa camada de amigos que se armó ella sola, mientras yo no estaba, y que tanto se parecen a ella.
O cuando viene a mi casa en la madrugada y me cuenta cómo le gana a los señores en los debates, y su padre sigue teniendo la pesadilla de los alacranes.
Tal vez en unos 10 o 12 años, regresen también los que he perdido recientemente. Eso me haría muy feliz. Aunque en el fondo sé que es imposible.
Querido Santa: de regalo de navidad quiero ya no tener enemigos.
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